Por HECTOR RAMIREZ
Nunca he visto una valla de un candidato que diga: “Soy vago, deshonesto, incapaz y no estoy preparado para gobernar”.
Todos son trabajadores, honestos, capaces, aman al pueblo y quieren servir. Al menos, eso dicen.
Por eso, esas cualidades no bastan para diferenciarlos. La pregunta debe ser otra:
¿Por qué Carolina?
Hay una primera respuesta fundamental:
Carolina ya no es una hipótesis.
No tenemos que limitarnos a imaginar cómo gobernaría. Ya podemos examinar cómo ha ejercido el poder cuando los ciudadanos le han confiado la responsabilidad de gobernar.
No me diga solamente quién usted dice que es.
Muéstreme qué hizo cuando tuvo poder.
Carolina Mejía fue elegida alcaldesa del Distrito Nacional en 2020 con el 57.46 % de los votos. Cuatro años después, tras el inevitable escrutinio que acompaña al ejercicio del poder, fue reelegida con el 61.11 %.
Ese segundo resultado es incluso más revelador que el primero. En 2020 se votaba, en parte, por una expectativa.
En 2024 ya se votaba sobre una gestión conocida.
El SISMAP Municipal coloca al Distrito Nacional entre los gobiernos locales de mejor desempeño del país, con resultados particularmente altos en la prestación de servicios.
Fuera de nuestras fronteras, Carolina ha ocupado reiteradamente el primer lugar en el ranking de valoración positiva elaborado por la firma internacional CB Global Data entre los gobernantes de 18 capitales latinoamericanas, compitiendo Santo Domingo con las capitales de países como México, Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Costa Rica y Panamá, entre otros.
Y eso dice bastante más que cualquier adjetivo.
Al llegar a la Alcaldía, Carolina no actuó como si Santo Domingo comenzara con ella. Dio continuidad a proyectos valiosos de la administración anterior y desarrolló otros sobre esa base. En una cultura política donde quien llega muchas veces quiere borrar a quien estuvo antes, esa actitud merece atención.
Continuar lo bueno que hizo otro no disminuye a quien gobierna; engrandece el servicio público.
Las inundaciones de noviembre de 2022 expusieron crudamente las vulnerabilidades del drenaje de la ciudad. Lo importante es lo que ocurrió después: ante fenómenos posteriores se reforzaron medidas preventivas, limpieza de imbornales, coordinación de emergencias y atención a zonas vulnerables.
Porque gobernar no significa no equivocarse ni evitar todos los problemas.
También significa actuar cuando la realidad demuestra que algo debe cambiar.
Recuperar el espacio público exige recuperar aceras y áreas que pertenecen a todos, pero detrás de un vendedor informal también hay una familia. En la intervención de la avenida Duarte, la recuperación estuvo acompañada de compensaciones económicas para vendedores afectados.
Orden, pero sin olvidar a las personas sobre quienes recaen las consecuencias del orden.
Gobernar la capital obliga a entender simultáneamente a Naco y a Capotillo, al empresario y al vendedor informal.
Es una escuela particular de gobierno.
Durante meses, Carolina no había confirmado que buscaría la reelección en 2024. El Distrito Nacional era una plaza estratégica y finalmente el PRM reservó esa candidatura para ella. Carolina aceptó nuevamente el reto.
La decisión tenía un costo político personal: mientras un proyecto presidencial exigía recorrer el país y construir una plataforma nacional, la Alcaldía concentraba nuevamente su tiempo en el Distrito Nacional.
En el momento en que políticamente necesitaba más tiempo para Carolina, decidió dedicar otros cuatro años al lugar donde su partido entendió que la necesitaba.
Pudo ser inconveniente para un proyecto personal.
Resultó conveniente para el proyecto colectivo.
Su experiencia tampoco se limita a administrar una ciudad.
Durante ocho años fue secretaria general del PRM: primero, en un partido que buscaba conquistar el poder; después, en uno que debía administrar las tensiones de ejercerlo.
La Presidencia no es simplemente gerenciar el Estado; también hay que liderar el país.
Quizás ahí esté una de las diferencias más interesantes de Carolina: reúne condiciones que con frecuencia encontramos separadas: experiencia ejecutiva y política; firmeza y cercanía; capacidad para decidir y disposición para escuchar; continuidad y visión propia; orden sin perder humanidad.
Carolina fue la primera mujer elegida alcaldesa del Distrito Nacional. La República Dominicana nunca ha tenido una mujer como presidenta.
Pero ese no debe ser el argumento para elegirla.
Carolina no debe ser presidenta porque sea mujer. Si tiene las condiciones para ser presidenta, ser mujer no puede ser la razón para no serlo.
Su trayectoria, su experiencia política, su forma de ejercer el poder y sus resultados son un fiel testimonio de que posee las cualidades para convertirse en Presidenta de la República Dominicana en 2028.
Con el favor de Dios y su firme fe en esa mujer excepcional que fue María, Madre de Jesús, Carolina hará historia en 2028 convirtiéndose en la primera mujer en presidir la República Dominicana.
Por eso, cuando me preguntan “¿por qué Carolina?”, prefiero no responder con una colección de adjetivos.
Honesta. Trabajadora. Preparada. Cercana. Capaz.
Seguramente ella los reclamaría. También los reclamarán los demás.
Los hechos pueden hacerlo por nosotros.
La Biblia nos recuerda:
“Por sus frutos los conoceréis”.
Y Carolina puede ser conocida por los suyos: por su trayectoria, su gestión y sus resultados.
Porque quizás la mejor respuesta a “¿por qué Carolina?” no esté en lo que podamos decir de ella.
Está en lo que ella ya ha demostrado.





