Por OMAROY MÉNDEZ GARCÍA
Desde que Maquiavelo escribió su obra más trascendental es sabido el enunciado nefasto y justificativo de toda maldad o acción sabida que raya con la ética que expresa “el fin justifica los medio”. Un proceder que el gobierno ha llevado a su máxima expresión como convicción, y de forma descarada con una bota en el cuello sobre la clase media.
Es burlona e irritantes las líneas que en la factura eléctrica hacen referencia a que el gobierno está subsidiando una parte de la factura eléctrica. Quien está subsidiando realmente es la clase media que no aguanta más los aumentos mensuales que les están reflejando en la “sentencia eléctrica” emitida por el monopolio gubernamental.
Mensualmente se vive una incertidumbre al acercarse la fecha de emisión de la factura y crea una espera estratégica en otros pagos y posibilidades de consumo, aguantando para ver donde se va a recortar, porque no se sabe del monto que llegará la maldecida factura que el gobierno genera.
Es evidente que en el gobierno están trabajando para la oposición, al golpear constantemente la desdeñada clase media, que ve como una maldición sancionadora el querer vivir con dignidad en un residencial o sector medianamente decente. Ya que estos son los que están en la diana mensual al momento de tirarles los dardos llenos de incremento emitidos por el gobierno.
La sabida ineficiencia con que el gobierno ha manejado el cobro de electricidad en los sectores más deprimidos se manifiesta en la mensualidad de la factura, ya que como “el barrio se la roba, entonces el gobierno me roba”, al inflar lo facturado de manera injustificada, vulgar y sin guardar las formas.
Como un corpulento e inmundo abusador medieval el gobierno arrastra por el pelo a la clase media para hincar su “groso falo” con un lubricante de arena, por los anillos del esfínter. Desgarrando sin consideración humana el colon de la clase media, que grita sin consuelo hasta quedar empapada del repulsivo fluido exudado purulento que lo caracteriza.
El Dios Cronos sigue su camino constante, creando desesperación por su inexorable marcha, y al parecer esto nubla la psiquis de los inquilinos que se despiden.
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