RD se encuentra en una encrucijada monetaria

Por LUIS MARIA RUIZ POU

En el tablero financiero internacional, cada movimiento de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) se convierte en un eco que resuena en las economías periféricas. La reciente decisión de mantener las tasas de referencia en torno al 4 % y la oferta de certificados de depósito (CDs) con rendimientos fijos entre 4.25 % y 4.30 % anual, ha encendido las alarmas en países como la República Dominicana, donde las tasas pasivas bancarias rondan apenas entre el 8 % y el 9 % en moneda local. El diferencial, que antes parecía suficiente para retener capitales, se estrecha peligrosamente cuando se ajusta por tipo de cambio y riesgo percibido.

La fuga de capitales no es un fenómeno abstracto: implica la salida masiva de recursos financieros hacia mercados considerados más seguros o rentables. En este caso, los inversionistas dominicanos podrían optar por trasladar sus depósitos hacia bancos estadounidenses, atraídos por la estabilidad del dólar y la certidumbre contractual de los instrumentos financieros norteamericanos. El resultado inmediato sería una presión sobre la balanza de pagos, un aumento en la demanda de divisas y, por ende, una depreciación del peso dominicano.

El Banco Central enfrenta un dilema clásico: subir la tasa de política monetaria para preservar el atractivo de los activos en pesos, o mantenerla estable para no encarecer el crédito interno y frenar la inversión productiva. Un ajuste de 25 puntos básicos —de 5.25 % a 5.50 %— podría ser suficiente para enviar una señal de defensa del peso, pero no resolvería el problema estructural: la dependencia de capitales volátiles y la vulnerabilidad frente a decisiones externas.

La historia económica enseña que las fugas de capital suelen ser más rápidas que las respuestas institucionales. Basta un cambio en las expectativas para que los inversionistas reorientan sus portafolios hacia activos en dólares, dejando atrás depósitos en moneda local. El riesgo se amplifica en un contexto de inflación importada, donde un dólar más caro encarece combustibles, alimentos y materias primas, erosionando el poder adquisitivo de los hogares y aumentando la presión social.

La estrategia más prudente para los inversionistas dominicanos es diversificar: mantener posiciones en pesos a plazos cortos para conservar liquidez, y al mismo tiempo asegurar parte de sus ahorros en dólares, aprovechando los rendimientos fijos de los CDs en EE. UU. Para el Estado, la tarea es más compleja: fortalecer la confianza en la economía local, garantizar estabilidad cambiaria y evitar que la percepción de riesgo se convierta en profecía autocumplida.

Fuga de capitales

En conclusión, la República Dominicana se encuentra en una encrucijada monetaria. Si no ajusta sus tasas, el diferencial con EE. UU. se estrechará y aumentará el riesgo de fuga de capitales; si las sube demasiado, encarecerá el crédito y frenará la inversión. El equilibrio será delicado, pero inevitable. La defensa del peso exige un ajuste monetario oportuno y una política económica firme, pues de lo contrario, los ahorros dominicanos podrían terminar alimentando los balances de los bancos norteamericanos.

Ignorar este fenómeno sería abrir la puerta a una crisis cambiaria silenciosa, donde la confianza se evapora más rápido que las reservas internacionales. La vigilancia y la acción preventiva son, hoy más que nunca, un deber ineludible del Estado.

spot_img
spot_img
ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_img
0SeguidoresSeguir
115SeguidoresSeguir
0SeguidoresSeguir
2,390SuscriptoresSuscribirte
- Advertisment -spot_img

Más popular

Comentarios Recientes

Gregorio Cisneros peralta en Asesinan a la influencer Chantal Jiménez
Chemo Jimenez en El pique del presidente