Por JHONNY TRINIDAD
La llamada “Alianza Dominicana” es una entelequia. Existe en los comunicados, en las fotos de apretones de manos y en los discursos de campaña. En la vida real, no significa nada.
Una marca sin contenido
Nos dicen que la Alianza Dominicana une a la diáspora, que articula a empresarios, políticos y líderes comunitarios para defender los intereses de los quisqueyanos en el exterior. Suena bonito. Pero ¿dónde está el plan? ¿Dónde están los resultados? No hay una sola ley impulsada, ni un solo fondo creado, ni una sola crisis resuelta por esa supuesta alianza. Es un nombre elegante para reuniones que terminan en canapés.
Todos quieren hablar por la diáspora, nadie la representa
El problema de fondo es viejo: la diáspora dominicana tiene muchos voceros y cero representación real. Cada partido político tiene su “seccional”. Cada ONG tiene su “alianza”. Cada empresario con aspiraciones tiene su “fundación”. Todos compiten por salir en la foto con el cónsul o el senador de turno. Pero cuando cierran una bodega en el Bronx, cuando deportan a un padre de familia en Lawrence, cuando suben los pasajes a Santo Domingo, la Alianza Dominicana guarda silencio. Porque no existe.
La unidad como excusa
El término “alianza” se ha convertido en la excusa perfecta para no hacer nada. Convocan a la unidad, firman un manifiesto, crean un chat de WhatsApp y dan el tema por resuelto. Mientras tanto, los dominicanos en Nueva York pierden población, en España pierden derechos y en Chile pierden la paciencia. La unidad sin agenda es coartada. La alianza sin acción es ficción.
La diáspora no necesita más siglas
Lo que necesita la comunidad son cosas concretas: abogados migratorios, programas de vivienda, defensa comercial, becas, voto real desde el exterior, reducción de impuestos a los pasajes y remesas. Nada de eso lo da una entelequia. Lo da el presupuesto, la ley y la presión política sostenida. Y para eso se necesita menos alianza y más militancia.
La diáspora dominicana mueve US$10,000 millones al año. Es la segunda provincia del país en términos económicos. Merece estructuras serias, no clubes sociales con membrete. Mientras sigamos inventando alianzas de papel, seguiremos siendo una fuerza dividida, usada por todos y representada por nadie.
Basta de entelequias. O la Alianza Dominicana se convierte en algo real, con gente, dinero y poder de decisión, o que admitan que es lo que siempre fue: un buen título para un evento vacío.





