La Cruz de Mendoza: origen histórico y memoria colonial de Santo Domingo Este

Por José Manuel Antigua Cabrera

La Cruz de Mendoza es mucho más que una intersección vial de la zona oriental de Santo Domingo Este. Representa uno de los hitos históricos más antiguos del territorio, vinculado a los límites de la antigua hacienda Mendoza y a los primeros asentamientos de los Negros Mina en San Lorenzo de los Mina, a mediados del siglo XVII.

En ese punto fronterizo entre comunidades, fue colocada una cruz, como era costumbre en los poblados coloniales, para marcar la ocupación territorial y servir a la vez como símbolo de la fe cristiana. Esta referencia aparece documentada por Amadeo Julián en su obra El contrabando de esclavos en Santo Domingo y la fuga de esclavos de la colonia francesa a la colonia española, donde destaca el valor simbólico y territorial de dichas cruces.

Si bien los Negros Mina fueron organizados formalmente en los años 1600, múltiples evidencias indican que ya habitaban la zona como cimarrones. Un proceso similar ocurrió en Mendoza, con la diferencia de que allí se consolidó una hacienda agrícola. La colocación de la cruz marcó el inicio formal de ese territorio, ubicado en la confluencia de lo que hoy son la carretera de Mendoza y la antigua carretera Mella (actual Egbert Morrison), extendiéndose hasta Sabana Larga.

Historiadores coloniales hacen referencia a la carretera Monte Grande, un antiguo camino hacia el este que posteriormente fue sustituido por la avenida Las Américas. La carretera de Mendoza, que atraviesa diagonalmente de oeste a este hasta zonas conocidas como La Grúa o San Miguel, es considerada uno de los caminos más antiguos de la colonia, junto a la carretera de Mandinga, también dentro del territorio de Mendoza.

La presencia colonial se evidencia en la construcción de pozos o norias destinados al abastecimiento de agua, tanto para labores agrícolas como domésticas. Estas infraestructuras fueron utilizadas por colonos españoles y comunidades africanas asentadas en la zona, como los Mandinga, quienes también construyeron norias que aún hoy existen dentro de propiedades privadas cercanas a la carretera de Mandinga y la urbanización Duarte. En el residencial Inés III, por la carretera de Mendoza, persiste otro pozo frente a la histórica Escuela Básica de La Grúa, con más de cien años de existencia.

La comunidad de Mandinga desarrolló una identidad propia, diferenciada de los negros de Mendoza. Según el culturológo Sucre Julián Barreras, los Mandinga —de origen Mandinká, provenientes de África occidental— eran descritos como más altos y fornidos. Su carácter rebelde les valió el mote colonial de “negros del diablo” o “tierra del diablo”, impuesto por los españoles ante la dificultad de someterlos.

En la hacienda Mendoza se cultivaban caña de azúcar y jengibre, productos que eran transportados en carretas por la carretera de Mendoza, cruzando la Cruz de Mendoza y siguiendo por la carretera Mella y José Cabrera hasta el dique del río Ozama para su embarque. El historiador José Gabriel García menciona incluso la existencia de un ingenio llamado Enjaguador en estos terrenos.

Vestigios de la actividad cañera permanecieron hasta tiempos recientes. En San Miguel de Mendoza, hacia el año 2000, aún se observaba un trapiche, mecanismo introducido desde mediados del siglo XVII con la llegada de los jesuitas españoles, a quienes el rey Felipe IV concedió extensos terrenos en la zona oriental, conocida entonces como El Tablazo o La Otra Banda.

Los jesuitas mantuvieron posesiones en El Tablazo por más de un siglo, hasta su expulsión en 1767 por orden del rey Carlos III. Posteriormente, en 1771, bajo el gobierno de Manuel Azlor y Urríes, dichas tierras fueron vendidas en grandes extensiones medidas en caballerías, según documenta José Luis Sáez, S.J., en un informe ordenado por el gobierno de Trujillo en 1950.

Este inventario revela que amplias zonas de Santo Domingo Este, incluyendo San Lorenzo de los Mina, pertenecieron a la Compañía de Jesús. Tras la venta de estas tierras, cuyos compradores no siempre quedaron registrados, los asentamientos de comunidades negras permanecieron en el territorio.

En cuanto al origen del apellido Mendoza, se remonta al linaje nobiliario de Íñigo López de Mendoza, vinculado a regiones del norte de España. A través de alianzas con la corona de Isabel la Católica, el nombre Mendoza se extendió por América, apareciendo en múltiples territorios coloniales, incluido Santo Domingo.

Durante los siglos XVII y XVIII, hacendados y comunidades negras de Mendoza y San Lorenzo de los Mina convivieron bajo supervisión colonial, aunque persistían tensiones derivadas del cimarronaje y del abandono de tierras tras las devastaciones de Osorio a inicios del siglo XVII.

Uno de los episodios más relevantes ocurrió en 1812, cuando negros libertos provenientes de San Luis se sublevaron contra la esclavitud, dando origen a la llamada Rebelión de Mojarra y Mendoza. El movimiento fue reprimido y su principal líder, Pedro Seda, fue ejecutado públicamente en la Cruz de Mendoza.

Aunque este hecho marcó profundamente la memoria colectiva, la cruz no surgió a raíz de la ejecución, pues ya existía desde la colonia temprana. Durante siglos fue centro de rituales religiosos, celebraciones del Día de la Santa Cruz (3 de mayo) y punto de paso en procesiones fúnebres hacia el cementerio de Los Mina.

Tras estos acontecimientos, el poblado y la extensa hacienda adoptaron el nombre de San José de Mendoza, en alusión a la promulgación de la Constitución de Cádiz el 19 de marzo, día de San José.

La Cruz de Mendoza permanece hoy como símbolo de fe, resistencia y memoria histórica de Santo Domingo Este.

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