Esenciales para que NY funcione, pero invisibles cuando decide

Por JHONNY TRINIDAD

Hay una contradicción que define la vida dominicana en Nueva York y que ya no se puede sostener.

Somos esenciales para que la ciudad funcione, pero invisibles cuando la ciudad decide.

Estuvimos ahí cuando la ciudad se detuvo. En 2020, cuando Manhattan se vació, el Bronx no se vació. Washington Heights no se vació. Corona, Queens, no se vació. Ahí estaban las enfermeras dominicanas doblando turno en Lincoln, en Elmhurst, en Montefiore. Ahí estaban los choferes de la MTA (Autoridad Metropolitana del Transporte), los deliveristas en bicicleta bajo la lluvia, la cajera de la bodega que se quedó abierta, el superintendente que desinfectaba el lobby.

Fuimos declarados «esenciales». Nos dieron un aplauso a las 7:00 de la noche. Y después nos quitaron del guion.

Porque cuando la ciudad decide, no estamos.

Cuando se decide cuánto va a subir la renta de un apartamento de dos habitaciones en Highbridge que ya cuesta US$2,400, no estamos.

Cuando se decide si cierran la escuela pública 128 o si le quitan fondos al programa bilingüe, no estamos.

Cuando se decide el presupuesto para vivienda asequible, para guarderías, para el cuidado de nuestros viejos que trabajaron 30 años limpiando edificios que nunca podrán comprar, no estamos.

El autor es periodista. Reside en Nueva York

Cuando se negocia una reforma migratoria en Washington, se habla de nosotros sin nosotros.

EL VOTO QUE YA NO SE REGALA

Lo que pasó el martes 3 de noviembre debería ser una lección para todos. Una ola azul le arrebató el Congreso a Donald Trump. No fue por un tema abstracto. Fue, como admitió el propio vicepresidente J.D. Vance, porque la gente está harta de pagar guerras lejanas con gasolina cara y de una política migratoria que persigue al obrero y perdona al patrón.

Ese es nuestro cansancio también.

Por décadas, el voto dominicano en Nueva York se dio por sentado. «Es demócrata, seguro». Nos buscan en octubre para la foto en la Parada, para el desfile, para el voto. En noviembre nos olvidan.

Esa época se acabó.

La nueva generación dominicana — la que nació aquí, la que llegó a los 5 años y hoy tiene 30, la que tiene título universitario y deuda universitaria, la que habla inglés sin acento pero sueña en español — ya entendió la regla de oro de esta ciudad: Si no estás en la mesa, estás en el menú.

SI NO ESTÁS EN LA MESA, ESTÁS EN EL MENÚ

Por eso la consigna es clara: «Si no nos representan, nos presentamos nosotros mismos».

Ya no basta con ser la mano de obra esencial. Queremos ser la mente que planifica, la mano que firma, el voto que condiciona.

No queremos solo un congresista. Queremos jueces dominicanos. Directoras de escuela dominicanas. Comisionados de vivienda dominicanos. Dueños de edificios dominicanos, no solo superes. Editores de periódicos dominicanos, no solo la página de la comunidad.

Texas acaba de elegir a Gina Hinojosa, primera latina en gobernar ese estado. California a Xavier Becerra. Son victorias históricas. Pero Nueva York, que tiene la concentración dominicana más grande del mundo fuera de la isla, no puede seguir celebrando victorias ajenas mientras posterga la propia.

Somos casi un millón. No somos una minoría pequeña que pide inclusión. Somos una mayoría que exige poder proporcional.

Ser esencial no puede ser una condena a ser siempre el que sirve y nunca el que decide.

La ciudad funciona porque nosotros la hacemos funcionar a las 5:00 de la mañana. Es hora de que también funcione para nosotros a las 5:00 de la tarde, cuando se toman las decisiones.

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