Por Efraín Velázquez
SANTO DOMINGO.- Hace un tiempo hemos venido observando a personas de diferentes estratos sociales del país, entre ellos políticos, miembros del Congreso, periodistas y comunicadores, hablar de lo costoso que resulta para el Estado garantizar el voto en el exterior en cada proceso electoral y esto no es pura casualidad.
Parece indicar que hay un plan estratégico soterrado que busca eliminar uno de los pocos logros de la laboriosa comunidad dominicana en el exterior, aún a sabiendas de que es un derecho inalienable establecido en nuestra carta magna y que no puede ser coartado porque además sería una violación a las normas de los derechos humanos de las cuales República Dominicana es signataria.
Quienes emiten epítetos perniciosos y se prestan para servir de mensajeros a los que realmente están detrás conspirando ni siquiera se han tomado un tiempo para investigar que el voto del dominicano en el exterior es muy probable que sea el más barato, menos costoso y el más sano para el país.
APORTES DE LA DIÁSPORA
La comunidad dominicana en el exterior aporta anualmente a la economía nacional casi 13 mil millones de dólares entre remesas e inversiones, siendo uno de los principales rubros generador de estabilidad social, política y económica.
Tampoco han hecho un cálculo exhaustivo sobre los miles de millones que entran cada año cuando los dominicanos visitan su país, pagando uno de los pasajes aéreos más caros del mundo con impuestos que llegan hasta el 40% del valor del ticket y, además, 10 dólares como penalidad en aeropuertos y puertos, sin mencionar las travesuras cuando hacemos inversiones.
Los aportes de casi 13 mil millones son necesarios e imprescindibles para planificar cada año el presupuesto de la nación, son base esencial para pagar la deuda externa, incluso sin ser nosotros responsables del crecimiento exponencial de la deuda pública. Es un dinero líquido, limpio y sin que el Estado tenga que hacer el más mínimo esfuerzo, más que impulsar políticas públicas incorrectas que contribuyen con la fuga de cerebros.
SOMOS EMBAJADORES Y POTENCIA ELECTORAL
Los dominicanos en el exterior somos reales embajadores de nuestra cultura, del trabajo digno y de la defensa de nuestra nación. Hoy estamos en las universidades, en la creación de empresas, en la generación de riquezas, en la vida política y en todos los sectores.
El gran problema en el país es que la clase política ha cambiado el modelo de competencia y los requisitos para aspirar a cargos públicos, poniendo la parte financiera como prioridad y alejándose del requerimiento de perfiles, capacidades técnicas y propuestas innovadoras, lo que ha provocado el ensanchamiento exponencial de los niveles de abstención.
En el proceso electoral de 2024, aproximadamente un 47% de los dominicanos residentes en el país y un 80% de la comunidad del exterior decidieron no votar, provocando una media general de abstención de un 63%. Esto envía un claro mensaje de descontento con el sistema de partidos.
LEY DE PARTIDOS Y RECURSOS
Es importante resaltar que la Ley 33-18 de Partidos califica como mayoritarias a las organizaciones que obtuvieron un 5% o más del total de votos válidos y establece las condiciones para mantener su personería jurídica, así como la distribución de recursos por parte de la Junta Central Electoral.
En las elecciones presidenciales de 2024 la JCE distribuyó unos RD$2,520 millones entre los cuatro partidos mayoritarios, es decir, alrededor de RD$504,160,000 para cada uno.
Los dominicanos en el exterior tenemos que estar conscientes de que somos una potencia electoral y económica. Algunos políticos nos ven más como adversarios que como aliados, porque en el exterior hay una masa votante crítica que toma decisiones firmes en defensa de su país y cuyo voto puede decidir quién gana y quién pierde. Solo nos falta unificarnos.
Hoy somos más de 3 millones de personas, con más de 2.5 millones con capacidad de votar, y generamos anualmente más de US$250,000 millones como comunidad. Solo nos falta unificar criterios para reclamar nuestros justos derechos.
DIPUTADOS DE ULTRAMAR EN LA MIRA
Hablando de los diputados del exterior, otra iniciativa en peligro de extinción. Muchos podemos criticar la incapacidad, negligencia e ineficiencia de la mayoría de estos legisladores porque han sido un fiasco para la comunidad y el país.
Sin embargo, el mal no está en la sabana. La mayoría son resultado de la dedocracia y las imposiciones, no de la selección democrática de los mejores perfiles. No son ellos los únicos culpables; la responsabilidad recae también sobre los altos dirigentes que se valen de encuestas y maniobras para imponer correligionarios.
Tampoco la falta de propuestas es un mal único de la diáspora. Basta ver la composición del Congreso en ambas cámaras, donde hay miembros que ni siquiera saben qué es ser legislador, que apoyan proyectos en perjuicio del Estado sin leerlos, o que pasan el tiempo sin visitar sus curules ganando trofeos por inasistencia.
El país demanda de las organizaciones políticas mayor compromiso, eliminando la dedocracia y asumiendo la democracia y la promoción de un liderazgo bien formado y comprometido.
Cuando alguien le diga que el voto del dominicano en el exterior es insostenible por sus costos, dígale que no es así. Es el más barato, menos costoso y muy comprometido con el avance del país, y está cubierto por nuestros aportes. Despertemos, somos realmente una potencia electoral y económica que puede transformar el presente y futuro de nuestra nación.





