Tensión con Irán se encamina a nueva fase tras elecciones EU

WASHINGTON.- La reanudación de la confrontación armada a gran escala entre Estados Unidos e Irán aparece cada vez más probable después de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, mientras las negociaciones entre ambas partes permanecen estancadas y se refuerza el despliegue militar estadounidense en la región.

Donald Trump ha reconocido públicamente que no lanzará ataques a gran escala antes de los comicios, pero no descarta nuevas ofensivas inmediatamente después. Según reportes de The Wall Street Journal y The Atlantic citados esta semana, la administración solicitó al Comando Central opciones de ataque y prevé el envío de un segundo grupo de portaaviones y una unidad expedicionaria adicional de Marines a Medio Oriente.

En declaraciones en Dallas, en el marco de la convención republicana previa a las legislativas, Trump afirmó: «Creo que la guerra terminará inmediatamente después de las elecciones porque ya no pueden aguantar más. Están desesperados por intentar influir en las elecciones». El mandatario vinculó el objetivo de la operación, iniciada el 28 de febrero, a impedir que Irán obtenga un arma nuclear y pronosticó una caída de los precios del petróleo y la gasolina tras el fin del conflicto.

EXPANSIÓN GEOGRÁFICA DEL CONFLICTO

Fuentes citadas por Reuters señalan que Teherán prepara una respuesta más amplia que incluiría objetivos más allá de activos directamente vinculados a EE.UU., y que abarcaría a países que apoyan las operaciones militares estadounidenses, con posible alcance fuera de Oriente Medio.

Desde el regreso del presidente Masud Pezeshkian de Nueva York tras la Asamblea General de la ONU, comandantes y altos cargos iraníes habrían centrado sus deliberaciones en el alcance y el momento de una eventual respuesta. Según la agencia, Teherán ordenó a grupos aliados en Líbano, Yemen e Irak mantenerse preparados ante una nueva ofensiva estadounidense a gran escala.

INFRAESTRUCTURAS CRÍTICAS EN LA MIRA

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaei, advirtió que en caso de ataque estadounidense podrían convertirse en objetivo activos valorados en 2 billones de dólares, incluidos sistemas de datos e infraestructura de inteligencia artificial.

«El pulso de la economía estadounidense en esta región pasa por nuestra parte del mundo. Todavía no hemos incluido estos activos entre nuestros objetivos. Pero, si estalla una guerra, muchos de estos cables, centros de datos, instalaciones de inteligencia artificial y otros numerosos emplazamientos serán destruidos», afirmó.

Irán ya había advertido que los cables de fibra óptica que discurren por el fondo del estrecho de Ormuz podrían ser objetivo. Esas infraestructuras conectan la región con la red digital mundial y canalizan parte significativa de transacciones financieras internacionales.

El analista Alan Mauldin, director de investigación de TeleGeography, citado por RT, señaló que un ataque a esa red podría desencadenar una «catástrofe digital» en cadena, afectando la conectividad y los sistemas bancarios de los países del golfo Pérsico, ralentizando operaciones entre Europa y Asia y provocando cortes en zonas de África oriental. Los riesgos aumentarían si los hutíes replicaran acciones similares en el mar Rojo.

CENTROS DE DATOS Y ECONOMÍA DIGITAL

El Golfo se ha convertido en uno de los principales destinos de inversiones tecnológicas estadounidenses. El analista militar Serguéi Poletáyev sostuvo que un ataque tendría un efecto simbólico al golpear la cooperación entre Washington y las capitales regionales.

«Al parecer, Irán sigue teniendo capacidad para lanzar ataques contra las ciudades situadas a lo largo del golfo Pérsico, mientras que las capacidades de defensa aérea de la región se han visto considerablemente mermadas. Todas estas ciudades, incluidas Dubái, Abu Dabi, Doha, Kuwait y Manama, están alineadas a lo largo de la costa, como en una fila, por lo que resulta muy fácil atacarlas desde Irán», indicó.

REPRESALIAS ENERGÉTICAS Y DESALINIZADORAS

El experto Vali Kaleji, radicado en Teherán, considera que si Washington ataca la infraestructura energética iraní, Teherán respondería de forma simétrica, pero advierte que los ataques contra plantas desalinizadoras tendrían consecuencias más graves.

«Mientras que Irán obtiene mediante la desalinización alrededor del 3% de su suministro de agua, Israel recibe el 80% de su agua potable de tan solo cinco plantas desalinizadoras. Del mismo modo, Baréin depende de cuatro instalaciones para cubrir el 60% de su abastecimiento, y los Emiratos Árabes Unidos obtienen gran parte de sus recursos hídricos de cinco grandes plantas, incluida la de Jebel Ali», explicó.

La guerra, que ya supera los ocho meses y ha llevado los costos operativos estadounidenses a más de 45.000 millones de dólares hasta mediados de septiembre, ha elevado el Brent por encima de los 100 dólares y amenaza con condicionar el debate sobre poderes de guerra y financiamiento militar en el Congreso que surja de las elecciones de noviembre.

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