Ramón Orlando consagra con éxito histórico sus 50 años en el Centro Olímpico

Por ALEX QUEZADA

Contra todos los pronósticos e incluso las dudas que flotaron entre productores, relacionados y conversaciones de amigos, la convocatoria del pianista, cantautor, productor y director de orquesta, Ramón Orlando Valoy, al Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, de Santo Domingo, consagró un rotundo éxito el miércoles 23 de septiembre de 2026.

Tras varios meses de promoción y un extenso periplo de entrevistas y participación en diversos medios de comunicación, Ramón Orlando lideró y logró aglutinar talvez el más amplio grupo de intérpretes y músicos jamás visto para un evento de ocho horas y ocho minutos de duración, en aquel desafiante escenario, para celebrar sus 50 años de carrera musical.

Apelando al impacto imperecedero de múltiples canciones, muchas de ellas de su autoría, y que son parte de la nostalgia y memoria emocional de millones de personas dentro y fuera del país, el protagonista y sus invitados lograron convocar y conmover una cifra estimada en más de 50 mil personas.

Fue en 1975 cuando Cuco Valoy decidió darle un giro y ampliación al dúo Los Ahijados, que componía con su hermano Martin, mayoritariamente enfocado en el Son. Así nacieron Los Virtuosos, que poco después se denominaría La Tribu, y para el cual su hijo Ramón Orlando Valoy García (n. 29.07.1959), egresado del Conservatorio Nacional de Música, se ocuparía del piano y composiciones, y se sumarían los jóvenes vocalistas Raulín Rosendo y Henry García. En lo adelante, con diversos géneros, llegarían paginas musicales que son parte de la historia del arte nacional y más allá.

A las 8:00 p.m. se cumplió con la hora puntual de inicio, con las dos pantallas laterales mostrando un audiovisual de aproximadamente siete minutos, que resumía una aproximación a la prolífica y exitosa historia del festejado, quien, tras breves palabras de bienvenida, abrió formalmente el evento, vocalizando el intro de lo que apreciamos como un grito de batalla, al despegar con el tema Weo! e inmediata complicidad de la audiencia; seguido de Tu mujer (ambos de Melvin Rafael), y cerrando la tripleta con No hay nadie más, de su autoría. En el instante de la segunda canción nos asaltó la inquietud de la presencia o no del vocalista Peter Cruz, lo que se disiparía más adelante.

La orquesta no tardó en mostrar su compactación y solidez, en donde el bajo se exhibió como un elemento omnipresente y punzante; salpicando cada tema de fases de funk, como si estuviese llevando un discurso muy particular.

Recibido con la emoción del público, llegó el siempre inquieto puertorriqueño Elvis Crespo con Suavemente, el más trascendental tema de su autoría. A seguidas, fue momento para un intérprete de la factoría Valoy, destacable por su inconfundible voz, Feni Ortiz, con Gotas de pena (Frantoni Santana).

Ya con el público entrando en calor y de pie, se desataron los conatos de parejas bailando en varios puntos de pasillos; siendo notoria una concurrencia joven que no vivió muchos de esos temas en sus años de publicación, pero quizás por influencia de sus padres, talvez muchos presentes allí, han recibido su afición como legado.

Los siguientes en subir a tarima fueron Miguel Miguel con Esa paloma que voló (Camilo Blanes); Ray Polanco con Recuerdos de Ypacaraí (Demetrio Ortiz) y Carlos David con Dame tu querer (Paco Cepero)

El festejado retomaría la voz cantante para brindarnos Si tu piensas que no te amo, al que se unió Eddy Herrera; y preparando el ambiente para recibir tres versiones de temas de diferentes orígenes y que fueron vestidas de merengue: me refiero a Sergio Vargas con Si algún día la ve (del francés Francis Cabrel); Fernando Villalona con Sé que te perdí (del paraguayo Mauricio Cardoso) y Eddy Herrera con Tu eres ajena (original en bachata, del dominicano Alejandro Montero Lorenzo) En este bloque, el denominado Negrito de Villa retornaría con su tema No eres una más (R. Orlando)

A seguidas, se encendieron los brazaletes multilumínicos entregados a la entrada, y aquella masa humana simbolizó una inmensa Bandera Nacional, al iluminarse de azul los ubicados en la grada Este; de rojo los de la grada Oeste y de varios colores los de terrero, como preámbulo al tema Dominicano soy en voz y presencia de Fernando Villalona, para un doble play que de inmediato dio paso a Mi pueblo (versión de El hijo de Patillal, del colombiano José Fdez. Maestre)

Ya con un público lo suficientemente cálido y un cielo despejado, el anfitrión empezó a dar pistas del siguiente invitado: “Le agradezco tanto a Dios, en una noche tan especial, con el que viene a llenar esta tarima con su música, con sus letras irrepetibles. Esta es una noche muy grande para mí. No se había podido dar en mucho tiempo, de yo tener el privilegio de compartir con uno de los artistas más grande, vuelvo y repito, que ha dado el universo de la música; y lo mejor es que también, como yo, le sirve a Jesucristo.” 

Las referencias fueron reveladoras, y los acordes del tema Las avispas elevaron las emociones para recibir a un Juan Luis Guerra alegre y en franca camaradería con el inmenso pianista, uniéndose a este por un instante para unos pasos de baile. Son los dos gigantes que se alzaron con el premio Soberano de 1992, máximo galardón del arte nacional, en un empate que todavía hoy motiva debate. ¡Cuánta calidad! El líder de 4-40 también nos brindó su éxito La bilirrubina. 

Tras esto, la factoría Valoy tomaría el escenario para exponer otros cuatro de sus éxitos. Gaby Arias se encargó de Hay algo en ella (Ray Girado); Feni Ortiz retornó con Más (R. Orlando); Peter Cruz abordó Cometa blanca (Ignacio Román); y Henry García, la emblemática composición de Ramón Orlando, Te quiero. 

El ambiente estaba listo para recibir la primera vocalista en escena, y no podía ser otra más que Milly, y lo hizo a dúo con Ramón Orlando, con Para darte mi vida (Víctor Víctor) Como metáfora, la energía liberada coincidió con un breve fallo en la pantalla izquierda y el asomo de una nube pasajera que se insinuó con una casi imperceptible y brevísima llovizna, que se disipó, al igual que la situación de la pantalla, tras cortas palabras de la intérprete para el Maestro festejado y con la euforia del tema Entre tu cuerpo y el mío…Solo contigo (Gustavo Márquez)

Siendo las 9:40 p. m., y con el arribo de Henry Jiménez ocupándose del piano, tras la Reina del merengue, la siguiente dama no podría ser otra más que La Diva, Miriam Cruz, con el tema La loba, para luego dar paso al intrépido y enérgico arreglo de Jiménez para La carnada, ambos temas autoría de Ramón Orlando.

A seguidas un segmento espiritual se desarrolló en dos tonos, con Ramón Orlando interpretando A tu trono, que fue alfombra para recibir, a las 10 en punto de la noche, a una figura que, a mi entender, no sé si calificarla como espiritual o merenguera de calle; me refiero al torbellino de Martha Candela, que alborotó todo el estadio con su indiscutible carisma y su canción El candelero.

Tras esa canción, la energía desparramada fue propicia   para recibir a otro torbellino, al electrizante Freddy Kenton, radicado en Puerto Rico, con el tema más longevo de todo el repertorio de la noche, el clásico Caña brava (de Toño Abreu, con su factibilidad de absorber trepidantes fases como sucedió)

Este sería seguido por Javish Victoria y Chucky Acosta, líderes del Conjunto Quisqueya -banda que también cimentó su trascendencia desde la Isla del Encanto. En su tema Felicítame (C. Hernández y C. Acosta) los vocalistas confrontaron breve pifia en los micrófonos, que fueron resueltas segundos después; misma suerte que afrontó el intérprete que le sucedió, Richie Cepeda, con su icónico ¡Ay doctor! (de Bonny Cepeda), en el cual los saxofones dominaron la escena, previo al dúo de Ramón Orlando y Mariano Lantigua (Aljadaqui) a ritmo de merengue con No voy a volver a llorar.

El retorno de Miguel Miguel con Mira cómo están mis ojos (R. Orlando), sirvió de preámbulo para recibir a Jossie Esteban con Un hombre busca una mujer (del español J. C. Calderón), para luego dar paso al boricua Joseph Fonseca con uno de sus clásicos instantáneos, Que levante la mano; que antecedió otro retorno de Feni Ortiz con Hecha para mi (Gustavo Adolfo)

El bloque de merengues también recibiría a Monchy Capricho, que, con su figura y vestuario casual y colorido, rememoraba una imagen que se resiste al paso del tiempo, abordando su tema Adolescente tu (Amaya Vásquez); y tras este, con el inconfundible intro de saxofón de El virao (de Christopher Valoy), fue sorpresiva la llegada de Tulile para combinar su energía con Ramón Orlando en la vocalización. Mientras el Maestro del piano exhibió varios cambios de vestuarios, el de Tulile sería el más ligero de la noche, parecía venir de echar canastos en alguna cancha callejera.

A las 10:39 p.m. dio inicio el In memoriam, otro segmento  impactante, en el cual, expuestos en pantalla, varias de las figuras que ya emprendieron su viaje sin retorno, resonaron en un compacto medley de éxitos, abordados por otros vocalistas: Por Diomedes llegó Silvio Mora con Esto se encendió; por Raffy Matáis vino su hermano Danny con Quiero saber de ti; por Félix Cumbé llegó Javier Villaman con El gatico; por Benny Sadel vino Rusbelt con ¿Qué pasará?; por Cherito, Adriana Green abordó Si tú no estás; por Henry Hierro hizo presencia su hermano Willie, con Tus besos; por Alex Bueno, Ray Polanco trajo Amor divino; seguido por Zulinka y Miguel en tributo a Rubby Pérez con De color de rosa. El bloque fue cerrado por Rubby en pantalla, con una breve versión a capela de Volveré. La mezcla de emociones fue total.

Sobre el bloque recién transcurrido, Ramón Orlando expresó palabras de agradecimiento por el aporte de los ausentes, e introdujo a la siguiente dinastía que arribaría a tarima, los Hermanos Rosario que, con su habitual estilo enérgico, ejecutaron, en una alineación de padre, hijo y tíos, cuatro de sus éxitos: Rompecintura, Bonifacio (que se nutrió del clásico Los algodones y otras fases, para luego retomar su carril) Una transición sirvió para recibir a Rafely con breves versos de La camisa negra, seguido por La dueña del swing.  

La siguiente tripleta fue por igual enérgica; introducidos como un Tsunami, en palabras de Ramón Orlando, subieron al mismo tiempo a escena, Peña Suazo, Kinito Méndez y Pochi Familia, para combinarse en sus éxitos Yo sé que Dios me tiene a mi lo mío, El baile del sua sua, Párteme el corazón, Mi mujer me gobierna, Cachamba, Hay un hoyo y Los hombres feos, temas que pusieron de pie a toda la concurrencia y bajo sus aplausos, tanto estos intérpretes en nombre de la Sociedad General de Autores -SGACEDOM-, como una representación de la Oficina Nacional de Derechos de Autor -ONDA-, entregaron sendas placas de reconocimiento al festejado pianista.

“Lo que viene a continuación son los hijos, son la herencia de alguien a quien le debemos todo en el Merengue”, fueron las palabras del anfitrión, siendo las 11:48 p.m. cuando se procedió a cerrar este gran bloque de merengues, con la llegada de Jandy y el Legado de Johnny Ventura, precedido por imágenes y audio del inmenso Caballo Mayor, con breve narración sobre el nacimiento del Merengue conjuntamente con el nacimiento de la Patria.

De inmediato, se desarrolló en tarima un compacto medley con Merenguero hasta la tambora, El cuabero, Me tiene enredao, Cabo e’vela y Mami. Tras palabras de agradecimiento de parte de Jandy, la banda preparó su alfombra musical para retirarse.

Seis minutos después de la medianoche comenzaron a sucederse otros diversos géneros y estilos, cuyos exponentes también vinieron a festejar la noche del inmenso Maestro. El género urbano hizo un primer descenso con Mozart La Para.

“Rompan fila que llegó lo bueno”, parecía presagiar el mini-biopic en pantalla, previo a la apertura del bloque de salsa reservada para Cuco Valoy, orgulloso padre del festejado, a ritmo de Pasito colombiano. A su llegada, Cuco también confrontó problemas de micrófono; su hijo le cedió el suyo y el tema entró en su carril. Para el mismo, Henry García, con cambio de vestuario se encargó del güiro y los coros con Ramón.

Para el siguiente corte, con la frase “ataca Sergio..!!”, se cedió el teclado al compositor y productor Sergio George, para acompañar a Cuco en su legendario Juliana y fue cuando el sonido salsero encontró robusta solidez; donde cada instrumento, cuero o metal sonó con pasmosa fuerza y nitidez.

El bloque prosiguió con Jura Valoy, hijo de Ramón, en una joven propuesta de diversos ritmos latinos que en pocos meses ha causado grata impresión. En esta ocasión, con su versión del tema, ejecutado en tarima, En la oscuridad, de Rafael Solano. El joven pianista se hizo acompañar de los también vocalistas Mente Abierta y John Salgado.

A las 12:52 a.m. el teclado pasó a manos de Juan Valdez para recibir a Michel El Buenón con dos temas (Cuando los sapos bailen flamenco y Mi primavera); sucedido por Sexappeal (Esta noche y Mal o bien) y José Alberto El Canario (Amada mía y Bailemos otra vez)

En lo adelante, fue momento para que el género urbano hiciera su segunda entrada con Chimbala y varios temas, con un instante jocoso ante su rechazo del humo que, a su entender, “opacaba” la exhibición en toda plenitud de su figura (cuestión de estatura).

Tras esto, se dio paso al bloque de baladas que, a partir de Las mil maneras, mostraron a Ramón Orlando ante un piano de cola de intenso color blanco, en sublime complicidad con invitados de la talla de Maridalia Hernández, Pavel Núñez, Melina León, Martha Heredia, Mary Eme, Natalie Hazim, Steffany Contanza, y el Mariachi Sol de México, lo que constituyó una especie de recital aparte, con varios de los temas que en décadas atrás Ramón concibió a dúo con Milady Merete.

Luego prosiguió el bloque del merengue típico, a cargo de El Prodigio, Krispy, Robert Liriano y El Blachi. Y como si no fuera poco la energía derrochada y recibida, aún faltaba el bloque del Merengue de calle, que llegó con Raúl Acosta & Oro Solido, Tito Swing, El Sujeto (con tres temas de Tito Rojas versionados en su muy particular estilo), y el cierre del bloque a cargo de Omega.

Tanto Tito Swing como Sujeto hicieron mención del percance de salud de su colega Julián Oro Duro, quien, según sus palabras, estaba supuesto a estar presente en este evento.

A seguidas la bachata se hizo presente con la figura de Frank Reyes avanzando al escenario a las 3:47 a.m., apoyado en un medley instrumental en tono de merengue de temas propios y ajenos de corta duración, antes de abordar tres piezas, no sin antes presentar un percance en su micrófono que fue resuelto segundos después y coronando con ¿Quién eres tú?

Serían las 4:02 a.m. cuando la erupción de los fuegos artificiales marcó el inicio del final, con Ramón Orlando retornando con palabras de despedida y dando inicio a su icónico y provocativo tema El Venao. Así, parte de la impresionante masa humana que permaneció hasta ese momento, empezó a retirarse mientras sus cuerpos y sobre todo sus manos, gesticulaban en torno a la temática de la canción que concluía una noche inolvidable para la historia musical de República Dominicana.

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