Por Mario Holguín
La crisis permanente en Haití, alerta como el mayor desafío para la República Dominicana no solo en el orden económico o político, sino también migratorio.
Para los dominicanos es inminente preservar la soberanía nacional ante el flujo irregular de haitianos a través de la frontera porque pertuba innumerables aspectos de la vida.
Este fenómeno, que mantiene en vilo a la sociedad nacional, persiste pese a los esfuerzos gubernamentales por construir un muro fronterizo, y se manifiesta de manera alarmante en las carreteras del país, donde el desplazamiento masivo de migrantes, muchos en motocicletas o en camiones sin documentación ni respeto a las normas viales, se ha normalizado bajo una «vista ciega» de las autoridades.
El desafío migratorio se traduce en una amenaza a la soberanía, impulsada por la profunda asimetría entre ambos países al poner en riesgo la identidad nacional y la estabilidad.
El presidente Luis Abinader ha respondido con medidas firmes respardadas por los líderes de la oposición política. Sin embargo, es responsabilidad del gobierno detener el tránsito irregular continúo, alimentado por redes de tráfico humano que involucran sobornos y complicidades.
Uno de los impactos más visibles y peligrosos de esta migración silenciosa es en la seguridad vial, un pilar clave para el desarrollo, desatendido e incomprendido por demás.
Miles de haitianos indocumentados circulan diariamente por carreteras dominicanas en motocicletas y otros vehículos sobrecargados, sin casco, sin licencia ni respeto a señales ni normas de tránsito, contribuyendo a un caos que las autoridades parecen ignorar selectivamente, cupando intersecciones y ofreciendo servicios a los usuarios.
Esta «vista ciega» permite que el incumplimiento de la Ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial se convierta en norma para ciertos grupos, mientras los dominicanos enfrentamos fiscalización estricta.
En el 2024, los haitianos representaron cerca del 10% del total de muertes por accidentes de tránsito sin contar los casos que no salen a la luz por transporte clandestinos de indocumentados.
El gobierno ha avanzado en el muro fronterizo y en deportaciones, pero estos esfuerzos resultan insuficientes sin una fiscalización vial imparcial.
Pero no menos cierto es que lo que acontece, “La isla al revés” de Joaquín Balaguer publicada en el 1983, desbribió como visionario esta realidad.
Balaguer trata en su tesis nacionalista el «destino dominicano» amenazado por la asimetría con Haití, llamando a preservar la independencia y la cultura dominicana
La normalización del incumplimiento por parte de migrantes irregulares no solo eleva las víctimas anuales en las vías, sino que genera resentimiento social y cuestiona la equidad ante la ley, y además evidenciada la preferencia de los servicios públicos sin costo alguno.
Es imperativo reforzar no solo la frontera física, sino la aplicación estricta de normas viales para todos, sin excepciones.
Mario Holguín / Titular Secretaría de Sguridad Via Fuerza del Pueblo







