SANTO DOMINGO.– En una impactante entrega del programa de investigación Informes Especial con la periodista Julissa Céspedes, un ciudadano dominicano apodado el «operador número dos» desnudó las complejas operaciones del narcotráfico internacional en los Estados Unidos y la sofisticada evolución del cibercrimen operado desde la República Dominicana.
El entrevistado, quien posee un título universitario en Mercadeo, detalló su transición de las calles del Bronx a convertirse en una pieza clave de las estafas telefónicas y digitales tras ser deportado del territorio norteamericano.
Narcotráfico en Nueva York: Heroína oculta en quesos
El desgarrador testimonio comenzó con su temprana inserción en el crimen organizado en los Estados Unidos, fuertemente influenciado por su entorno familiar y la presión de su propio padre:

La fachada comercial: Utilizando una pizzería neoyorquina como centro operativo, la organización criminal ocultaba cargamentos de heroína pura directamente dentro de bloques de queso para burlar los controles viales interstatales.
La captura en Pennsylvania: Su carrera de narcotráfico colapsó en la autopista I-95 rumbo a Pennsylvania, cuando una patrulla policial equipada con unidades caninas detectó la sustancia ilícita. Una prueba de campo con reactivo químico confirmó la pureza de la heroína, costándole una condena de 7 años y 5 meses de prisión seguidos de su deportación.
El salto al cibercrimen: «Chiperos» e Ingeniería Social
Al regresar al país sin recursos financieros, el dominicano aprovechó su perfecto dominio del inglés y su experiencia laboral en call centers para migrar hacia el fraude tecnológico y el negocio de los «chiperos».
En el espacio Informes Especial, el sujeto admitió haber sido millonario en tres ocasiones distintas gracias a la venta fraudulenta de tiempos compartidos (time shares) y esquemas de extorsión automatizada que operaban sin levantar sospechas.
El cruel método para estafar ancianos en EE. UU.
El delincuente reveló con frialdad el minucioso esquema de ingeniería social que empleaban para vaciar las cuentas de ciudadanos norteamericanos de la tercera edad:
Filtración por edad: Utilizaban guías telefónicas impresas (páginas blancas) para ubicar perfiles de personas de entre 65 y 70 años en territorio estadounidense.
La encuesta falsa: Llamaban pretendiendo realizar un estudio de «raíces familiares» para extraer nombres de hijos y averiguar de manera sutil quién era el nieto favorito.
Suplantación y extorsión: Horas después, volvían a llamar personificando al nieto predilecto bajo una supuesta crisis legal (como un accidente de tránsito). De inmediato, un cómplice intervenía haciéndose pasar por «abogado» para exigir transferencias urgentes de miles de dólares por concepto de fianza.
El submundo de la Deep Web y la falta de remordimiento
El operador describió la Deep Web como un mercado negro donde adquiría, por una suscripción de 150 dólares, listados de tarjetas de crédito clonadas a través de verifones comprometidos. Estos archivos especificaban el balance exacto de las víctimas para garantizar transacciones exitosas.
Al ser cuestionado sobre el impacto humano de sus fraudes —incluyendo el caso de un granjero canadiense al que despojó de 70,000 dólares mientras este le lloraba al teléfono—, el entrevistado confesó que operaba con total indiferencia, viendo sus crímenes simplemente como «comercio electrónico a distancia». Finalmente, atribuyó la pérdida de sus tres fortunas a un estilo desenfrenado de drogas, alcohol y excesos, bajo la premisa de que «el dinero sucio así como viene, se va».





