Por JHONNY TRINIDAD
Hay candidaturas que nacen para ganar. Y hay candidaturas que nacen para impedir que otro gane. La segunda categoría es más vieja que la democracia dominicana misma, pero nunca había tenido un rostro tan mediático, tan ruidoso y tan aparentemente antisistema como Santiago Matías, Alofoke.
Su anuncio del pasado 22 de julio de 2026, de que creará un partido político para aspirar a la presidencia de la República Dominicana en 2028 y que iniciará la recolección de firmas para solicitar el reconocimiento ante la JCE, fue celebrado por su legión de seguidores como un acto de rebeldía. Pero visto desde el Palacio, desde la mesa donde se calcula la supervivencia del oficialismo más allá de 2028, fue celebrado como otra cosa: como el cierre perfecto de una operación quirúrgica.
No se trata de si Alofoke quiere ser presidente. Se trata de para qué le sirve al oficialismo que él quiera serlo.
EL PROBLEMA DEL PRM NO ES GANAR, ES NO PERDER
El Partido Revolucionario Moderno llega a la segunda mitad del gobierno de Abinader con una economía estable pero con un desgaste natural, con dos oposiciones que por separado no le ganan, pero que juntas lo ponen en segunda vuelta y, en segunda vuelta, lo ponen a temblar: Fuerza del Pueblo y PLD.
El oficialismo no necesita un candidato que le sume votos a su proyecto. Necesita un candidato que le reste votos al otro. Y no cualquier voto: el voto joven, urbano, de barrio, desencantado, que no votó en 2024, que votó nulo, que votó por Leonel por rabia pero sin convicción, que consume política no en El Caribe o en la Z101, sino en YouTube, en TikTok, en Alofoke Radio Show.

¿Quién en el país puede pescar exactamente en esa pecera opositora sin tocar un solo voto del PRM? Solo uno. Santiago Matías.
MANUAL DEL CANDIDATO TAPON
La jugada no es nueva. En América Latina tiene nombre: candidato tapón, candidato esponja, outsider funcional.
Funciona en tres fases, y Alofoke las está cumpliendo al pie de la letra:
La construcción del antisistema tolerado
Se le permite todo lo que a un opositor real no se le permitiría. Puede decir que los políticos son fósiles, puede insultar al Congreso, puede montar realities donde se hace lo que la Comisión de Espectáculos Públicos nunca permitiría a nadie más. Su plataforma, que hoy es la más grande del país en alcance digital, crece sin regulación, sin freno, con entrevistas a ministros y hasta a figuras del oficialismo que legitiman su rol de «interlocutor del pueblo». Es el antisistema del sistema.
La inflación artificial
De repente aparece en encuestas. ACD Media lo coloca «entre las personalidades con mayor nivel de simpatía y proyección política». El PRSC, un partido histórico convertido en franquicia de alquiler, le abre la puerta y no descarta que sea su candidato presidencial. Más de 15 organizaciones, según él mismo, le ofrecen candidatura. Todo ese ruido no es espontáneo. Es una campaña de posicionamiento pagada con el capital más valioso: la atención gratuita de todos los medios tradicionales que mueren por hablar del fenómeno. 60bf71ee
La cosecha de la división
Aquí está el verdadero negocio. Alofoke no necesita sacar 20%. Con 3%, con 5%, con el 6% que mencionaban algunos análisis de viabilidad electoral para 2028, le basta. Ese porcentaje, extraído quirúrgicamente del voto joven de Santo Domingo Este, de Los Alcarrizos, de Santiago, de San Francisco, es exactamente el que Fuerza del Pueblo necesita para forzar un balotaje o para ganar en primera vuelta. Si esos votos van a Alofoke, el voto opositor se fragmenta en tres: Leonel, Abel o su heredero, y Alofoke. El PRM pasa sin despeinarse.
Como bien lo definió un análisis reciente: en política el poder no siempre consiste en ganar una elección, muchas veces consiste en que nadie pueda ganar sin contar contigo. Alofoke no está jugando a ganar en 2028. Está jugando a acumular un censo de firmas, una base de datos de cientos de miles de jóvenes descontentos, para luego ponerle precio en la mesa de negociación con el oficialismo.
EL RECURSO PERFECTO
¿Por qué Alofoke y no otro influencer? Porque reúne tres condiciones irrepetibles para el oficialismo:
1- Es creíble como opositor sin serlo. Su discurso contra la clase política tradicional conecta con el hartazgo real. Nadie sospecha de un muchacho de Capotillo que habla como el barrio. Esa autenticidad es incomprable, y por eso es tan útil.
2- Es controlable sin necesidad de controlarlo. No hace falta darle una orden. Basta con darle tarima, acceso y no perseguirlo. Él solo atacará más duro a la oposición que al gobierno, porque su público desprecia más al PLD y a la Fuerza del Pueblo, que representan el pasado, que al PRM, que representa el presente con el que ha convivido y negociado entrevistas.
3- Es desechable sin costo. Si el experimento falla, si no recoge las 700 mil firmas, si su partido no es reconocido, el oficialismo no pierde nada. Si funciona, gana una cuña perfecta. Alofoke asume todo el riesgo reputacional. El gobierno solo recoge los beneficios.
La invitación a que sus seguidores propongan el nombre de su partido es la metáfora perfecta de esta operación: parece democracia participativa, pero en el fondo es marketing político vacío. Un partido sin ideas, sin principios innovadores más allá de la frase, que él mismo admitió que era la justificación.
La oposición, mientras tanto, comete el error de tomárselo a broma, de subestimarlo, de responderle con memes. No entiende que no está compitiendo contra un comunicador. Está compitiendo contra una estrategia de Estado para dividir su voto, ejecutada por el único dominicano que puede entrar a todos los barrios donde la oposición todavía tiene esperanza.
Alofoke presidente no es el objetivo. Alofoke candidato es el objetivo. Y es, hasta ahora, la jugada maestra del oficialismo para 2028.





