Por JOSE ALVAREZ VALLEJO
Es una triste realidad que hoy tengamos que preguntarnos si el voto dominicano del exterior, una conquista por la que tantos dominicanos luchamos durante años, está en peligro de desaparecer o de ser reducido a una expresión cada vez menos significativa.
Y quienes participamos en aquella lucha tenemos hoy una responsabilidad ineludible: defender lo que conquistamos y exigir que se respete nuestra participación como dominicanos, sin importar dónde vivamos.
Como coordinador del Voto del Dominicano del Exterior en la Florida, fui testigo de los esfuerzos, sacrificios y obstáculos que tuvimos que superar para que nuestros compatriotas pudieran ejercer un derecho que nunca debió ser considerado secundario: el derecho a elegir y ser parte de las decisiones de nuestra nación.
Pero hoy tenemos que hacer una reflexión seria y, sobre todo, imparcial.
La abstención no es solamente un problema del exterior
Es cierto que el dominicano residente en el exterior enfrenta dificultades particulares para votar. Nuestra comunidad está distribuida por diferentes ciudades, estados y continentes, y en muchos casos nuestros compatriotas tienen que recorrer grandes distancias para llegar a un centro de votación.
Pero aquí aparece una realidad que no podemos ignorar:
La abstención electoral también ha sido enorme dentro de la República Dominicana, donde los centros de votación están generalmente mucho más cerca de los ciudadanos.
Esto nos obliga a mirar el problema desde otra perspectiva.
Si un ciudadano que vive en República Dominicana, muchas veces a pocos minutos de su centro de votación, decide no votar, entonces no podemos explicar toda la abstención del exterior simplemente por la distancia.
Estamos frente a un fenómeno mucho más profundo.
Hay una crisis de participación, de motivación y de confianza en el sistema político.
Y esto también demuestra una falla importante del liderazgo político y de los partidos.
Los partidos políticos tienen que hacer su trabajo.
No pueden aparecer solamente durante la campaña electoral para pedir el voto y después responsabilizar al ciudadano por no participar.
La democracia necesita educación, orientación, organización y contacto permanente con la ciudadanía.
Si queremos que la gente vote, tenemos que explicarle por qué su voto importa.
Si queremos combatir la abstención, tenemos que preguntarnos por qué la gente se está alejando de las urnas.
Y si millones de dominicanos, tanto dentro como fuera del país, están dejando de votar, la primera pregunta que debemos hacernos no es cómo eliminar al votante, sino qué estamos haciendo mal como sociedad y como clase política.
El problema del exterior sí tiene una solución
Esto no significa ignorar las dificultades particulares de la diáspora.
Al contrario.
La distancia sigue siendo un obstáculo real y debemos buscar mecanismos para superarlo.
Por eso hemos planteado durante años la necesidad de estudiar alternativas que hagan el voto más accesible.
Una de ellas es el voto por correo.
El voto por correo podría convertirse en una herramienta importante para facilitar la participación de los dominicanos residentes en el extranjero, especialmente aquellos que viven a grandes distancias de los centros de votación.
Naturalmente, tendría que implementarse con rigurosos mecanismos de identificación, seguridad, seguimiento, verificación y transparencia electoral.
No se trata de sustituir necesariamente la votación presencial.
Se trata de darle al ciudadano otra posibilidad de ejercer su derecho.
Si el problema es la distancia, acerquemos la democracia al ciudadano.
Si el problema es la dispersión geográfica de nuestra comunidad, utilicemos mecanismos que respondan a esa realidad.
No podemos exigir mayor participación mientras hacemos difícil la participación.
¿Es realmente demasiado invertir en nuestro voto?
También debemos hacernos otra pregunta:
¿Cuánto representa realmente para la República Dominicana la inversión necesaria para garantizar el derecho al voto de sus ciudadanos en el exterior?
Algunos pueden verlo como un gasto.
Yo lo veo como una inversión en ciudadanía y democracia.
Somos una diáspora que representa una enorme fuerza económica, social y familiar para la República Dominicana.
Lo demostramos con nuestras remesas.
Lo demostramos con nuestras inversiones.
Lo demostramos comprando propiedades, creando negocios, ayudando a nuestras familias y manteniendo permanentemente nuestros vínculos con la patria.
Por eso debemos poner las cosas en su justa perspectiva.
La inversión que hace la República Dominicana para garantizar la participación electoral de sus ciudadanos en el exterior es pequeña frente a lo que la diáspora representa y aporta al país.
No podemos medir nuestra importancia solamente por el número de votos depositados en una urna.
Nuestra relación con la República Dominicana es mucho más grande que eso.
No somos solamente remesas. Somos ciudadanos.
Y los ciudadanos tienen derechos, independientemente de dónde hayan decidido construir sus vidas.
Los partidos tienen una responsabilidad histórica
La baja participación electoral debe ser una llamada de atención para todos.
No solamente para la Junta Central Electoral.
No solamente para el ciudadano.
También para los partidos políticos.
Los partidos tienen recursos, estructuras, dirigentes y militantes.
Tienen la responsabilidad de educar, organizar y motivar.
No pueden desincentivar la participación y después utilizar la abstención como argumento para cuestionar la importancia del voto del exterior.
Si el ciudadano está desmotivado, hay que preguntarse por qué.
Si ha perdido confianza, hay que escuchar sus razones.
Si no conoce las propuestas de los candidatos, hay que llevarle información.
La democracia no se construye únicamente el día de las elecciones.
Se construye durante los cuatro años.
Las clases se protegen
Hay una frase que debemos recordar: “las clases se protegen.”
Y nosotros, como diáspora dominicana, también tenemos que entender que tenemos intereses comunes que debemos defender.
No se trata de apoyar a un partido determinado.
Se trata de defender nuestros derechos como dominicanos.
Podemos pensar diferente políticamente. Podemos votar por candidatos diferentes. Podemos tener ideologías distintas.
Pero debemos estar unidos en algo fundamental:
nuestro derecho a participar.
Un derecho conquistado después de tantos años de lucha no puede ser tratado como algo prescindible simplemente porque existe abstención.
La respuesta a la abstención debe ser más democracia, más educación, mejores mecanismos de participación y mayor liderazgo, no menos derechos.
Una conquista que debemos perfeccionar, no eliminar
Yo no creo que la solución sea eliminar el voto dominicano del exterior.
Creo que debemos perfeccionarlo.
Debemos estudiar el voto por correo.
Debemos analizar la distribución de los centros de votación.
Debemos mejorar la educación electoral.
Debemos actualizar y facilitar los mecanismos de inscripción.
Y, sobre todo, debemos exigir a los partidos políticos que hagan su trabajo de orientación y movilización ciudadana.
Porque si la abstención es alta tanto dentro como fuera del país, queda demostrado que estamos frente a un problema nacional.
No es simplemente un problema del dominicano que vive en el exterior.
Es una señal de que nuestra democracia necesita recuperar la confianza y la participación de sus ciudadanos.
Los que abrimos el camino tenemos también el deber de defenderlo.
Y a las nuevas generaciones de dominicanos en el exterior les corresponde comprender que la ciudadanía no termina cuando uno cruza una frontera.
Podemos vivir lejos de la República Dominicana, pero la República Dominicana sigue viviendo dentro de nosotros.
Nuestro voto es nuestra voz.
Nuestras remesas son nuestra contribución.
Nuestras inversiones son nuestro compromiso.
Y nuestra participación es nuestro derecho.
No pidamos privilegios. Exijamos respeto.
El voto dominicano del exterior no debe desaparecer.
Debe fortalecerse.
Y si algo nos ha demostrado la abstención, tanto dentro como fuera del país, es que no necesitamos menos democracia: necesitamos más liderazgo, más compromiso y mejores formas de hacer que el ciudadano vuelva a creer que su voto realmente importa.
Porque una nación que cuenta con sus hijos cuando necesita de ellos también debe contar con ellos cuando llega el momento de decidir su futuro.





