Moscú / Tallin.– El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, advirtió este domingo a Estonia sobre las consecuencias de un eventual despliegue de armas nucleares de países aliados de la OTAN en su territorio, asegurando que Rusia respondería de manera proporcional para garantizar su seguridad nacional.
“Si hay armas nucleares en territorio estonio dirigidas contra nosotros, entonces nuestras armas nucleares apuntarán contra Estonia. Y Estonia debe tenerlo claro”, declaró Peskov al periodista Pável Zarubin, en medio del creciente debate europeo sobre la disuasión nuclear frente a Rusia.
El vocero presidencial ruso aclaró que Moscú no está amenazando directamente a Estonia ni a otros países europeos, pero enfatizó que “Rusia siempre hará lo que sea necesario para garantizar su propia seguridad, especialmente en materia de disuasión nuclear”.
Las declaraciones de Peskov se producen luego de que el ministro de Relaciones Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, afirmara que su país estaría dispuesto a albergar armas nucleares de un aliado si así lo decide la OTAN dentro de sus planes de defensa. “No nos oponemos a traer armamento nuclear a nuestro territorio si la Alianza lo considera necesario”, sostuvo el canciller báltico.
¿Europa rompe el tabú nuclear?
El planteamiento estonio se suma a una serie de declaraciones recientes de líderes europeos que han reabierto el debate sobre el papel de las armas nucleares en la seguridad continental, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania, la tensión con Rusia y el enfriamiento de las relaciones transatlánticas.
El presidente francés Emmanuel Macron fue uno de los primeros en impulsar esta discusión al anunciar la apertura de un debate estratégico sobre la extensión del paraguas nuclear francés a sus aliados europeos, a solicitud del canciller alemán Friedrich Merz.
En la misma línea, el primer ministro polaco Donald Tusk declaró que Polonia debe aspirar a las capacidades militares más avanzadas, incluyendo armas nucleares, mientras Alemania evalúa conversaciones con Francia y el Reino Unido para quedar bajo su protección nuclear.
Este giro en el discurso europeo plantea interrogantes sobre el futuro del equilibrio estratégico en el continente y el riesgo de una nueva carrera armamentista, en un escenario donde la disuasión nuclear vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional.







