Por ISAAC FELIZ
En política se ha convertido en un axioma la idea de que el poder no se transfiere. A menudo, quien cede el mando termina siendo marginado por aquel a quien ayudó a llegar. Los ejemplos sobran.
No es necesario profundizar demasiado en ese episodio, pero sí vale señalar (aunque sea de manera superficial) algunas de las acciones emprendidas por Medina para debilitar a su antiguo aliado.
Algo similar podría estar ocurriendo hoy. En el año 2016, Hipólito Mejía le abrió las puertas a Luis Abinader. Fue un gesto determinante. Le allanó el camino dentro del partido, lo impulsó públicamente y le dio el empuje necesario para convertirse en administrador de la cosa pública.

Hoy, a cinco años de la llegada del PRM al poder, el partido oficialista transita por un camino abundante en flores, donde las alabanzas y el alarde se convierten en el pan nuestro de cada día. Sin embargo, en medio de ese paisaje de aparente armonía, todo indica que se fragua un plan desde el sector de Abinader para relegar a Hipólito y todo lo que a él se parezca en el partido de gobierno.
¿Por qué?.
Juan Bosch, maestro de la política dominicana, decía que en la actividad política hay cosas que se ven y otras que no se ven; y que, muchas veces, lo que no se ve es más importante que lo que está a la vista. Bajo esa premisa, podemos intuir que hubo un acuerdo entre Hipólito y Luis para repartirse cuotas de poder tanto en el partido como en el gobierno.
No es casual que Carolina Mejía fuera electa secretaria general del PRM, ni que figuras cercanas a Mejía ocuparan posiciones relevantes en el aparato estatal.
Además, se asumía que, tras culminar su mandato, Abinader devolvería el favor político, respaldando al sector de Hipólito, muy posiblemente apoyando a su hija. Eso sería lo natural.
Incumplimiento
Pero todo indica que ese compromiso no se cumplirá. Se comenta que la figura preferida de Abinader para la sucesión es la actual vicepresidenta, Raquel Peña. A la vez, las encuestas señalan a David Collado como el favorito para ganar la candidatura presidencial interna, en todo caso, no lo sería la personera del Hipolitismo. Y por si fuera poco, circulan informaciones de que se pretende quitar la Secretaría General al equipo de Hipólito.
¿Pero para qué?
Se sabe que Abinader será el nuevo presidente del partido, y desde ya se mueve para asegurar el control total del PRM. Así, aunque no vuelva a postularse a la presidencia de la República, podrá seguir dirigiendo desde las sombras, con todo el poder concentrado en sus manos.
Finalmente, surge una pregunta inevitable: ¿permitirá Hipólito su desplazamiento y el de su entorno?






