Por JHONNY TRINIDAD
“Quien revela su posición pierde la guerra antes de comenzar”. La máxima de Sun Tzu nunca fue tan vigente en la política dominicana como hoy, frente al rechazo ciudadano al proyecto de ley que sectores de la sociedad civil han bautizado como “ley mordaza”.
El Gobierno de Luis Abinader puso sus cartas sobre la mesa demasiado pronto. Presentó un proyecto que, bajo el argumento de regular la desinformación, fue leído por periodistas, abogados, activistas y ciudadanos como un intento de controlar el discurso público. Reveló su posición. Y en política, como en la guerra, eso equivale a pintar un blanco en la propia frente.
EL ERROR TACTICO: MOSTRAR EL FLANCO
Cuando un gobierno anuncia una iniciativa que toca la libertad de expresión, no hay espacio para la ingenuidad. La reacción es predecible: desconfianza. Al exponer el proyecto sin blindaje político ni consenso previo, el oficialismo permitió que la narrativa se construyera desde la calle, no desde el Palacio. La oposición no tuvo que disparar: bastó con dejar que el rumor, la interpretación y el miedo hicieran el trabajo.
En términos militares, Abinader movió tropas a campo abierto, de día, con banderas. La sociedad civil solo tuvo que esperar y apuntar.
El rechazo no nació en el Congreso. Nació en WhatsApp, en la radio, en los editoriales, en los tweets de periodistas que recordaron que la democracia dominicana aún carga las cicatrices del silencio impuesto. El pueblo dominicano no olvidó la Era de Trujillo ni las leyes de desacato usadas para perseguir. Por eso, cuando vio un texto que podía castigar la “difusión de contenido falso”, vio también un tribunal decidiendo qué es verdad.
Y ahí se perdió la guerra antes del primer voto. Porque una ley que nace sin legitimidad social, aunque tenga mayoría legislativa, nace muerta.
LA LECCION ESTRATEGICA
Abinader ganó en 2020 y 2024 con un discurso de transparencia, institucionalidad y respeto a las libertades. Esa fue su posición más fuerte: el terreno alto. La “ley mordaza” lo obligó a bajar a un valle donde el Gobierno siempre pelea en desventaja: el de regular lo que se dice.
En comunicación política, la posición no solo es lo que propones. Es cuándo lo propones, cómo lo encuadras y a quién sumas antes de anunciarlo. El Gobierno reveló su posición sin artillería de respaldo: sin gremios periodísticos a favor, sin academia, sin una crisis de desinformación que justificara la urgencia. Entregó el mapa antes de asegurar el perímetro.
REPLEGARSE O INSISTIR
Ahora el presidente tiene dos caminos. Insistir, y convertir el proyecto en una guerra de desgaste que erosiona su capital político a dos años de terminar su mandato. O replegarse, retirar la pieza, y recuperar la iniciativa con un diálogo real sobre desinformación que no pase por el Código Penal.
La historia dominicana castiga a quien subestima el reflejo libertario del pueblo. Balaguer lo aprendió con la censura. Leonel lo entendió cuando frenó la ley de partidos en 2002. Abinader está a tiempo de recordar que en democracia, la posición más segura es la que se defiende con consenso, no con decreto.
Porque en 2026, con una sociedad hiperconectada y un periodismo vigilante, la frase es ley: quien revela su posición sin calcular el terreno, pierde la guerra antes de que comience la votación. Y a veces, pierde también la confianza que lo llevó al poder.






