A-Rod en la mesa de los dioses

Carlos Baerga no pide permiso. Solo abre la puerta y lo sienta ahí, junto a los verdaderos intocables. «Respeten los rangos»

Por William Perdomo

No fue en una mesa de debate de ESPN en Bristol. Fue en un podcast. Uno de esos de plataformas digitales donde ya no hay apuntador, donde las voces no piden permiso para decir lo que piensan.

Ahí, sin guion, Carlos Baerga dijo lo que nadie quiere decir en voz alta en un programa porque quema.

El ex-pelotero puertorriqueño que trabajó durante varias temporadas con la cadena de ESPN, destacándose principalmente en las transmisiones de Monday Night Baseball, soltó la frase y dejó que el humo hiciera el resto.

Su carisma y experiencia como jugador de Grandes Ligas le permitieron consolidarse como uno de los analistas más reconocidos en Latinoamérica. Y por eso, cuando habla, pesa.

«Alex Rodríguez no solo es el mejor pelotero que ha producido Latinoamérica, sino que se ubica entre los cinco mejores de la historia. Las cifras que alcanzó son inalcanzables para cualquier otro jugador. Respeten las jerarquías. Respeten los rangos. Punto.»

No es una lista. Es una mesa. Y en esa mesa, según Baerga, solo hay sillas para dioses.

Babe Ruth. Barry Bonds. Willie Mays. Hank Aaron. Ted Williams. Ty Cobb. Lou Gehrig. Mickey Mantle. Albert Pujols.

Y Alex Rodríguez.

Dos dominicanos en la mesa de los inmortales.

Lo dijo sin pestañear. Y luego hizo lo que nadie se atreve a hacer: defendió al monstruo.

«Que no me vengan con la teoría de que se puyó. Para poner esos números hay que tener talento, herramientas élite. Puyen a cualquiera y verán que nunca pondrán esas estadísticas, de ese monstruo de A-Rod».

Baerga sabe de lo que habla. Sabe que el veneno no te enseña a jugar shortstop a los 18 años en Seattle con el viento del Kingdome pegándote en la cara. Que el veneno no te da manos.

Y ese es el punto que se nos olvida cuando hablamos de Alex Rodríguez como si fuera un expediente de laboratorio.

A-Rod no fue un bateador designado esperando turno. Fue un niño flaco de Miami que jugaba la posición más difícil del diamante como si hubiera nacido para eso. Manos suaves, brazo de rifle, un rango que cubría dos zonas. Guante de Oro en el shortstop. Luego, cuando Jeter le cerró la puerta, Guante de Oro en tercera. Un atleta de cinco herramientas en un cuerpo que no debía existir.

El resto es mitología grabada en el libro de récords:

696 jonrones. No es el quinto. Es el quinto hombre en la historia detrás de Bonds (762), Aaron (755), Ruth (714) y Pujols (703). Por encima de Mays.

3,115 hits. 2,086 empujadas. 2,021 anotadas. 329 robadas. .295 / .380 / .550 / .930. OPS+ de 140. Un WAR de 6.8 cada 162 juegos durante 22 años. Uno de solo tres hombres con 600 jonrones y 300 robos. Un 40-40. Tres veces 50 jonrones. Ocho veces 40. Catorce veces 100 empujadas. 14 Juegos de Estrellas. 3 MVP. 10 Bates de Plata. 2 Guantes de Oro. Un título de bateo.

Busca a Ruth en el short. No está. Busca a Bonds. No está. Busca a Pujols. No está. Busca a Aaron. No está.

Solo Mays se le acerca en la combinación de defensa élite y ofensiva nuclear. Pero Mays corría en el pasto del centro del campo. A-Rod corría en la tierra.

Por ello Baerga lo equipara con Pujols en la misma conversación, pues comprende el valor de la jerarquía y lo que representa echarse una franquicia al hombro. Pujols es la otra gran leyenda, el intocable: 703 cuadrangulares, 3,384 imparables, 2,218 carreras remolcadas y .296 de promedio al bate; el único bateador, junto a Hank Aaron, en alcanzar los 3,000 hits y los 700 jonrones. Sin duda, ambos fueron la cara de una era.

Al final, Baerga dejó caer la última piedra:

Alex Rodríguez no está lejos de ser discutido como el mejor jugador de béisbol de la historia.

Suena a herejía en Cooperstown. Suena a locura en un museo que todavía no sabe qué hacer con su placa.

Pero hazte la pregunta: ¿Cuántos hombres han sido el mejor en lo más difícil y al mismo tiempo el mejor en lo más ruidoso?

Si mañana llevas a cualquiera a un laboratorio y le inyectas todo lo que quieras, no te va a dar 696 jonrones jugando shortstop. No te va a robar 329 bases. No te va a ganar Guantes de Oro en dos posiciones.

El talento no se inyecta. El talento se nace.

Y por eso, les guste o no a los guardianes del templo, Alex Rodríguez ya está sentado. En la mesa. Junto a los dioses.

El autor es Periodista y Análista

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