Tuvo éxito defensivo en el duelo individual contra Luka Dončić —lo dejó en 1 de 6 en tiros de campo mientras lo defendía— aunque terminó con una técnica encima y una frase que ya le dio la vuelta a la liga: «Perdí todo el respeto por el esloveno»
Por William Perdomo
Santo Domingo, R.D (Sábado 24 de octubre de 2026).– En esta liga, la NBA, hay dos formas de entrar: de puntillas o pateando la puerta.
Yaxel Lendeborg eligió la segunda.
El pasado miércoles, faltaban ocho minutos para que terminara el primer juego de su vida. Warriors 105, Lakers 127. Una paliza con olor a advertencia en el Crypto .com Arena. El dominicano de 24 años, número 11 del Draft, campeón de la NCAA con Michigan, el mismo que cargó a Golden State al título de la Summer League de Las Vegas, acababa de recibir una técnica.
Del otro lado estaba Luka Dončić. No un jugador cualquiera, el campeón vigente del título de anotación. El hombre que te mira y te cobra.
Habían estado discutiendo todo el partido. Palabra va, palabra viene. Hasta que el árbitro dijo basta. Técnica para el novato. Dončić, como si hubiera esperado ese momento, tomó la bola en media cancha, lanzó sobre la chicharra y la metió con tablero. Luego se dio vuelta y lo señaló. Sin decir una palabra. Señalándolo.
Ese fue el debut de Yaxel Lendeborg.
No fue perfecto. Fue humano. Fue necesario.
Minutos después, en la rueda de prensa, Lendeborg llevó la rivalidad fuera de la cancha.
«Le tenía mucho respeto porque no veía mucho la NBA», dijo en un vestuario en silencio, sin filtros, como si no supiera que en esta liga te multan por decir lo que piensas. «Solo veía resúmenes y lo veía dominar a sus rivales. Pero al estar en el partido en persona y presenciar todas sus quejas, perdí todo el respeto».
Los periodistas en Los Ángeles se miraron entre sí. Nadie esperaba eso de un novato en su noche uno.
La frase corrió. En cinco minutos estaba en X, en ESPN, en los grupos de WhatsApp de barrios como Los Mina, San Carlos y Villa Francisca, en Santo Domingo. Un dominicano recién aterrizado criticando a Luka Dončić. No por su juego. Por sus lamentos, por sus lloriqueos.
Los números de aquella noche dicen esto: 12 puntos, 3 rebotes, 2 asistencias y 1 robo en 28 minutos —fue el Warrior con más minutos en cancha— con 5 de 11 en tiros de campo, 1 de 4 en triples y 1 de 3 en libres. No es una línea que cambie una franquicia. Pero es una línea que dice: estuve ahí. Competí.
Y hay un dato que no sale en los box scores y que cambia la lectura: en el duelo individual, Lendeborg dejó a Dončić en 1 de 6 en tiros de campo cuando fue su defensor primario. El esloveno anotó sus puntos lejos de él, y eso explica por qué la frustración terminó en palabras.
Su compatriota Al Horford, el veterano, lo vio todo desde la banca. Sabrá lo que significa ese primer golpe.
Porque más allá de la técnica pitada por un árbitro, Lendeborg jugó. Atacó. Generó para otros. No se escondió cuando Stephen Curry —23 puntos, la única luz de Golden State— necesitaba una mano.
* El otro lado del fuego cruzado: Dončić responde entre risas*
Por su parte, el astro de los Lakers abordó las provocaciones del novato con tranquilidad y entre risas, reconociendo el tono competitivo del duelo:
«El novato estaba diciendo tonterías, pero preferí no responderle. Esta temporada no quiero que me piten faltas técnicas. Me dio buena batalla en la cancha».
No hubo veneno. Hubo veteranía. Dončić, que terminó con 28 puntos, entendió el juego. Dejó que el tiro de media cancha hablara por él.
* Curry y Green lo respaldan y Kerr pone contexto
Stephen Curry, el referente, sin rodeos:
«Me encanta su confianza, su pasión y lo mucho que le importa el juego… esto no es más que pura competitividad. Todo el mundo dirá: ‘No deberías hablarle así a Luka’, pero yo no estoy de acuerdo con esa mierda».
Draymond Green, su mentor, el hombre que hizo una carrera pateando puertas, fue más allá:
«En esta liga, todo el mundo siempre dice: ‘Hay ciertos jugadores a los que hay que respetar’. Yo no llegué a la liga así. Todos dirán: ‘Oh, el novato aprendió la lección’. ¿Qué aprendió? Que la próxima vez que lo vea, ir tras él otra vez».
Esa es la herencia que Golden State le está dando a Lendeborg. No la de callarse. La de ir.
Steve Kerr, dirigente de los Warriors, en cambio, le puso el freno justo, sin apagar el fuego:
«Yaxel está recibiendo el típico ‘trato de novato’ y quedó atrapado en el calor del juego. El manejo de la situación o la doble técnica pudieron ser distintos».
Kerr, de hecho, fue captado por los micrófonos ambientales cuestionando la rigurosidad de los árbitros con el novato en cancha ajena.
Puede que sea una larga temporada en la Bahía. El juego interior está roto por las lesiones. Pero Lendeborg seguirá sonando y seguirá hablando.
Porque ha demostrado que el carácter no se mide en victorias. Se mide en la primera vez que te pegan y decides quedarte parado.
Yaxel se quedó parado. A los Warriors les metieron 22 puntos de diferencia. A Yaxel le metieron una técnica. Le metieron un tiro desde media cancha en la cara. Y siguió jugando 28 minutos.
* La confirmación llegó en la noche dos*
Y si el debut fue carácter, la segunda noche fue confirmación.
Anoche, en su segundo partido de la temporada, el hijo de los exseleccionados nacionales Okary Lendeborg y Yissel Raposo firmó su primer doble-doble en la NBA. Aportó 18 puntos, 13 rebotes, 6 asistencias y 3 robos en 37 minutos, aunque los Golden State Warriors cayeron 111-108 ante los Memphis Grizzlies.
Ya no fue solo el que habla. Fue el que produce. El que llena la planilla. El que juega 37 minutos como novato porque Kerr no puede sentarlo.
Para el baloncesto dominicano, no fue solo un debut. Fue una declaración con segunda parte.
Una derrota de su equipo no define a un novato. La forma en que responde, sí.
El próximo viernes 30 del mes en curso será la revancha, cuando en el Chase Center los Warriors reciban a los Lakers. Desde ya las expectativas están puestas en el momento en que se vuelvan a ver las caras el novato y el veterano.
Dončić estará enfrente. Y todos estaremos mirando si el dominicano que pateó la puerta en su primera noche se atreve a hacerlo de nuevo.





