viernes, julio 19, 2024
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Sanciones países occidentales para noquear a Rusia han sido fallidas

WASHINGTON.-  Apenas un mes después de la invasión de Ucrania, el presidente Joe Biden se paró en el patio de un gran castillo polaco y expuso los costos económicos punitivos que Estados Unidos y sus aliados infligían a la Rusia de Vladimir Putin.

Con un juego de palabras e inglés, entre “ruble” (rublo) y “rubble” (escombros)”, declaró que el rublo casi de inmediato se “redujo a escombros”.

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Según funcionarios estadounidenses, Rusia es ahora el país más sancionado del mundo. El rublo sí se hundió temporalmente y ha vuelto a caer en los últimos meses, pero en un año de guerra, está claro que las sanciones no tuvieron el impacto instantáneo que muchos esperaban.

El rublo se cotiza actualmente alrededor de la misma tasa de 75 por dólar que se vio en las semanas previas a la guerra, pero Rusia emplea controles de capital para apuntalar su moneda. Y a pesar de que la economía de Rusia se contrajo un 2.2% en 2022, eso estuvo muy por debajo de los pronósticos del 15% o más que habían esperado los funcionarios de Biden.

Este año, se prevé que su economía supere a la de Reino Unido, con un crecimiento del 0.3%, mientras que Gran Bretaña se enfrenta a una contracción del 0.6%, según el Fondo Monetario Internacional.

Las sanciones, impuestas en gran parte a través de órdenes ejecutivas, están destinadas a castigar a Rusia y bloquear su acceso a los sistemas financieros internacionales y las cuentas bancarias que necesita para financiar su esfuerzo bélico. Los controles de exportación también limitan su acceso a chips informáticos y otros productos necesarios para equipar a un ejército moderno.

Simultáneamente, Estados Unidos y sus aliados destinaron miles de millones de dólares para proporcionar a Ucrania armas, municiones, otra ayuda militar y asistencia financiera directa.

Más de 30 países, incluidos Estados Unidos, las naciones de la Unión Europea, Gran Bretaña, Canadá, Australia, Japón y otros —que representan más de la mitad de la economía mundial—, forman parte de este esfuerzo sin precedentes. Han impuesto topes de precios al petróleo y al diésel rusos, han congelado los fondos del Banco Central de Rusia y han restringido su acceso a SWIFT, el sistema dominante para las transacciones financieras mundiales.

Más allá de apuntar a instituciones y sectores económicos clave, Occidente ha sancionado directamente a aproximadamente 2.000 empresas rusas, funcionarios gubernamentales, oligarcas y sus familias. Las sanciones los privan del acceso a sus cuentas bancarias y los mercados financieros estadounidenses, lo que les impide hacer negocios con estadounidenses, viajar a Estados Unidos y más.

A diferencia de las sanciones a nivel nacional sobre Irán y Corea del Norte, las restricciones impuestas a Rusia han tenido como objetivo a sectores industriales, empresas e individuos específicos. Este enfoque fue diseñado para mantener el flujo de petróleo y gas natural ruso, a fin de limitar las interrupciones en la economía global en general, pero las exportaciones de hidrocarburos también permitieron a Rusia reponer sus finanzas y evitar un declive pronunciado.

Un país industrializado de su tamaño —la undécima economía más grande del mundo en 2021— nunca había enfrentado tal presión financiera. Daniel Fried, exsubsecretario de Estado para Asuntos Europeos y Eurasiáticos, admitió que “la realización de políticas de este tipo es siempre un tiro en la oscuridad”.

Fried advirtió que se busca “golpear a la economía rusa, algo que no sucede de la noche a la mañana”. Señaló que la ayuda militar a Kiev ha sido mucho más importante, ya que las tropas ucranianas se han desempeñado mejor en repeler los ataques rusos de lo que los funcionarios estadounidenses y europeos esperaban.

Surgen las diferencias

Si bien en gran medida ha existido unidad entre los gobiernos occidentales sobre la necesidad de castigar a Rusia, ha habido diferencias en los extremos a los que los países están dispuestos a llegar.

Los países europeos y asiáticos dependen más del petróleo y el gas natural rusos que Estados Unidos. Eso hizo que la prohibición de las exportaciones rusas fuera dura para la alianza y forzó compromisos que tardaron meses en forjarse.

Al final, los países acordaron en diciembre un precio tope de 60 dólares, que algunos críticos declararon que llegó demasiado tarde y que era demasiado alto como para afectar a Rusia de manera importante.

Los expertos y funcionarios de la administración Biden han dicho que ejercer una mayor presión a la baja sobre la venta de petróleo y otros productos energéticos de Rusia haría que las sanciones fueran más efectivas.

Para Marshall Billingslea, subsecretario contra el financiamiento al terrorismo del Departamento del Tesoro del gobierno del entonces presidente Donald Trump, las sanciones estaban lejos de ser a prueba de balas —infalibles— y fáciles de eludir para el Kremlin.

“Rusia ha disparado y ha abierto huecos en las sanciones de la administración”, aseguró Billingslea.

Tom Firestone, un abogado experto en sanciones, cree que se necesita más tiempo para que las sanciones tomen su curso. “Cualquiera que espere sanciones masivas el lunes y la caída del régimen ruso el martes no es razonable”, expone Firestone.

“Es una economía grande que tiene reservas grandes. Tiene una gran variedad de socios comerciales. Lo que estamos viendo y lo que dice el gobierno es que va por buen camino y ha reducido seriamente la capacidad de Rusia para operar”.

Rusia también busca lazos más profundos con países que se han negado a unirse a las sanciones. Sus exportaciones a Brasil, China, India y Turquía han aumentado al menos un 50% desde que comenzó la guerra en comparación con el año anterior, según el Servicio de Investigación del Congreso.

Cómo ha sido golpeada Rusia

“Rusia es hoy un país diferente de lo que era hace apenas un año”, sostuvo Adeyemo. Con ello, Moscú “ha renunciado a casi 30 años de progreso en términos de su política económica en el transcurso de un año”, agregó.

Pero a nivel del día a día entre los ciudadanos rusos, el panorama es mixto.

En los centros comerciales hay muchas tiendas cerradas, pero los empresarios rusos ayudan a llenar los vacíos. Una nueva empresa rusa ha creado un análogo razonablemente convincente de McDonald’s.

Algunos sectores han sufrido enormemente por las sanciones y la salida de empresas extranjeras.

El sector automotriz de Rusia, por ejemplo, ha recibido un golpe sustancial. Un análisis de mercado de la Asociación de Empresas Europeas, que las representa en Rusia, dijo que las ventas de autos nuevos en enero fueron un 63% menores que el año anterior.

No obstante, Rusia mantiene la exportación de algo de madera, aluminio y otros productos a Estados Unidos, con base en la necesidad de esos productos en el país.

Los productos rusos importados a Estados Unidos totalizaron $14,500 millones en 2022. Eso es menos del 1% de todas las importaciones de Estados Unidos y aproximadamente la mitad de los $30,000 millones importados de Rusia en 2021.

El año pasado, el Departamento de Justicia formó un grupo de trabajo para atacar las ganancias mal habidas de los oligarcas rusos, a quienes Estados Unidos considera que facilitan la guerra de Moscú contra Ucrania.

Como parte de ese esfuerzo, el Departamento ha confiscado dos yates de lujo —en Fiyi y España— que presuntamente pertenecen a oligarcas rusos. Los fiscales también han presentado cargos penales contra los oligarcas acusados de violar las sanciones, incluido Oleg Deripaska, un magnate del aluminio y socio cercano de Putin. Deripaska sigue prófugo.

¿Qué sigue?

El gobierno de Estados Unidos no ha terminado de ninguna manera. El viernes, al cumplirse un año de la invasión rusa a Ucrania, Unidos anunció una nueva serie de sanciones a empresas, bancos, productos manufacturados y personas, entre ellas las entidades que ayudaron a Rusia a evadir penalidades anteriores.

Los sectores metalúrgico y minero rusos están entre los blancos de las “sanciones más significativas hasta la fecha” aplicadas por el Departamento del Tesoro.

La medida, tomada en coordinación con los aliados del Grupo de los Siete, apuntó a 250 personas y empresas, impone bloqueos financieros a bancos, traficantes de armas y empresas tecnológicas vinculadas con la producción de armas. También apunta a presuntos evasores de sanciones en diversos países, desde Emiratos Árabes Unidos hasta Suiza.

Daniel Pickard, abogado de sanciones, dijo que es una apuesta segura que las sanciones “se seguirán usando con mayor frecuencia en este gobierno y otras administraciones. Le permiten al presidente tomar medidas sin tener que consultar al Congreso y pueden ajustarse según los acontecimientos cambiantes sobre el terreno”.

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