sábado, marzo 2, 2024
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Verdades permanentes 

Por Blas Rafael Fernández Gómez

Un padre y una madre siempre están dispuestos para extender sus brazos protectores hacia los hijos.

El mejor hijo o hija es el o la de cada madre. Una ley natural que se cumple siempre es aquella de que: Quien glorifica a su madre y por supuesto a su padre recibe bendiciones de la Divina Providencia. 

 Cuando en las bodas de Caná en galilea, cerca de Nazaret se acabó el vino, según el Evangelio de Juan, es impresionante la confianza que la Virgen María tuvo en su hijo Jesús para que convirtiera el agua en vino e hiciera su primer milagro.

También como ejemplo, Mónica la madre de Agustín oraba por la conversión de su hijo que seguía por los caminos de pecado y aberraciones. Cuando este partió de Cartago-Fenicia (al norte de África) hacia Roma entendió que ese paso lo hundiría más.

Sin embargo, un amigo le dijo estas palabras: “Dios no va a permitir que un hijo de tantas lagrimas se pierda”. Ella tuvo fe en que las cosas iban a cambiar tarde o temprano. Con las orientaciones de Ambrosio (San Ambrosio) así fue.

Hoy, Ella por sus virtudes cristianas es Santa Mónica y el San Agustín, quien fue Obispo de Hipona, consagrado como uno de los Doctores y Padres de la Iglesia.

Para ilustrar lo que significa la sabiduría y el deseo de hacer Justicia frecuentemente se recurre a Salomón, hijo y sucesor del Rey David, quien ante dos mujeres que se disputaban la maternidad de un niño propuso partirlo en dos y darle a cada una la mitad, respondiendo una de ellas que se lo otorgara a la otra con el fin de salvar la criatura, lo cual llevó al monarca en funciones de juez a concluir que esta era su verdadera madre y procedió a entregárselo en desmedro de la que aceptó que fuera mutilado.

Ciertamente fue una gran expresión de que el juzgador era un hombre sabio, pero también es una muestra inequívoca de lo que es capaz de hacer la progenitora de una persona quien prefiere perderla antes que permitir que se le haga un daño.

Otra referencia de gran valor se aprecia en la novela Doña Bárbara de Rómulo Gallegos escritor nacido en Caracas, Venezuela. Esta obra escrita con singular maestría es un libro presidido por la presencia imponente de un paisaje hermoso, misterioso y salvaje, que pauta la conducta de los seres humanos y determina sus reacciones describiendo un lugar como la sabana, el llano, la selva.

Doña Bárbara una mujer con grandes traumas y frustraciones como consecuencia de haber sido violada por un grupo de canallas se hizo poseedora de una gran riqueza en terreno y ganado. En materia pasional cohabitaba con quien quería a su antojo y deseo, pero los designios del destino son inescrutables e impredecibles.

Se enamoró de un joven hacendado, un hombre educado llegado de la civilización europea que decidió hacerse cargo de su heredad y se aposentó en sus tierras, vecinas de la propiedad de Doña Bárbara quien tenía una hija que también se prendó de este y a quien el prefería.

La madre, celosa, decidió darle muerte a su descendiente para quedarse con el objeto de su corazón y le apuntó con un revólver, pero en el último instante cuando iba a apretar el gatillo bajó su mano derecha hacia el suelo y le dijo a su hija: «es tuyo, espero que te haga feliz». 

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