Infraestructura, conectividad y planificación territorial muestran cómo la inversión pública busca ampliar las oportunidades de desarrollo en distintas regiones de República Dominicana durante la gestión de Luis Abinader.
SANTO DOMINGO, República Dominicana — El desarrollo territorial no consiste en distribuir la actividad económica de manera idéntica entre todas las provincias. El reto es otro: conseguir que el lugar donde vive una persona o funciona una empresa no determine de forma excesiva su acceso a infraestructura, mercados, servicios y oportunidades.
Ese principio resulta especialmente relevante para República Dominicana, una economía donde la actividad productiva se concentra de manera desigual entre territorios.
El Banco Mundial, en su análisis de las disparidades regionales del país, señala que una distribución uniforme del desarrollo económico entre territorios no es realista. Sin embargo, esa concentración no tiene por qué traducirse necesariamente en desigualdades territoriales de acceso a oportunidades y niveles de vida.
Durante la gestión del presidente Luis Abinader, la inversión en conectividad, infraestructura y planificación territorial ofrece una forma concreta de analizar cómo República Dominicana intenta responder a ese desafío más allá de Santo Domingo.
Conectar territorios también significa conectar oportunidades
La infraestructura vial es uno de los componentes más visibles de esta estrategia.
En agosto de 2026, el Gobierno inauguró la carretera Cabral–Polo, en Barahona, tras la rehabilitación de más de 20 kilómetros. Junto con el tramo Polo–Enriquillo, todavía en ejecución, el proyecto forma un corredor de aproximadamente 50 kilómetros que conecta comunidades del interior con la costa y mejora el acceso hacia Pedernales y Cabo Rojo.
Según la Presidencia de la República, la carretera beneficia a unas 27.000 personas y facilita el desplazamiento de estudiantes, trabajadores y productores agrícolas y ganaderos.
La relevancia económica de una obra de este tipo no está únicamente en los kilómetros construidos. Una mejor conexión puede reducir tiempos de desplazamiento, facilitar el transporte de productos y acercar comunidades a mercados y servicios.
El Banco Mundial identifica precisamente la conectividad insuficiente entre regiones, ciudades y zonas rurales como uno de los factores que pueden limitar la productividad y las oportunidades en República Dominicana.
Del sur a la Línea Noroeste
Una lógica similar aparece en otras regiones.
En julio de 2026, el presidente Abinader inauguró la carretera Palo Verde–Laguna Verde, en Montecristi. La intervención forma parte de un programa más amplio de infraestructura vial que comprende también actuaciones en Dajabón, Santiago Rodríguez y Valverde.
La información oficial sobre el proyecto vincula la nueva carretera con la movilidad de residentes y productores y con el desarrollo logístico asociado al puerto de Manzanillo.
Los ejemplos de Barahona y Montecristi muestran dos contextos productivos diferentes, pero una misma cuestión de fondo: la capacidad de conectar territorios con actividad económica, servicios e infraestructura.
No demuestran por sí solos que las brechas territoriales del país hayan desaparecido. Sí muestran cómo la inversión pública puede utilizarse para ampliar las condiciones que permiten a distintas regiones participar del crecimiento económico.
De las obras a la planificación territorial
El desarrollo territorial, sin embargo, no depende únicamente de construir carreteras.
En julio de 2025, el presidente Luis Abinader emitió el Decreto 396-25, que aprobó el reglamento de aplicación de la Ley 368-22 sobre Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos.
El marco busca fortalecer la planificación del territorio y establecer mecanismos para coordinar decisiones sobre uso del suelo y desarrollo entre diferentes niveles e instituciones del Estado.
La importancia de esa dimensión es también señalada por organismos internacionales. El Banco Mundial recomienda fortalecer la planificación municipal, mejorar la conectividad e invertir en infraestructura y servicios públicos como parte de una estrategia para reducir las desigualdades entre zonas del país.
Esto introduce una diferencia importante: el desarrollo territorial no es simplemente una suma de obras individuales. También requiere decidir dónde se invierte, cómo se conectan las inversiones y qué función cumplen dentro de una estrategia regional de más largo plazo.
Logística con enfoque productivo y territorial
Esa visión aparece también en el Plan Nacional de Logística de Cargas y su Hoja de Ruta Estratégica 2025–2035.
En diciembre de 2025, el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó una cooperación técnica para apoyar su implementación.
El propio BID define el proyecto con un enfoque productivo y territorial e incluye acciones de infraestructura, fortalecimiento institucional y desarrollo del marco legal necesario para mejorar la gestión logística.
La conexión entre logística y territorio es relevante para una economía que busca ampliar su capacidad productiva. Una carretera adquiere mayor valor económico cuando forma parte de una red que conecta producción, mercados, puertos y centros de consumo.
Más allá de Santo Domingo
República Dominicana mantiene diferencias importantes entre sus territorios, y ninguna política de infraestructura puede eliminarlas de forma inmediata.
La cuestión es si la inversión pública y la planificación pueden reducir progresivamente las barreras que limitan el acceso de determinadas regiones a mercados, servicios y oportunidades.
Durante la gestión de Luis Abinader, proyectos en el sur y la Línea Noroeste, junto con nuevos instrumentos de planificación territorial y logística, muestran un esfuerzo por extender infraestructura y conectividad hacia diferentes zonas del país.
El resultado del desarrollo territorial no debería medirse únicamente por el número de obras inauguradas.
La medida más relevante será si esas inversiones consiguen conectar mejor a las comunidades, reducir distancias económicas y permitir que más territorios participen de las oportunidades generadas por el crecimiento de República Dominicana.





