Por Danny Pujals
SANTO DOMINGO ESTE. Resulta sumamente preocupante lo que está sucediendo con la justicia en Santo Domingo Este, donde el alcalde Dio Astacio ha estado utilizando estrategias malsanas en contra del comunicador Julio Buitrago, en un claro ejemplo de abuso de poder y manipulación del sistema judicial. Lo que debía ser un proceso transparente y apegado a la ley, se ha convertido en una persecución personal contra un ciudadano que solo ha ejercido su derecho a la libre expresión.
El día de ayer se produjo un hecho indignante: una audiencia judicial en la que, sin el consentimiento ni la notificación adecuada a la parte acusada, se pretendía declarar en rebeldía al comunicador Buitrago. Este acto irregular demuestra la forma en que se está utilizando la justicia como instrumento de intimidación, dejando en evidencia una clara intención de silenciar las voces críticas dentro del municipio.
Lo más alarmante es que en dicha audiencia se encontraban presentes más de 35 empleados de la alcaldía de Santo Domingo Este, todos apostados como un ejército obediente al servicio del poder municipal, en contra de un solo hombre que acudió sin saber que sería juzgado ese día. La imagen fue dantesca: un “David” enfrentándose a un “Goliat” revestido de poder político, recursos y respaldo institucional.
Julio Buitrago, conocido por su firmeza al denunciar irregularidades y defender la transparencia, acudió confiado en que la justicia sería imparcial. Sin embargo, se encontró con un escenario preparado para humillarlo y doblegarlo moralmente. No obstante, la historia enseña que quienes se amparan en la fuerza y el abuso para imponer el silencio terminan cayendo ante la verdad y la justicia divina.
Los seguidores de Dio Astacio deben entender que el poder es efímero y que ningún cargo público puede servir como escudo para atropellar a los demás. Hoy pueden manipular audiencias y utilizar recursos del Estado para fines personales, pero mañana, cuando cambien los vientos, serán juzgados con el mismo rigor que hoy niegan a otros.
La justicia dominicana no puede seguir siendo un instrumento de poder político ni una herramienta de persecución. Debe velar por la equidad, la transparencia y el respeto al debido proceso. Si se permite que este tipo de acciones prospere, se estaría sentando un precedente peligroso que amenaza la libertad de expresión y el ejercicio independiente del periodismo.
Porque, como bien se sabe, los seguidores de la verdad no mienten, y con el tiempo la justicia alcanza a todos. Tal como sucedió con Goliat, la soberbia y la prepotencia tienen su final. El alcalde Dio Astacio podrá creer que ha ganado una batalla, pero la historia siempre termina favoreciendo a los que luchan con dignidad y la verdad como única arma.





