Por Milton Olivo
Las olas rompen con fuerza en el malecón de Costa del Faro, pero el verdadero oleaje se siente en la política. Mientras los días avanzan en la joven gestión municipal de Dio Astacio, el pastor convertido en alcalde, en el fondo del panorama político se agita un fenómeno viejo conocido: el fuego amigo. Una práctica que recuerda los días del antiguo PRD y sus luchas intestinas, ahora resucitada bajo nuevos rostros dentro del PRM.
Hace apenas un año y algo, hablar del PRM en Santo Domingo Este era sinónimo de frustración. Por na gestión anterior marcada por el desorden y el desencanto que había sumido al partido en un silencio incómodo.
Sin embargo, con la llegada de Astacio al Palacio Municipal, ese escenario comenzó a transformarse. La narrativa del fracaso cedió paso a una administración organizada, visible, con acciones concretas que han devuelto a la mayoría de la población, la esperanza de que gobernar con decencia en SDE es posible.
No es casual, entonces, que mientras la administración de Astacio acumula una sorprendente aprobación social —más del 90% según estudios recientes—, surjan voces desde su propio partido intentando enturbiar las aguas.
El fenómeno es tan viejo como la política dominicana misma: cuando la legitimidad de un liderazgo emerge con fuerza, quienes aspiran a su lugar ven en el ataque e inventar descredito, como una forma de competencia.
En esta ocasión, el bombardeo no viene desde la oposición clásica, sino desde flancos que se alinean estratégicamente. Por un lado, sectores vinculados a la anterior administración municipal; por otro, figuras del opuesta a Luis Abinader que aún mantienen estructuras de poder en la provincia.
Lo insólito: ambos sectores estarían operando en alianza con representantes de la Fuerza del Pueblo, en un pacto no escrito que pone en jaque la cohesión interna del PRM.
Y es que Santo Domingo Este no es cualquier territorio. Es el municipio con mayor peso electoral del país, una plaza que define las elecciones y que sirve de termómetro para medir el pulso político nacional.
Si el PRM quiere mantenerse en el poder en 2028, necesita consolidar su base en Costa del Faro, Santo Domingo Este. Y esa base, según el 91.4% de los perremeístas consultados, se siente hoy más fuerte y orgullosa que en muchos años, gracias precisamente al éxito de la gestión de Dio Astacio.
El respaldo interno también es revelador: un 91.8% de los miembros del PRM asegura que la actual administración les ha devuelto el respeto perdido, y un 91.6% vincula directamente el éxito de Astacio con la posibilidad real de victoria en las elecciones venideras.
No son cifras menores. Son datos que explican por qué su liderazgo ha comenzado a despertar temores en quienes, dentro y fuera del partido, prefieren la política del caos a la del cambio.
El caso de SDE, en este momento, es más que un capítulo municipal: es una advertencia. El PRM, partido en el poder, debe recordar que los enemigos internos suelen ser más peligrosos que los adversarios naturales.
Si el ejemplo de Dio Astacio, con todos sus aciertos y extraordinario resultado, se mantiene y se defiende, tiene todo para convertirse en el modelo de gestión replicable por excelencia. Pero si se permite que el viejo virus del divisionismo lo infecte, el partido corre el riesgo de revivir sus peores traumas históricos.
Porque al final, no se trata sólo de Astacio, ni de sus detractores. Se trata del rumbo que el PRM decida tomar. O refuerza el camino de la unidad y la transformación social en su gestión de gobierno, o se ve arrastrado por las corrientes del pasado que lo arrastran a su destrucción y pérdida del poder.
*El autor es escritor y analista político







