Claves para un nuevo modelo de desarrollo en la República Dominicana

Milton Olivo plantea que la gestión de residuos, la economía circular, la agroindustria y la innovación tecnológica pueden convertirse en ejes estratégicos para un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo en la República Dominicana, capaz de fortalecer la productividad, la seguridad y la resiliencia nacional.

Por Milton Olivo

 

En la cotidianidad de nuestras ciudades, la acumulación de residuos sólidos se ha convertido en una estampa recurrente. Más que un problema estético o sanitario, este fenómeno refleja una realidad más profunda: la persistencia de debilidades estructurales en la organización social, económica e institucional del país.

Sin embargo, en medio de ese escenario, también emergen señales que invitan a una reflexión distinta. En sectores populares del Gran Santo Domingo, no resulta extraño observar iniciativas individuales de separación de residuos en los hogares.

Son acciones discretas, alejadas del protagonismo mediático, pero cargadas de significado. En ellas subyace una disposición al cambio que, de ser canalizada adecuadamente, podría constituir la base de transformaciones de mayor alcance.

Este punto es fundamental: el desafío no radica exclusivamente en la formulación de políticas públicas, sino en la capacidad de articular esas políticas con una ciudadanía que, en muchos casos, ya muestra voluntad de avanzar hacia prácticas más organizadas.

En ese contexto, el reciclaje trasciende su dimensión ambiental. Se convierte en una herramienta económica y social. La estructuración de sistemas eficientes de recolección, clasificación y valorización de residuos puede generar nuevas dinámicas productivas, formalizar actividades informales y abrir oportunidades de ingresos para miles de familias.

Pero sería limitado concebir esta estrategia como un fin en sí mismo. Más bien, debe entenderse como un primer paso hacia un objetivo más amplio: la construcción de una economía basada en la producción, el valor agregado y la sostenibilidad.

La República Dominicana cuenta con condiciones favorables para impulsar un desarrollo agroindustrial más robusto. La transformación de productos agrícolas en bienes con mayor valor comercial no solo fortalecería el mercado interno, sino que ampliaría las posibilidades de inserción competitiva en mercados internacionales y la creación de millares de empleos.

Este enfoque permitiría reducir la dependencia de importaciones, generar empleos de calidad y consolidar una base económica más resiliente. A su vez, el debate sobre el desarrollo no puede desligarse de la seguridad.

En un entorno global caracterizado por rápidas transformaciones tecnológicas, los modelos tradicionales de defensa resultan cada vez más insuficientes para países con recursos limitados.

En ese sentido, proponernos a la presidencia decretar la creación de- una industria militar asimétrica, para la fabricación e incorporación de tecnologías asimétricas por nuestras FFAA, —como sistemas de drones aéreos y marítimos y soluciones robóticas terrestres— lo que representa una alternativa viable para fortalecer las capacidades de vigilancia y protección territorial.

Al mismo tiempo, el impulso de este tipo de industrias puede contribuir al desarrollo tecnológico nacional, promoviendo la innovación y la formación de capital humano especializado. Y elevando nuestro potencial y diversificación de productos exportables.

La convergencia de estos elementos —organización social, economía circular, agroindustria y tecnología— plantea una oportunidad para redefinir el rumbo del país desde una perspectiva integral.

No se trata únicamente de atender problemas puntuales, sino de construir una visión coherente de desarrollo que articule identidad, productividad y seguridad. En este proceso, resulta pertinente recordar que la historia dominicana está marcada por una notable capacidad de adaptación y resiliencia.

Desde sus raíces más tempranas, el vínculo entre el ser humano y su entorno ha sido un elemento determinante en la configuración de la sociedad. Hoy, ese vínculo debe ser replanteado a la luz de los desafíos contemporáneos.

La gestión de los residuos, en apariencia un asunto menor, puede convertirse en un punto de partida para fomentar una cultura de orden, responsabilidad y aprovechamiento de recursos.

A partir de ahí, es posible avanzar hacia metas más ambiciosas que involucren la transformación productiva y el fortalecimiento institucional. La pregunta, en consecuencia, trasciende lo técnico. ¿Estamos en disposición de asumir una visión de país que supere la inmediatez y apueste por la construcción de capacidades a largo plazo?

La respuesta a esta interrogante definirá, en gran medida, las posibilidades reales de alcanzar un desarrollo sostenible e inclusivo en la República Dominicana.

*El autor es dirigente político y articulador de propuestas de desarrollo estratégico. Su visión íntegra producción nacional, tecnología, seguridad y economía circular como ejes para una República Dominicana más fuerte, independiente y soberana.

 

 

 

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