Por E. MARGARITA EVE
En mi artículo anterior, Del Renacimiento a SeNaSa: la ética en juego, abordé nuestra relación con la ética. Hoy, la investigación conocida públicamente como “SeNaSa 2.0” vuelve a colocar el tema frente a nosotros. Oficialmente, se trata de la Operación Cobra 2.0-A. Más allá del expediente, surge una pregunta: ¿qué ocurre cuando dejamos de escuchar nuestra propia ética?
Quizá para acercarnos a esa pregunta debamos mirar hacia nuestros orígenes. En Egipto, la Persia antigua y la India antigua, distintas tradiciones se ocuparon de la vida interior, los valores y la conducta. Eran sociedades diferentes en costumbres y religión a las nuestras, pero en todas encontramos una inquietud que todavía nos acompaña: ¿qué debe orientar al ser humano?
No se trata de trasladar aquellas ideas a nuestra concepción actual de la ética. Se trata de reconocer una pregunta que atraviesa los siglos: ¿qué está bien y qué está mal? Existe en el ser humano un sentido ético intrínseco, una referencia interior capaz de advertirle cuando una acción no es correcta.
Con el paso del tiempo, esa búsqueda tomó otros caminos. El humanismo puso al individuo, su razón y su autonomía en el centro de muchas ideas. La metafísica, como parte del tronco filosófico del que se desarrollaron las ciencias, fue dando paso a disciplinas cada vez más especializadas.
La ciencia concentró su método en aquello que podía observar, medir y demostrar. Sus avances transformaron nuestra comprensión del cuerpo y del mundo físico. Sin embargo, las preguntas sobre el ser, su interioridad y el sentido de la existencia fueron quedando cada vez más alejadas de ese método.
En el siglo XX, L. Ron Hubbard y Viktor Frankl, desde perspectivas diferentes, volvieron la mirada hacia esa dimensión interior. Hubbard lo abordó en sus libros: El redescubrimiento del alma humana e Introducción a la ética de Scientology. Frankl lo hizo en su libro El hombre en busca del sentido último.
Y aquí aparece el verdadero vacío
Podemos conocer las normas, dominar procedimientos y ocupar posiciones de responsabilidad. Pero cuando se debilita esa referencia interior, la conveniencia, la ambición o el interés personal pueden comenzar a ocupar el lugar de aquello que debería orientarnos.
Esta realidad adquiere otra dimensión ante la investigación de SeNaSa. El Ministerio Público informó que la Operación Cobra 2.0-A involucra a médicos y otros prestadores de servicios y examina presuntas irregularidades relacionadas con autorizaciones y facturaciones. La investigación continúa y corresponde preservar la presunción de inocencia.
Pero detrás de una autorización o una factura hay algo más que una cifra. Hay recursos destinados a personas que necesitan atención. Si las irregularidades investigadas fueran comprobadas, el daño no sería solamente económico: detrás de esos recursos puede haber necesidades humanas que quedaron sin respuesta.
La investigación también ha alcanzado a personas vinculadas familiarmente con algunos de los investigados. Sin adelantar responsabilidades, este aspecto nos recuerda algo sencillo: nuestras decisiones pueden producir consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos.
El valor de un NO a tiempo
Por eso, los controles son necesarios, pero no pueden sustituir la decisión personal. La ética no pertenece solamente a médicos, auditores, contadores o funcionarios. Nos pertenece a todos. A veces comienza con una palabra sencilla, pero decisiva: NO.
Quizá sea necesario volver a nuestros orígenes y escuchar esa referencia que llevamos dentro. No siempre necesitamos grandes teorías para reconocer lo que está mal. Un NO a tiempo puede preservar recursos, evitar daños y hasta salvar vidas. Tal vez llenar ese vacío sea recuperar algo que nunca debimos perder: la capacidad de reconocer lo correcto y actuar en consecuencia.





