Nuestra precaria calidad de vida

Por Manuel Vólquez

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido al mundo que los azúcares libres, presentes en bebidas azucaradas y otros productos procesados, aumentan el riesgo de obesidad infantil, diabetes tipo 2 y caries dental, además de fomentar hábitos alimentarios poco saludables a largo plazo. Recomienda reducir su consumo a menos del 10% de la ingesta calórica diaria y por debajo del 5% en niños pequeños.

 

Mientras para Unicef, los primeros mil días de vida, desde la gestación hasta los dos años, son determinantes para el desarrollo físico y cerebral, de manera que una alimentación inadecuada en este período puede afectar el crecimiento, el sistema inmunológico y elevar el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez, lo que convierte este ciclo en un de los más críticos para la salud infantil. En República Dominicana, la alimentación de los niños comienza en edades en las que deberían predominar la lactancia materna y los alimentos naturales, pero una gran proporción ya está expuesta a bebidas azucaradas y artículos ultra procesados. Ese asunto no debe pasar desapercibido dada la importancia de garantizar la buena salud a la niñez y al resto de la población.

 

El azúcar, que tiene muchas calorías, la defino como un veneno sabroso o un mal necesario del que debemos cuidarnos, consumiéndola en una mínima proporción. Es lo que siempre acostumbro hacer cuando tomo café, té y jugos de elaboración doméstica. Nada de la calle.

Los datos de EnHogar-MICS y la alimentación infantil

A propósito del tema, veamos una investigación publicada por la entidad EnHogar-MICS 2025 (Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples), explicando que el 70.4% de los niños de 6 a 23 meses de nacidos consumió bebidas azucaradas el día anterior a esa entrevista de campo, mientras que un 38.5% recibió alimentos no saludables. Apenas el 19.2% logró lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, como recomiendan los organismos internacionales.

 

“En esa etapa, los niños deberían iniciar una alimentación complementaria basada en alimentos naturales, papillas, frutas, vegetales y la continuidad de la lactancia materna. Sin embargo, en la práctica, muchos son expuestos a jugos en caja, néctares industrializados, galletas dulces, cereales azucarados o incluso pequeños sorbos de refresco, productos que sustituyen preparaciones frescas y adecuadas para su desarrollo”, dice el estudio. (Véase periódico El Día, 4/07/2026). El hallazgo revela que la introducción temprana de ese producto en la dieta infantil constituye un peligro para la salud. Esta consulta técnica, realizada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), abarca más de 35,000 hogares y proporciona datos clave para la formulación y evaluación de políticas públicas, contribuyendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

 

¡Ojo con eso!, pues es una alerta que mueve a preocupación. Las reglas son claras, pero el problema está en que no se aplican correctamente o tal vez no hay supervisión ni control para los productos industrializados con edulcorantes. A veces, por pobreza extrema e ignorancia, una madre sacia el hambre del bebé con agua azucarada, a falta de alimentos. En el menor de los casos, endulzan de forma inapropiada la leche en el biberón porque la meta final es que el bebé se satisfaga y que cesen sus llantos, cuando el hambre ataca. Yo diría que es cuestión de que “el fin justifica los medios”, independientemente de la carga de ignorancia o de pobreza en los individuos.

 

Sospecho que las personas de diferentes clases sociales adquieren en los supermercados variados productos (sobre todo de las denominadas marcas  blancas fabricados por empresas y vendidos bajo el nombre de una cadena de distribución, generalmente a menor precio que las marcas tradicionales), como jugos en caja, néctares industrializados, leche, yogur, galletas dulces, cereales azucarados o incluso refrescos, sin leer las etiquetas o registros sanitarios de rigor para establecer la composición de azúcares, calorías o si en realidad algunos contienen vitaminas. Algunos de esos registros son falsos y pienso que la mayoría de la población no observa esos detalles, que deben seguirse en todos los demás artículos industrializados etiquetados de consumos masivos y a veces obligatorios, muchos de estos elaborados con mala calidad. Hay que acumular conciencia de esa situación para acabar con la precaria calidad de vida que llevamos, si es que aspiramos extender un poquito los años de existencia. Naturalmente, es una tarea que conlleva una urgente intervención y respaldo de la clase gobernante de turno, aunque se arriesgue el costo político.

Temas relacionados: Para seguir de cerca el desarrollo de esta y otras informaciones del ámbito institucional, te invitamos a visitar nuestra sección de Opinión en nuestro portal.

 

 

 

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