Por Manuel Vólquez
El general en retiro Juan Manuel Méndez, recién nombrado director ejecutivo del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), advirtió que la solución a los problemas del tránsito vial en República Dominicana requiere la coordinación de múltiples instituciones y el cumplimiento de las leyes por parte de todos los ciudadanos. Por eso, declaró que el asunto no lo va a solucionar nadie y que su misión es gestionarlo, reconociendo que enfrenta un compromiso completamente diferente al que tuvo, durante más de 20 años, dirigiendo el Centro de Operaciones de Emergencias.

Tiene mucha razón cuando expresa que el Intrant no puede cargar solo con problemas que corresponden a otras entidades, por lo que aclaró que él no va a asumir el papel de nadie y que cada quien tendrá que responder a su rol. Es un pronunciamiento valiente y responsable, sobre todo cuando dijo que la solución del caos en el transporte, en sentido global, debe ser asumida por las instituciones involucradas en ese sistema, refiriéndose a la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett), el Ministerio de Obras Públicas, el Metro de Santo Domingo, las alcaldías y otras.
Pienso que, para su tranquilidad espiritual y familiar, no debió aceptar ese cargo y dedicarse a descansar, tener tiempo para reflexionar, para luego incursionar en otras actividades profesionales en su condición de abogado y ex militar. Creo que en el Intrant acumulará mucho estrés ante posibles ataques desconsiderados y críticas sistemáticas que podría recibir de diversos estamentos políticos, sociales, y comunicadores “bocinas” que, por tradición, le han hecho la vida imposible a los anteriores directores. También, confrontar a aquellos núcleos recalcitrantes que han hecho del desorden del transporte un negocio lucrativo. Por igual tendrá que lidiar, con fino tacto, con los gremios de choferes-camioneros para hacer cumplir (si es que lo logra) la tan desacatada regla que prohíbe la circulación, en horas diurnas, de vehículos pesados por las principales avenidas y carreteras del país.
En esa dirección, junto a las demás instituciones oficiales, tendrá que corregir anomalías que persisten por décadas, como sacar de las calles las unidades chatarras del transporte público, evaluar a los conductores nacionales y extranjeros (muchos de estos últimos de nacionalidad haitiana), que trabajan en vehículos rentados del transporte público sin poseer licencia de conducir. Se ha denunciado, por años, que algunos no portan licencias y si las tienen, están vencidas o son fraudulentas, es decir, emitidas con fotos suyas, pero con datos de otras personas, incluso de fallecidas. Es una suplantación de identidad, que constituye un delito grave. ¿Cómo las obtienen? ¿Quiénes suministran esas licencias? La respuesta es fácil.
Es una pena que el transporte en República Dominicana ha sido por décadas un asunto sin solución, con la agravante de un aumento constante del parque vehicular, lo que propicia los prolongados congestionamientos viales. La falta de planificación y el irrespeto a las leyes siguen empeorando ese sector, generando caos en las principales ciudades. En 2026, el país registró un total de 6,854,411 vehículos de diferentes modelos, entre estos 3,907,014 motocicletas (el 57.9%), que son las causantes de las mayorías de muertes en accidentes de tránsito. Pienso que ha faltado siempre voluntad política para resolver esa crisis.
En efecto, es un gran reto para el correcto general Juan Manuel Méndez administrar el Intrant. Le deseo suerte y que cuando termine esa gestión retorne a su hogar con la satisfacción del deber cumplido, con la frente en alto.






