Réquiem para un amigo: Rafael Zapata

Por: Jhonny González

Lo conocí en la Caracas de los cálidos atardeceres y en medio de los afanes propios de una comunidad que se multiplicaba a diario, atraída por las bondades económicas que ofrecía aquella Venezuela del boom petrolero. Su carácter taciturno no ocultaba una mirada inquisidora y una aguda perspicacia para hacer un juicio certero sobre su interlocutor en un breve transcurrir de una conversación amena.

Se convirtió en un experto corredor de seguros, profesión que adoptó a su arribo a la tierra de Bolívar. La ciudad de los techos rojos y de brisa fresca fue su amor a primera vista. Ni los avatares de la política ni los cambios en el estilo de vida de la Sultana del Ávila, lograron intimidar en lo más mínimo ese sentimiento que lo ató siempre a la Sucursal del Cielo, tal y como, orondos, los venezolanos se refieren a su hermosa capital.

Coincidimos en la conformación del equipo político, integrado por Rafael Alcántara, Dinorah Contreras, Rafael Zapata, Beleida Saint-Hilaire de Álvarez, Jhonny González, Antonio Veras, entre otros dirigentes, que promovió el proyecto PRD-Venezuela, con la anuencia del doctor José Francisco Peña Gómez, quien para la época -la década de los 90- nos autorizó, oficialmente, a actuar en nombre del Partido Revolucionario Dominicano en el país suramericano, que contaba con una comunidad que rondaba los 200 mil dominicanos, una cifra nada despreciable para una organización política dominicana, en el exterior.

En medio del debate político, descubrimos algunas facetas de Zapata, como le llamamos siempre, como cierto ímpetu ante la impotencia de no poder imponer su criterio, pero que no llegaban al límite de hacerlo perder la compostura. De la actividad política saltamos al mundo diplomático y compartimos funciones en la embajada de la República Dominicana en la República Bolivariana de Venezuela; él, como Agregado Comercial y, un servidor, como Primer Secretario.

Recuerdo que asumió su tarea en la embajada con tal ahínco que promovió, junto a destacados empresarios dominicanos radicados en el país, la creación de la Cámara Venezolana-Dominicana de Comercio (CAVEDOM), de la cual hizo su estandarte hasta el último de sus días. En Cavedom está inscrito su legado. Son incontables las misiones de empresarios venezolanos que visitaron la República Dominicana en busca de oportunidades de negocios a través de Cavedom, bajo la dirección de Rafael Zapata.

Quizás fue un iluso al creer en los fariseos de la política dominicana. Murió esperando un nombramiento que nunca llegó de parte de sus consortes del PRM. “Solo les voy dar este año, sino me declaro agente libre”, me dijo pocos días antes de la infausta noticia de su fallecimiento, justamente en Caracas, el gran amor de su vida.
El autor es licenciado en Estudios Internacionales, ex diplomático, periodista y
catedrático.

 

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