Por JAVIER FUENTES
La política se arruga más por dentro que por fuera, y los jóvenes lo saben.
Cuando en el PRM se habló de juventud, me preocupé. Y no fue por prejuicio, sino por percepción. Con sinceridad, usted lo cuenta y quizás termina asombrado.
Pero al observar las reuniones de las dirigencias del PLD y Fuerza del Pueblo, medité con asombro: ¡qué rápido la salida del poder envejece!
Están ancianos, incluso más que los del gobierno. Y eso que de tanto tiempo -PRD-PRM- en la oposición, la piel se les pegó como la de un cocodrilo.
Pero sus opositores tampoco se salvan: andan como iguanas, feos, arrugados y jorobados. ¡Oh Dios!
Este panorama, más que un cuento o anécdota, es un síntoma preocupante. Al ritmo que van, en tres años muchos de los dirigentes que hoy comandan esos partidos —si están vivos— andarán con carritos ortopédicos y muletas. Y no es burla, sino evidencia de una vejez institucional que ha superado lo biológico.
Porque el problema no es la edad del cuerpo, sino la incapacidad de regenerar ideas, de renovar métodos y de abrir paso a lo nuevo.
Es como si el tiempo en la oposición no se hubiera usado para reconstruirse, sino para aferrarse más al pasado.
Por eso es inevitable la gran pregunta: ¿tienen futuro estos partidos? ¿Tendrán relevo en Nueva York ? Porque no basta con organizar un congreso, cambiar la dirigencia ni con abrir una escuela de formación. El relevo no es pintar de joven una estructura vieja.
Es transferir poder real, abrir el juego político, desmontar las prácticas desfasadas y apostar por el pensamiento crítico y reflexivo. Y eso no se hace con discursos, sino con decisiones firmes y prácticas coherentes.
Los jóvenes lo saben. Por eso no se arriesgan a hipotecar su futuro en instituciones donde el grito colectivo en redes, calles, restaurantes, radio y televisión es uno solo: “los políticos no cumplen”.
¿Qué joven con formación y dignidad va a entregar su presente a una maquinaria que ni lo escucha ni lo representa?
¿Quién quiere ser fichado como un cuadro político, para durar veinte años esperando ser reconocido si, en menos tiempo puede convertirse en emprendedor digital, consultor internacional o profesional autónomo?
La brecha no es solo ideológica, es económica. Un joven profesional, o con un asociado del college puede empezar ganando 30 o 40 dólares la hora. Esos son 80 o 100 mil al año, sin sumar overtime y beneficios.
Mientras tanto, aquí, en un partido a un joven se le pide lealtad, trabajo, aguante y silencio… a cambio de nada.
¿Quién puede competir con esa realidad?
Con esta comparación, el joven que migra es un príncipe. El que se queda, un mártir.
Y aún así, a pesar de todo esto, muchos jóvenes quieren participar y aportar a su país de origen. Pero no encuentran espacios. No abren el instrumento político por egoísmo, estrechez de mira y miedo a ser desplazados.
El desplazamiento es una ley natural y filosófica que irreversiblemente se tiene que cumplir.
Los partidos siguen hablando de futuro con lenguaje del pasado. Reuniones de comité, estructuras cerradas, prácticas clientelistas. Mientras los jóvenes viven en la nube (IA), los partidos — dirigencias— siguen en el archivo (analógico). Pretenden formar liderazgos con los mismos métodos que fracasaron —falsas encuestas, anulaciones de primarias y dirigencias por selección de dedos— en inspirar a los suyos. No es rebeldía generacional. Es cansancio en la cultura política.
La Juventud no es un grupo etario. Es una lógica diferente. Es acción descentralizada, es creatividad sin permiso, es liderazgo horizontal. Es comunidad antes que jerarquía. Por eso los partidos, como están hoy, no caben en la mente de los jóvenes. No los rechazan por moda, los abandonan porque no les sirven. Quieren transformar, no repetir. Y para eso, el partido debe ser medio, no fin en sí mismo.
El liderazgo del Dr. Peña Gómez, se consideraba: segun la definición de Kimball Young compromisario y democratico. Y Peña Gómez habló siempre de lo mejor de lo viejo y de lo nuevo, recordándonos una de la famosa ley filosófica.
¿Qué ven los jóvenes? Que la política dejó de ser vocación de servicio para convertirse, en botín de ($).
Por eso existe la queja generalizada entre las dirigencias de los partidos sobre “maltrato”. Lo que preocupa, es que, aun así, los partidos no se reinventan. Siguen esperando que el sistema les devuelva lo que no sembraron. Y lo más peligroso es que no se preparan para ceder.
Sin relevos reales, lo que viene es el vacío. Los partidos que no renuevan cuadros terminan por repetirse hasta desaparecer. Cada comité político sin renovación es un fósil en formación. Y cada joven decepcionado es un voto que se esfuma o se radicaliza.
El abstencionismo no es apatía: es castigo a una dirigencia política que no ha sabido evolucionar.
Paradójicamente, los partidos que más tiempo pasaron en el poder son hoy los más viejos en ideas, rostros y métodos.
El cansancio no viene solo del poder. También de la oposición sin propuesta que erosiona el sistema.
Porque sin partidos activos, el país no tendrá institucionalidad democrática, sino improvisación autoritaria.
La juventud dominicana no es apática. Es lúcida. No quieren promesas; quieren participación.
No quieren oficinas; quieren poder decidir. No quieren migajas; quieren estructuras donde su voz tenga el mismo peso que la de cualquier “dinosaurio político”. Porque quien tiene futuro no se arrastra.
Si los partidos no lo entienden, se convertirán en coros geriátricos, reuniéndose para contar historias de cuando la política sí movía corazones. Y los jóvenes los verán como se ve un álbum de fotos viejo: con ternura, pero sin ganas de estar ahí.
Lo que no se renueva, muere. Y lo que no escucha, se vuelve irrelevante. La política no es una excepción.
Los jóvenes no están esperando ser invitados: están creando sus propios caminos. Y si los partidos no les abren la puerta, se quedarán solos tocando campanas en iglesias vacías, mientras la historia se escribe en otra plaza, con otro idioma, en otro código.
Los partidos deben decidir si quieren seguir pertrechados en la mezquindad o ser parte del futuro o embalsamarse en la nostalgia de anécdotas mirando fotos…
Después no digan que llegó el lobo!!





