Por CARLOS SUAREZ
La contienda por el distrito congresional 13 genera atención mucho más allá de sus fronteras. Y con razón. Pero la expectativa no viene por la edad de los candidatos ni por su origen.
Darialisa Ávila tiene 31 años, pero eso no la hace inmadura. Adriano Espaillat tiene 71, pero eso no lo descalifica para representar a su comunidad. Ambos son de descendencia dominicana. El debate no está ahí.
La notoriedad viene de lo que cada uno representa. Espaillat encarna el presente y el pasado: décadas de un modelo político basado en el statu quo, en las redes construidas con el tiempo y en la continuidad de lo que ya existe. Darialisa Ávila encarna el presente y el futuro: un movimiento que apuesta al cambio, a nuevas formas de hacer política y a romper con los privilegios instalados.
De eso se trata esta elección: continuidad vs. transformación.
El fondo, no la forma
Claro que hay intereses mediáticos y personales. Siempre los hay en política. Pero quien analice esta contienda con mirada de comunidad debe ir al punto: aquí se enfrentan dos tendencias. Una fuerza que busca preservar su estatus y privilegios. Y un movimiento que busca cambios en la sociedad.
Las posiciones frente a vivienda, inmigración, costo de vida, educación y seguridad deben marcar la diferencia. No la edad, no los apellidos, no el ruido en redes.
Algo más grande que el Distrito 13
La superficialidad y la pasión deben quedar al margen. Lo que se juega en este distrito va más allá de los temas locales. Lo que ocurra aquí puede convertirse en símbolo de una lucha nacional por cambios en el poder político y en la forma de hacer gobierno.
No es solo quién gana una curul. Es qué modelo gana fuerza.
Cada votante tiene derecho a elegir la tendencia que prefiera. Pero es clave que lo haga con la verdad sobre la mesa: esta contienda es entre el pasado que se resiste a irse y el futuro que pide entrar.






