OPINIÓN: El retorno del deportado

Por JHONNY TRINIDAD

El deportado vuelve en silencio. No hay recibimiento en el aeropuerto. No hay abrazo del Estado. Solo esposas que se quitan, un bulto en la mano y una pregunta que quema: “¿Y ahora qué?”

Estados Unidos lo sube a un avión. República Dominicana lo recibe con indiferencia. Y la sociedad lo marca con el dedo: “Ese es deportado”. Como si fuera una enfermedad.

Pero el deportado es dominicano. Nació allá, o se crió aquí. Cantó el himno, jugó pelota, comió mangú. Cometió un error, pagó cárcel, y ahora paga doble: con el destierro y con el estigma.

Lo deportan y República Dominicana lo tira al abandono. No hay programa serio de reinserción. No hay empleo, no hay terapia, no hay seguimiento. Lo sueltan en el AILA y “búscate la vida”. ¿Qué vida? Si salió de República Dominicana a los 5 años, no conoce a nadie. No sabe coger una guagua. No tiene acta, no tiene cédula, no tiene dirección.

Y entonces nos sorprendemos cuando vuelve a delinquir. ¿Qué esperaban? El Estado lo empuja al hoyo y luego se queja del muerto.

El autor es periodista. Reside en Nueva York.

El deportado no es solo el que vendió droga. También es el que se pasó un semáforo en rojo, el que manejó sin licencia, el que tuvo una pelea hace 15 años.

Biden y Trump ampliaron la lista. Deportan por cualquier cosa. Y República Dominicana recibe 200, 300 al mes. Callados, rotos, sin plan.

Mientras tanto, el Gobierno habla de “mano dura” y “cero tolerancia”. Mano dura para el que vuelve, pero mano blanda para el que nunca se fue y atraca en un motor. Cero tolerancia para el deportado, pero tolerancia total para el funcionario corrupto que lo deja sin oportunidades.

¿Qué debería hacer RD? Tres cosas:

1. Recibir con dignidad. Oficina en el aeropuerto. Registro, orientación, contacto familiar. Que sepa que llegó a su país, no a un solar baldío.

2. Dar identidad. Cédula express, acta de nacimiento, acceso a salud. Sin papeles no existe. Y un hombre que no existe, no tiene nada que perder.

3. Dar oportunidad. Empleo, cursos técnicos, microcrédito. El que aprendió plomería, electricidad o barbería en la cárcel de EE.UU., que lo ejerza aquí. Mejor que trabaje a que robe.

¿Y nosotros, la sociedad? Dejar la doble moral. Celebramos al pelotero que firma en dólares, pero escupimos al que ICE mandó de vuelta. Los dos son hijos de República Dominicana. Uno tuvo suerte. El otro no.

El deportado vuelve herido. Con vergüenza, con rabia, con miedo. Si lo abrazamos, se reintegra. Si lo empujamos, se pierde. Y cuando se pierde, nos perdemos todos.

El avión seguirá llegando. Dos o tres por semana. Llenos de dominicanos sin futuro. República Dominicana tiene que decidir: o los rescata, o los convierte en su próximo problema de seguridad.

Deportar es fácil. Reinsertar es patria. Y de eso, nos falta mucho.

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