Por MIGUEL A. GUERRERO PEREZ
Cuando se lanzó la cerveza República enfrentó a una marca líder con profundas raíces en el gusto de los dominicanos. Su acogida fue regular, tímida y efímera.
Los seguidores del promotor de la misma no se convirtieron automáticamente en consumidores, y dicha cerveza dejó de ser competencia.
El “proyecto político” de ese promotor no llegará más allá de donde llegó su República; sin embargo, el ruido que genera será favorable para su beligerancia en las redes sociales.
Creo que ahí está el principal propósito de sus aspiraciones: fortalecer sus plataformas y consolidar su presencia en ellas.
Es más, su “proyecto político” es una extensión de sus negocios, a la que ya debe de estarle sacando capital económico.
La permanencia de este proyecto será directamente proporcional a los beneficios que pueda obtener. Uno de ellos es que su imagen ya llega más allá de sus seguidores habituales.
Muchos de los que no nos interesamos en su famosa casa y en otras iniciativas suyas, hoy somos partícipes de este nuevo reality; lo cual, de por sí, es un éxito para alguien cuya presencia mediática es su negocio.
Creo que, al igual que su cerveza -que casi no se menciona ya- experimentará una curva ascendente por la novedad de ser un individuo con una forma de hacer política diferente, cuyo mayor error sería sumarse a las formas clásicas de este renglón.
Goza de un atractivo innovador, en el que sus “ideas”, por más descabelladas que sean (seguidas por personas de poca sustancia mental), son difundidas no solo por sus medios, sino también por muchos medios tradicionales donde pocas veces fue noticia.
Desquiciado
Su accionar, a veces rayando en lo desquiciado, es criticado por quienes siempre lo habían ignorado. Esto favorece el “que hablen de mí, bien o mal”; pero ese es precisamente su objetivo: ser el centro de atención.
Hasta ahora va teniendo éxito, pero, si bien saturar es su objetivo, también constituye su punto débil, pues llegado el momento (que aún no llega), su declive será inevitable.
Las críticas que genera en muchos comenzarán a ceder cuando lleguen a la conclusión de que, sin querer, están jugando al juego que él quiere y tal como él lo aspira.
El papel de “tontos útiles” dejará de existir y le cederán el terreno a sus clásicos seguidores, lo que marcará el inicio del fin de su “ascendente carrera política”.
El “loco” que siga con sus “locos” y sus locuras.
La carrera que se inició con República para alcanzar a la Presidente fracasó, y lo mismo ocurrirá con él en la búsqueda del mismo objetivo.
Su “éxito” —mejor quitémosle las comillas— podrá celebrarlo tomándose La Suya, su República, mientras los demás brindaremos con una Presidente en mano, el verdadero sabor en Dominicana para los mejores momentos, ya sean en política o de otra índole.





