Por LUIS MARIA RUIZ POU
En el siglo pasado, nuestros ciudadanos, cuando realizaban un negocio que dejaba pérdidas por ser la inversión mayor que los beneficios. Decían que «era más la sal que el chivo», porque el precio de la sal era mayor que comprar un chivo y, en el caso de capar perros, era más el esfuerzo que lo que cobraban. Es decir, ambas expresiones pertenecen a la tradición oral del argot popular dominicano y se utilizan para describir transacciones desastrosas o esfuerzos que terminan costando más de lo que aportan.
«El negocio del capa perros» proviene de una leyenda urbana de la era de Trujillo. Se cuenta que, para controlar la sobrepoblación de perros realengos en la capital, el gobierno contrató a un hombre pegándole un peso por cada perro que castrara («capara»). El problema surgió cuando el hombre intentaba atrapar al canino: los perros mordían, y se escapaban, por lo que el gasto en curaciones, vacunas contra la rabia supera el peso que cobraba por la castración.

Esta metáfora sirve para demostrar las actuaciones de Estados Unidos frente a sus aliados por defender al Estado sionista de Israel, las cuales han embarcado a Washington en múltiples conflictos bélicos. Esta defensa le está saliendo muy cara al imperio norteamericano porque, hasta ahora, todo lo que se ha invertido ha resultado ser «más la sal que el chivo»; esto es, se ha invertido mucho dinero en los conflictos provocados por su protegido desde su creación impulsada por las Naciones Unidas en 1948.
Todo el mundo se pregunta: ¿qué carta tiene Israel debajo de la manga para que Estados Unidos tenga que obedecer a sus mandatos? La pregunta surge porque, en términos geopolíticos concretos, el apoyo incondicional de EE. UU. a Israel lo ha llevado a enfrentarse de forma directa o indirecta con prácticamente la mayoría de la comunidad internacional. Por eso, el respaldo a Tel Aviv también ha generado fisuras con bloques históricamente alineados con Washington.
Más que un conflicto puntual con un número reducido de naciones, la política exterior estadounidense hacia Israel sitúa a Washington en tensión continua con toda la Liga Árabe, el Bloque Islámico, la gran mayoría del Sur Global y sectores clave de la Unión Europea. Además, hoy muchos de sus aliados latinoamericanos se están alejando de la influencia de Washington y acercándose a los brazos de los aliados de China.
Mientras la estrategia de la Casa Blanca bajo el segundo mandato de Trump busca cercar o presionar a la región con medidas arancelarias y de seguridad, la respuesta latinoamericana ha sido diversificar sus alianzas.Tenemos los ejemplos recientes del lado latioamericano: Ecuador, El Salvador, México, Canadá, Brasil, Cuba, Panamá. Argentina, Bolivia.
Los países BRICS
La integración al bloque ampliado de los BRICS, donde China y Rusia actúan como pesos pesados, buscando no depender exclusivamente de la arquitectura financiera de EE. UU., para no depender del dólar, cuya moneda de circulación mundial, se está devaluando y perdiendo confianza. ¡Oh! Ironía de la vida, los países del golfo árabe que eran la garantía del dólar, decidieron no seguir respaldando vía la venta de petróleo que se exige su pago en dólar.
Washington está jugando a la ruleta rusa geopolítica. Mientras insiste en subsidiar un conflicto ajeno que solo le reporta aislamiento, desgaste militar y repudio diplomático, no se da cuenta de que la factura final no se pagará en dólares, sino en la pérdida irreversible de su hegemonía global.
El imperio norteamericano debe recordar la lección básica de nuestras calles: cuando la sal cuesta más que el chivo, el que insiste en el banquete termina en la quiebra.






