Creando el Dominican Dream

Por OMAR FERNANDEZ

Cada año celebramos los miles de millones de dólares que nuestros compatriotas residentes en el exterior envían a la República Dominicana. Solo entre enero y septiembre de 2026, las remesas alcanzaron los US$9,489.8 millones, según el Banco Central, con una proyección de US$12,600 millones al cierre del año.

Estos recursos representan una fuente fundamental de ingresos para cientos de miles de hogares y constituyen uno de los pilares de nuestra estabilidad económica. Sin embargo, detrás de esas cifras existe una realidad mucho más amplia que pocas veces ocupa el lugar que merece en la conversación nacional.

UNA COMUNIDAD QUE EMPRENDE, INNOVA Y NO DEJA DE SOÑAR

La diáspora dominicana es mucho más que una fuente de remesas. Es una comunidad de millones de personas que, desde distintas partes del mundo, trabaja, emprende, estudia e innova y no deja de soñar.

Son dominicanos que han logrado destacarse en universidades, empresas, hospitales, medios de comunicación, el deporte, la política, el cine, el teatro y otras expresiones del arte y espacios de toma de decisiones, llevando consigo una identidad que no desaparece por el simple hecho de cruzar nuestras fronteras.

Durante décadas, miles de dominicanos encontraron fuera de su tierra oportunidades que aquí no pudieron alcanzar. Algunos partieron por necesidad económica; otros, buscando mejores condiciones de seguridad, educación o desarrollo profesional. Sus historias son diferentes, pero comparten un vínculo que permanece vivo con el país que los vio nacer y no dejan de soñar con verlo mejor. Ya sea que decidan quedarse en la ciudad que les acogió o que prefieran regresar, su casa siempre será República Dominicana.

DE LA REMESA AL PATRIMONIO

Las remesas cumplen una función esencial en la vida cotidiana de miles de familias dominicanas. Con ellas se financian alimentos, medicamentos, educación y otras necesidades fundamentales. Pero también debemos procurar que una parte de esos recursos, cuando las circunstancias lo permitan, pueda transformarse en ahorro, inversión productiva, emprendimientos y patrimonio familiar. No se trata de restarle importancia a su función social, sino de ampliar las oportunidades que pueden generar.

Precisamente, como presidente de la Comisión Permanente de Dominicanos Residentes en el Exterior del Senado de la República, he venido impulsando un proyecto de ley de repatriación segura de capitales, orientado a brindar facilidades para que nuestros compatriotas puedan traer e invertir sus recursos en su país, con garantías.

Entre las facilidades que propongo está conceder incentivos impositivos que promuevan esas inversiones, incluyendo la adquisición de viviendas y otras iniciativas que contribuyan a la generación de riqueza y oportunidades para ellos mismos y sus familiares, y con ello a toda la economía.

EL TALENTO QUE ESTAMOS DEJANDO PASAR

Nuestra relación con los dominicanos en el exterior no puede limitarse al reconocimiento de sus aportes económicos, los servicios consulares o su participación electoral. Debemos reconocer también el enorme potencial de una comunidad que ha acumulado conocimientos, experiencias, capital y relaciones internacionales.

Pensemos en los profesionales dominicanos que trabajan en sectores de alta especialización, en los empresarios que conocen mercados internacionales o en los jóvenes formados en prestigiosas universidades. ¿Cuántas oportunidades estamos dejando pasar por no contar con mecanismos efectivos que conecten ese talento con las necesidades de nuestro país?

La respuesta no puede limitarse a crear nuevas oficinas públicas, multiplicar estructuras burocráticas o anunciar programas que desaparecen con cada cambio de administración. Necesitamos facilitar esas conexiones, promover redes profesionales, estimular la inversión productiva y reducir las trabas que enfrentan quienes desean emprender en su país de origen.

CONSTRUIR UN PAÍS PARA VOLVER

Pero también debemos generar las condiciones para que quienes un día partieron encuentren oportunidades reales de regresar, establecerse y volver a hacer de la República Dominicana su primer hogar.

Nuestra aspiración debe ser construir un país donde regresar no represente un sacrificio de las oportunidades conquistadas en el exterior, sino la posibilidad de encontrar otras iguales o mejores. Un país con seguridad, estabilidad, servicios públicos de calidad, libertad económica y condiciones favorables para invertir, emprender y prosperar. Que quienes decidan volver encuentren razones suficientes para quedarse e inspiren a otros compatriotas y extranjeros a desarrollar aquí sus proyectos de vida.

Cada dominicano que alcanza una posición de relevancia en el extranjero puede convertirse en un puente para nuestras exportaciones, nuestro turismo, nuestras inversiones y nuestra proyección internacional. Ese capital de relaciones, construido durante generaciones, tiene un valor que difícilmente puede medirse en dólares.

Reconocer a nuestra diáspora no significa únicamente agradecerle lo que envía, sino comprender todo lo que representa.

La República Dominicana del futuro no se construirá exclusivamente dentro de sus fronteras. También dependerá de nuestra capacidad para integrar el talento, las experiencias y las oportunidades de quienes, aun viviendo lejos, mantienen intacto su compromiso con esta tierra.

Porque nuestros compatriotas en el exterior no son simplemente dominicanos que se fueron. Son dominicanos que, desde lejos, también siguen construyendo su país. Aquí empezamos a crear el Dominican Dream.

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