Por Jhonny Trinidad
Mientras en la ONU llevan tres años discutiendo resoluciones, en las calles de Puerto Príncipe gritan un nombre que no es haitiano: ¡Viva Bukele!
No es un invento de TikTok. Es real. Ciudadanos haitianos salieron esta semana a manifestarse en Tabarre, al noreste de Puerto Príncipe, aplaudiendo a los soldados salvadoreños mientras patrullaban. «¡Viva el presidente Bukele! ¡Nosotros decimos gracias al presidente Bukele! Es el capitán de la seguridad», gritó un manifestante frente a las cámaras.
¿Por qué Haití, que desconfió de los cascos azules de la MINUSTAH, de los americanos y de los kenianos, recibe con aplausos a El Salvador?
El vacío total
Haití atraviesa una crisis institucional sin precedentes. Gran parte de Puerto Príncipe está bajo control de alianzas de bandas armadas como G9 an Fanmi e Alye o 400 Mawozo. No hay Estado. No hay policía que responda. El pueblo paga extorsión cada semana para poder salir a vender. f364
El Efecto Bukele
El plan de control territorial y el estado de excepción en El Salvador neutralizó a miles de pandilleros y posicionó a Bukele como símbolo global de seguridad inmediata. Para el haitiano que vive bajo la bota de una pandilla, Bukele representa lo que no tiene: voluntad política. f364
Bukele desplegó más de 2,000 militares en Haití tras la desaparición de 4 técnicos salvadoreños el 18 de octubre en Croix-des-Bouquets. Y dijo en criollo haitiano: «Parece que las bandas no quieren pelear con nosotros». Los videos muestran a comunitarios llamándolo «salvador» y «papá». 02f28e51
El dato que lo explica todo
El excónsul haitiano en RD, Edwin Paraison, lo dijo claro: Bukele es hoy la personalidad política extranjera más popular en Haití. Y no es por ideología. Es pragmatismo visceral: la búsqueda de paz social al costo que sea. 5490f364
Paraison asegura que «por primera vez he notado que el miedo comienza a apoderarse de ellos [las pandillas]».
Mientras República Dominicana refuerza la frontera y Leonel Fernández dice que no debemos meternos, el haitiano de a pie ya eligió: prefiere 2,000 salvadoreños que 2,000 resoluciones de la ONU.
No es amor a Bukele. Es cansancio de su propia clase política. Es el mismo grito que nosotros los dominicanos de la diáspora dimos: «No nos representan, nos administran». El haitiano hoy dice lo mismo, pero con otro nombre: «Sálvennos ustedes, que los nuestros nos abandonaron».





