Un testigo cooperador dice que Clase le pasaba los pitcheos por adelantado. La defensa dice que solo hablaban de peleas de gallos. En Brooklyn, el jurado tiene que decidir si era béisbol o código
Por William Perdomo
Santo Domingo, R.D. ( sábado7 de noviembrede 2026).— Hay juicios que se ganan con pruebas. Y hay juicios que se ganan con palabras.
Este, el de Emmanuel Clase y Luis Ortiz, se está ganando — o perdiendo — con gallos y pollos.
Este viernes, en una sala federal de Brooklyn, el gobierno de Estados Unidos puso a testificar a su testigo estrella: Luis de Aza Báez. Un apostador. Un hombre que ya hizo un trato. Un hombre que aceptó decir la verdad y devolver 69,000 dólares — casi 70,000 — que, según él, ganó con información que no debía tener.
Y lo que dijo, si el jurado le cree, es una película de terror para el béisbol.
Los fiscales acusan al cerrador dominicano Emmanuel Clase de conspirar con apostadores para manipular un total de 18 lanzamientos a lo largo de tres temporadas. No 18 juegos. 18 lanzamientos. 18 pitcheos. El detalle más pequeño del juego, convertido en negocio.
EL MENSAJE DE LOS POLLOS
La fiscalía presentó como prueba un mensaje de texto que Clase habría enviado a Enoc Peña el 30 de septiembre de 2023, antes de un partido frente a los Tigres de Detroit.
Decía, según la acusación: “matar los primeros dos pollos”.
Para la fiscalía, no hay metáfora. Pollos = pitcheos. Matar = tirar bola. Tirar lento. Tirar donde se apostó.
Para la defensa, es otra cosa. Pollos = gallos. Gallos = peleas de gallos. Y las peleas de gallos, en República Dominicana, son legales, son cultura, son tradición, son domingo en el patio.
¿Quién tiene razón? Eso es lo que el jurado tiene que decidir.
De Aza Báez explicó cómo funcionaba, según él, el esquema. Recibía información a través de Enoc Peña, el intermediario. Peña era el que estaba en contacto con Clase. Y De Aza participaba en un chat grupal llamado ‘Uber Inc.’.
No era un chat de Uber. Era un chat de apuestas.
Con esa información, De Aza apostaba en DraftKings. Apostaba a si un lanzamiento sería bola. Apostaba a si la velocidad estaría por debajo de 94.95 millas por hora. Apostaba con precisión quirúrgica.
Y para maximizar ganancias y evadir límites de depósito, admitió que abrió una cuenta en DraftKings a nombre de su esposa y combinó las jugadas de los pitcheos de Clase en apuestas combinadas, en parlays.
El fiscal Sean Sherman presentó registros de llamadas, mensajes y apuestas de la temporada 2023. Entre las pruebas, una operación del 7 de junio de ese año en la que De Aza obtuvo más de 14,000 dólares mediante apuestas relacionadas con un lanzamiento de Clase y una apuesta combinada.
14,000 dólares por un pitcheo. Por un solo pitcheo. Por algo que dura menos de un segundo.
De Aza reconoció que compartía sus ganancias con Peña. Que la información venía de arriba. Que los gallos, en esos chats, realmente eran lanzamientos de béisbol.
CUANDO SE APAGÓ LA LLAVE
Pero incluso De Aza admitió que el chorro se cortó.
La filtración de información se detuvo en 2024, dijo, a raíz del escándalo mediático y la investigación federal de apuestas relacionadas con Ippei Mizuhara y el estelar japonés Shohei Ohtani.
“Por lo que estaba pasando con Ohtani, no había más información de ese tipo”, declaró en el estrado.
O sea, cuando el escándalo de Ohtani explotó en todos los televisores, alguien apagó la llave. Alguien dijo: hasta aquí.
Y eso, para la fiscalía, es una confesión indirecta. Para la defensa, es otra cosa: es la prueba de que no había nada que apagar.
LA OTRA VERSIÓN
Porque la defensa tiene su propio cuento. Y lo está contando con fuerza.
Emmanuel Clase, Luis Ortiz y Robinson Vásquez Germosén enfrentan cargos por conspiración, fraude electrónico, soborno deportivo y lavado de dinero. Todos se declararon no culpables.
La defensa argumenta que las referencias a “gallos” y “pollos” en los chats corresponden a peleas de gallos y no a manipulación de jugadas o apuestas ilegales.
Dicen que Peña habría utilizado el nombre del lanzador para engañar a otros apostadores. Que Clase era un nombre que vendía. Que Peña decía: yo conozco a Clase, para que le creyeran y le pagaran. Pero que Clase no estaba en eso.
Y tienen un testigo que los ayuda: Bo Naylor.
El receptor Bo Naylor, excompañero de ambos lanzadores en Cleveland, declaró el jueves que, tras examinar videos de los lanzamientos investigados, no observó movimientos fuera de lo habitual. Que no vio nada raro. Que Clase tiraba como siempre tiraba.
Tras la sesión del viernes, el abogado defensor Todd Spodek reiteró que la acusación se fundamenta en “grandes palabrerías y pequeñas apuestas”, manifestando su confianza en que el jurado desestime las acusaciones cuando el juicio se reanude el próximo jueves en Brooklyn.
Grandes palabrerías y pequeñas apuestas. Esa es la frase de la defensa. Esa es su bandera.
La fiscalía dice otra cosa: que el presunto esquema permitió obtener ganancias cercanas a medio millón de dólares. Que no es pequeño. Que es medio millón.
LO QUE ESTÁ EN JUEGO
Al final, este juicio no es solo sobre Clase y Ortiz. Es sobre el béisbol moderno.
Es sobre un deporte que en 2018 vio cómo la Corte Suprema abría la puerta a las apuestas legales en 39 estados. Es sobre un deporte que ahora vive de las apuestas, que anuncia casas de apuestas en los estadios, que pone las líneas en televisión.
Y que ahora tiene que explicar cómo es posible que alguien apueste a si un pitcheo va a ser bola o strike, a si va a venir a 94.95 millas o a 95.
Es sobre un cerrador dominicano que llegó de República Dominicana, que se hizo estrella en Cleveland, que firmó por 20 millones, y que ahora está sentado en una sala en Brooklyn escuchando cómo hablan de sus pollos y sus gallos.
Y es sobre un jurado que tiene que decidir: ¿era código o era cultura? ¿Era trampa o era conversación de patio?
El juicio se reanuda el próximo jueves.
Hasta entonces, en Brooklyn, los gallos siguen cantando.
El autor es periodista y analista
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