Legado de Arena

La manipulación de datos oficiales amenaza con desdibujar la realidad social del país y convertir el cierre de gestión del presidente Luis Abinader en un legado construido sobre cifras cuestionadas.

Por: Mario Holguín

Forzar un legado estadístico es como arar en el desierto, porque la verdad la borra como la arena por la acción del viento.

Es por eso que la transparencia es vital. Las cifras constituyen un elemento histórico que muestran prosperidad y bienestar en un momento de la vida.

Para un gobernante ocupar una página recordada por generaciones, no bastan solo las infraestructuras; son imprescindibles los números y los indicadores honestos y verificables de hoy día.

Esta reflexión cobra especial urgencia en la República Dominicana en estos años finales de la gestión del presidente Luis Abinader.

La manipulación de los datos se ha hecho muy evidente y se ha acentuado notablemente en esta última etapa, ante el fracaso de las políticas públicas en prácticamente todos los ámbitos.

Se percibe con claridad un esfuerzo sistemático por mejorar a toda costa las estadísticas oficiales en áreas sensibles que definen la calidad de vida de los dominicanos.

Las cifras económicas, de salud, de homicidios y de seguridad vial parecen estar siendo llevadas a contrapelo: ajustadas, reinterpretadas o presentadas de forma selectiva para proyectar una imagen de mejoría que muchas veces contrasta con la percepción ciudadana y con datos independientes.

En el ámbito económico se destacan crecimientos del PIB y reducciones de la pobreza que, aunque técnicamente posibles, omiten con frecuencia el impacto real en el poder adquisitivo de las familias, el empleo precario y la inflación que sigue afectando los hogares.

En salud, las tasas de mortalidad y cobertura de servicios se presentan con optimismo, mientras persisten denuncias sobre listas de espera, desabastecimiento de medicamentos y la sobrecarga crónica de los hospitales públicos.

Lo mismo ocurre con los indicadores de seguridad. Las registros oficiales de homicidios muestran una baja importante, pero múltiples reportes independientes, entre los reportes oficiales mismos y el testimonio diario de las comunidades revelan que la percepción de inseguridad sigue alta y que algunos casos podrían estar siendo reclasificados o no registrados con la misma rigurosidad.

En seguridad vial sucede algo similar: los accidentes de tránsito y las fatalities se reportan en descenso, sin embargo, la realidad cotidiana en carreteras y avenidas, junto con la saturación del transporte público, genera serias dudas sobre la metodología y la oportunidad de esos datos.

Esta manipulación de los datos hace pensar en un objetivo claro: dejar un legado histórico favorable, sin importar las consecuencias futuras que puedan derivarse de las decisiones de poder tomadas en este período.

Cuando las cifras se fuerzan de esta manera, se está arando en el desierto. El viento de la verdad, los datos independientes, los observatorios ciudadanos, los informes internacionales y, sobre todo, la experiencia cotidiana de la población, terminará borrando cualquier relato artificial.

Lo que quedará será la sensación de que se intentó construir un legado sobre arena movediza.

Un gobernante que aspira a ser recordado no puede confiar únicamente en obras físicas visibles, puentes, elevados, carreteras o edificios. Esas obras se pueden ver y tocar, pero también pueden olvidarse o atribuirse a otros.

Lo que permanece indeleble en la memoria colectiva son los números que reflejan cómo vivía realmente la gente; cuántos dominicanos superaron la pobreza de forma sostenible, cuántos jóvenes accedieron a una salud y educación dignas, cuántas familias dejaron de temer por un hijo en la calle o en la vía pública.

La República Dominicana merece un legado construido sobre datos sólidos, transparentes y contrastables.

No se trata de negar avances reales ni de desconocer esfuerzos legítimos; se trata de exigir que esos avances sean medidos con la misma vara para todos los gobiernos y en todo momento, sin ajustes de última hora que distorsionen la realidad.

Solo con transparencia absoluta se puede aspirar a ocupar una página honrosa en la historia nacional.

Porque al final, cuando el viento de la verdad sople, lo único que resistirá será aquello que se construyó con números limpios y con el bienestar real del pueblo como única brújula.

Que las estadísticas de este período no sean recordadas como un esfuerzo por “mejorar la foto” al cierre de la gestión, sino como el reflejo genuino de un país que avanza con honestidad.

Mario Holguín Titular Secretaría de Seguridad Vial Fuerza del Pueblo

 

 

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