Por Ángel Sención
Hoy no se trata de repetir cifras atractivas ni de leer informes maquillados. Se trata de hablar con franqueza de la realidad que enfrentan a diario los residentes de cada barrio de Santo Domingo Este, una realidad que contrasta con la imagen de progreso, organización y eficiencia que se proyecta desde la alcaldía.
Mientras los reportes oficiales describen avances y planificación, en las calles se vive otra historia. Calles deterioradas, caos cada vez que llueve y un tránsito fuera de control forman parte del día a día de miles de ciudadanos. La pregunta surge de manera inevitable: ¿de qué avance se habla cuando persisten los hoyos, el lodo y el abandono?, ¿de qué orden, cuando el municipio colapsa ante la primera lluvia?
La percepción ciudadana es clara: Santo Domingo Este no está organizado, sino improvisado. Se anuncian cientos de obras, pero la gente continúa caminando entre basura acumulada y soluciones mal planificadas. Contenedores colocados sin criterio, calles bloqueadas y decisiones que, lejos de aliviar los problemas, los agravan, son presentadas luego como logros de gestión.
A esto se suma una creciente sensación de inseguridad. En los sectores se percibe un aumento de la delincuencia y un temor que se instala en la vida cotidiana. El municipio no transmite control ni autoridad, cuando un ayuntamiento no solo administra, sino que también debe imponer orden.
El tránsito es quizás el reflejo más visible de esta falta de planificación: vehículos públicos que se detienen donde quieren, tapones interminables y calles convertidas en un caos permanente. La ciudadanía se pregunta dónde quedó la planificación, la autoridad y el respeto por quienes viven y transitan el municipio.
Gobernar no es anunciar, es resolver. Y hoy existe una brecha evidente entre el discurso oficial y la experiencia real de la población. Se realizan reuniones, asambleas y levantamientos de datos, pero los problemas persisten intactos, afectando a los mismos de siempre.
Esa distancia entre la gestión y la calle tiene un nombre: desconexión. Santo Domingo Este no necesita más discursos ni publicidad, ni cifras que no se reflejan en la vida diaria. Necesita calles en condiciones, seguridad en los barrios, orden en el tránsito y una verdadera planificación de ciudad.
Porque, al final, la gente no vive en los informes. Vive en las calles. Y hoy, las calles hablan con claridad: este municipio necesita rumbo, orden y una gestión que deje de improvisar y empiece a resolver.





