Por JHONNY TRINIDAD
Cada año, República Dominicana gradúa médicos, ingenieros, programadores y maestros que seis meses después están haciendo maletas. No es una anécdota: es un patrón. La fuga de cerebros ya no es solo hacia Nueva York o Boston; ahora es a Madrid, Toronto, Berlín y Santiago de Chile.
POR QUE SE VAN?
Salarios que no alcanzan. Un médico general en el sector público ronda los RD$50,000 mensuales. En España, un MIR empieza por €2,300. Un ingeniero de software junior gana RD$60,000 en Santo Domingo y US$5,000 remoto para una firma en Austin. La diferencia no es lujo. Es la posibilidad de alquilar sin vivir con los padres a los 30.
Techo de cristal institucional. En el Estado y en muchas empresas privadas, el ascenso depende del apellido o del carnet del partido. El mérito compite contra el “tú sabes quién me recomendó”. El profesional joven prefiere competir en un mercado donde el currículum pesa más que el padrino.
Inseguridad y servicios públicos. Nadie se especializa diez años para que le roben el carro saliendo de la clínica o para que sus hijos estudien sin agua en la escuela.
La violencia y el colapso de servicios básicos empujan decisiones familiares, no solo individuales.
Acceso a formación continua. Las becas MESCyT ayudan, pero son pocas y tardan. Mientras, Canadá y Alemania abren visas de talento en 30 días.
El profesional no emigra solo por dinero: emigra por la certeza de que allá puede seguir creciendo.
LO QUE PIERDE EL PAIS
No son solo manos. Se va la inversión que hizo el Estado en UASD, INTEC o PUCMM. Se va el médico que iba a cubrir una guardia en San Juan, el ingeniero que diseñaría el acueducto de Sabaneta, la maestra bilingüe que necesitaba la escuela de Villa Mella.
Según la OCDE, República Dominican pierde cada año más de US$200 millones en capital humano formado que no retorna.

LA DOBLE NARRATIVA
El mismo gobierno que celebra las remesas récord de US$10,000 millones al año es el que mantiene un mercado laboral que expulsa a quien puede generarlas.
Celebramos al “dominicano exitoso en el exterior” y olvidamos preguntar por qué no pudo tener éxito aquí.
QUE HACER ANTES DE QUE SEA TARDE
– Escala salarial competitiva en sectores críticos. No se retiene a un intensivista con discursos. Se retiene con RD$150,000, equipos en el hospital y seguridad para ir a su casa a las 2:00 a.m.
– Ventanilla única para retorno. El programa “Retorno Productivo” debe dejar de ser un folleto. Exoneración real de impuestos para traer equipos, acceso a crédito y plaza garantizada en el Estado por dos años al profesional que vuelve.
– Convenios país-empresa. Si Microsoft o Roche quieren instalarse, que el incentivo fiscal venga amarrado a salarios mínimos en dólares y a transferencia tecnológica. Así el talento se queda sin tener que salir.
– Despolitizar el empleo técnico. Director de hospital, encargado de IT en la DGII, supervisor de obras: por concurso, no por decreto. El profesional se va cuando entiende que su jefe será siempre un político sin competencia.
La diáspora profesional no es traición. Es un síntoma. Mientras el país trate a sus mejores cerebros como mano de obra barata o como amenaza, el aeropuerto seguirá siendo la empresa que más “contrata” talento dominicano.
El reto no es impedir que se vayan. Es lograr que quieran quedarse. Y para eso, el país tiene que ofrecer algo más que bandera y bachata.






