Prof. Enoc Féliz Lavandier
El devenir del tiempo nos hace expandir nuestro vuelo por las regiones de la evolución y del cambio permanente. No es causa de estupor que todo vaya de lo tradicional a lo moderno, de lo análogo a lo digital. Siendo así, el ambiente educativo no escapa a esta realidad. Ayer, el maestro, lleno de fe y entusiasmo, era el protagonista del proceso áulico, quien, mediante intervenciones magistrales, procuraba materializar una de las tareas más nobles que ha conocido la humanidad: enseñar.
Hoy, sin lugar a duda, contamos con otra realidad, y es la de tener en el aula un universo de niños que, día a día, asisten a los centros educativos a desarrollar habilidades, a conocer cosas nuevas, a modelar aptitudes propias que les ayudan a asimilar conceptos y a comprender las situaciones que presenta la vida.
Partiendo de esta realidad, nos toca, en este tiempo, deponer una vieja expresión utilizada dentro y fuera de la comunidad educativa vinculada al proceso áulico. Es que, por décadas, hemos sostenido que los estudiantes van al centro educativo en busca del “pan de la enseñanza”.
A decir verdad, no me niego a creer que ese pan exista, pero tenemos que considerar que el aula de hoy abraza el modelo constructivista, bajo un enfoque de competencias, en donde los niños están llamados a conseguirlas.
Siendo así, sostenemos que se hace perentorio el cambio de expresión: en lugar de decir que nuestros estudiantes van a la escuela a buscar el pan de la enseñanza, la realidad es que estos niños acuden, día a día, a las escuelas en busca del pan del aprendizaje.
¡De ahora en adelante, que nuestros esfuerzos se encaminen a dejar de lado el pan de la enseñanza y logren nutrir a nuestros niños con el pan del aprendizaje!







