Washington Heights: De Lenape al corazón dominicano de NY (1 de 20)

Por EMILIANO PEREZ ESPINOSA 

Mucho antes de llamarse Washington Heights, la parte más elevada de Manhattan fue habitada por los lenape, pueblos originarios que aprovechaban el río Hudson para pescar, viajar y comercializar.

Durante el siglo XVII llegaron los holandeses, seguidos por los ingleses, quienes establecieron granjas y caminos. En 1776, en plena Guerra de Independencia de Estados Unidos, el área fue escenario de la Batalla de Fort Washington. De ese episodio proviene el nombre moderno del vecindario.

Durante el siglo XIX, la zona pasó de ser un enclave rural de grandes propiedades y casas de campo a convertirse en comunidad urbana. Se asentaron familias irlandesas y alemanas, mientras se trazaban calles y se levantaban edificios e iglesias. A comienzos del siglo XX, la llegada del metro facilitó la conexión con el resto de Manhattan, lo que impulsó la construcción de edificios de apartamentos y atrajo a miles de inmigrantes europeos, especialmente familias judías que huían de la pobreza, la persecución y el antisemitismo. Por su alta concentración, el área llegó a ser conocida como “Frankfurt en el Hudson”.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Washington Heights volvió a transformarse. Muchas familias judías se trasladaron a otros sectores, mientras comenzaron a llegar familias afroamericanas, puertorriqueñas, cubanas y dominicanas antitrujillistas. El vecindario ofrecía apartamentos relativamente económicos, transporte público eficiente y una creciente comunidad hispanohablante. Sus calles se llenaron de restaurantes, tiendas, iglesias, clubes sociales y ritmos caribeños.

Después de la muerte del dictador Rafael Leónidas Trujillo, en 1961, la inestabilidad política de los años siguientes y los cambios en las leyes migratorias estadounidenses de 1965 aceleraron el flujo. Los primeros inmigrantes ayudaron a familiares y amigos a establecerse, formando una poderosa cadena migratoria: cada nueva familia encontraba parientes, comida conocida, música, iglesias, negocios y el español como lengua común. Muchos dominicanos hallaron en Washington Heights viviendas accesibles y trenes que los conectaban con los empleos del resto de la ciudad.

Hoy, Washington Heights conserva las huellas de todos los grupos que lo han habitado, pero la cultura dominicana es su expresión más visible. Bodegas, salones de belleza, restaurantes, asociaciones, clubes de dominó, desfiles y sonidos de merengue y bachata transformaron el vecindario.

Aunque el aumento de los alquileres provoca nuevos cambios, Washington Heights continúa siendo reconocido como el corazón de la comunidad dominicana en Nueva York: un lugar donde la historia de nativos americanos, europeos, afroamericanos y caribeños converge con la de miles de dominicanos que construyeron un nuevo hogar sin olvidar sus raíces.

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