Nueva York, una ciudad de lujos convertida en basurero

Por JAVIER FUENTES

El 21 de julio de 2024 publiqué “New York: una ciudad de lujos convertida en basurero”. Esperaba no tener que escribir una segunda parte. Creía que aquello podía corregirse. No fue así.

Nueva York es la ciudad más visitada de EE.UU., referente multicultural y principal centro financiero. Pero bajo el lujo subsiste otro Nueva York.

No es el de las campañas publicitarias ni el de los rascacielos. Es el del trabajador que envejece como desecho, del inmigrante que sale antes del amanecer a luchar por una renta impagable y de los millones que usan el transporte público todos los días.

Ahí comienza el relato.

Uso el subway casi a diario. No escribo por imaginación, sino por lo que veo: personas sin hogar de todas las razas y edades ocupando asientos, durmiendo por horas mientras los pasajeros van de pie. Hombres y mujeres con todas sus pertenencias en bolsas y carritos, haciendo del vagón su único refugio, con hedor a putrefacto que obliga a cambiar de vagón.

Al salir, la escena se repite: basura, orines, vómitos y, en algunos casos, heces fecales. Escaleras, pasillos y rincones convertidos en dormitorios, baños y ring de peleas. Zafacones de seres vivientes. Como los huesos secos de Ezequiel 37.

Lo más grave es que ya no sorprende. Lo anormal se volvió normal. Isaías 5:20. La ciudad acepta como cotidiano que los vagones sean camas de indigentes.

PARQUES, DROGAS Y MIEDO

El problema no termina en el tren. En numerosos parques y espacios públicos el consumo de droga a plena luz del día ocurre cerca de escuelas y viviendas. Familias con miedo por sus hijos.

¿Dónde está la policía? Después del movimiento Black Lives Matter, muchos oficiales no quieren arriesgar sus beneficios a punto de retirarse. En una entrevista al ex sargento Johnny Nuñez y en charlas con amigos policías me dijeron: «hay un listado extenso en NYPD para renuncia». Es un problema sociopolítico.

El autor es politólogo y teólogo. Reside en Nueva York

La pregunta ya no es si Nueva York tiene problemas sociales. Todas las grandes ciudades los tienen. La pregunta es: ¿por qué lo que hace 10 o 15 años provocaba indignación, hoy es parte del paisaje?

EL CORAZÓN DEL PROBLEMA: LA NORMALIZACIÓN

Basta caminar por el Bronx, Brooklyn, Queens y Manhattan. Grand Concourse, Jerome, Webster, St. Nicholas, Broadway. Atlantic, Flatbush, Fulton, Bedford, Nostrand, Eastern Parkway, Utica, Myrtle, Kings Highway. En Queens igual. La escena se repite: áreas tomadas por indigentes, temor a robos y agresiones contra mujeres y adolescentes que madrugan a estudiar o trabajar.

Y vitrinas vacías. Puertas cerradas. Letreros de «For Lease» donde había barberías, bodegas, joyerías, supermercados, lavanderías, restaurantes, agencias de impuestos, centros de envío, talleres, dealers. Negocios levantados por familias trabajadoras.

Algunos cierres son por rezonificación. La mayoría, por la crisis. Los comerciantes lo dicen claro: «Los alquileres, los seguros, los impuestos, la luz, el cable, el teléfono y los salarios nos están matando».

Cuando cierra una bodega no cierra solo un negocio. Se pierde el sustento de varias familias. Cuando cierra un restaurante familiar se va el esfuerzo de años.

UNA CIUDAD QUE EXPULSA

Durante décadas Nueva York fue esperanza para millones de inmigrantes. La promesa de que el trabajo duro permitía comprar casa, abrir empresa y dejarle algo mejor a los hijos.

Hoy esa esperanza se aleja. Miles cumplen jornadas extensas y no les alcanza para alquiler, transporte, comida y seguros.

La ciudad sigue produciendo riqueza, pero esa riqueza no llega a todos.

Por eso las familias se están yendo a Pensilvania, Nueva Jersey, Connecticut, Florida, las Carolinas, Texas, Indiana. No abandonan sus sueños, intentan salvarlos. Entre los dominicanos el fenómeno es cada vez más visible. Ya no se preguntan cómo llegar a Nueva York, sino cuándo irse.

Nueva York sigue siendo extraordinaria. Nadie niega su peso económico, cultural e histórico. Pero las grandes ciudades no se miden solo por rascacielos, inversiones o turistas. Se miden por la calidad de vida que ofrecen a quienes las sostienen: obreros, profesionales, pequeños empresarios, inmigrantes y familias que pagan impuestos.

Hay una paradoja: una ciudad puede enriquecerse económicamente mientras se empobrece socialmente. Puede atraer inversiones mientras pierde residentes.

Cuando quienes la construyeron se preguntan si pueden seguir viviendo en ella, es hora de que la ciudad se mire al espejo.

TRES FRENTES URGENTES

-DIGNIDAD Y SEGURIDAD EN EL ESPACIO PÚBLICO: El colapso del metro y de los parques no se resuelve con parches ni con vigilancia escasa. Se necesita intervención estructural: equipos de salud mental y asistencia social junto al orden público, refugios reales y seguros, y devolver la tranquilidad al usuario y al vecino.

-ALIVIO A LOS PEQUEÑOS NEGOCIOS: Son el alma de los barrios. Urgen alivios fiscales directos, moratorias y regulación justa frente a alquileres comerciales abusivos y a la especulación que asfixia a comerciantes e inquilinos.

-CIUDADANÍA ORGANIZADA: Las transformaciones no vendrán de promesas vacías de campaña, sino de la presión de una ciudadanía organizada. Trabajadores, profesionales, pequeños empresarios e inmigrantes deben reclamar espacio en los concejos comunitarios y en la política municipal.

Que los políticos dejen de pelear por la hegemonía partidaria y peleen por los ciudadanos.

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