Por FRESA TORRES
En el Distrito 13 la discusión pública ha sido secuestrada por un debate estéril sobre orígenes y pertenencia. Seamos claros: aquí no está en juego la dominicanidad de nadie. Está en juego nuestra calidad de vida.
Nueva York, que fue símbolo de ascenso para el inmigrante, se ha convertido en una ciudad-fantasma para muchos. Una urbe donde el esfuerzo ya no garantiza quedarse. Es incómodo admitirlo, pero es real: hoy un ciudadano de medios modestos vive con más dignidad y menos zozobra en República Dominicana que en varios sectores de nuestro propio distrito. Esa es la tragedia que debemos enfrentar.
Mientras nos distraemos con debates identitarios, los problemas estructurales se agudizan:
Colapso del costo de vida
La renta dejó de ser un gasto para volverse una sentencia de exilio económico. Estamos expulsando a nuestra clase trabajadora, a maestros y a pequeños empresarios. El D13 se está descapitalizando de su gente más valiosa.
Erosión de la seguridad
La inseguridad dejó de ser anécdota para ser rutina. El miedo encierra a nuestros adultos mayores y le roba libertad a nuestra juventud. Un barrio sin seguridad es un barrio sin futuro.
Ausencia de movilidad social
El sueño de progreso se fracturó. La pequeña empresa, columna vertebral del distrito, agoniza por rentas comerciales y burocracia. A nuestros jóvenes solo les ofrecemos el desarraigo como vía de ascenso.
Por eso, el criterio electoral del 23 de junio debe ser uno solo. La pregunta no es “¿de dónde viene?”. La pregunta es “¿qué propone?”.
Exijamos a Adriano Espaillat, a Darializa Ávila Chevalier y a cualquier aspirante un plan verificable para: estabilizar la vivienda, restablecer el orden público y reactivar la economía del distrito.
Porque cuando un ciudadano es víctima de la delincuencia o no puede pagar su renta, no invoca su pasaporte. Invoca a su representante.
Es momento de exigir representantes, no voceros de un debate que no nos alimenta. Aquí no se define el origen de un acta de nacimiento. Se define la permanencia y la estabilidad de nuestra generación, de nuestra gente.
Este martes 23 salgan a votar. Quien no vota, no puede exigir solución a su problema y se vuelve cómplice de lo que está mal.






