Por Jesús Antonio Fernández Olmedo.
Sí, por supuesto. De vez en cuando surge un clamor de los pueblos, de la gente que vive el día a día: los entes sufrientes, los que no son parásitos de nadie, los que se levantan cada amanecer buscando cómo seguir adelante.
Son esas personas que viven acompañadas de vidas robadas por otros: bancos, multinacionales u otros males. Los que viven de verdad, los que ya no están detrás de nada que no sea real; los que avanzan, buscan y atrapan el futuro, ese en el que podamos estar alineados en un tú a tú.
Porque si el amor es cierto, hay que demostrarlo. Por eso, esa manifestación que recorre el mundo y que rechaza autoritarios, reyes, príncipes u otros monarcas que ahogan la vida dura de los desposeídos.
También están los mantenidos, los que solo piensan en sí mismos y se cubren con la mascarada carnavalesca de demócratas o libertadores, diciendo actuar en nombre del pueblo mientras viven de él.
Los “No Kings” cantan al espacio para que la cuna acoja a un nuevo ser humano, siempre que sea posible. Cantan para que amanezca un mañana donde nadie sea más que nadie.
Cantan fuerte porque amar sin control al otro debería ser la réplica diaria más abundante entre los seres humanos, en un mundo donde no existan diferencias.
Dar sin esperar nada a cambio es la mejor de las recompensas, y no está en Wall Street.
Yo le canto de frente al nuevo ser humano, para que aprenda por fin la lección. Así se canta, sin rodeos.
Todos los días las noticias están llenas de bombas y violencia. Cuando la gente se une y hace algo bueno en conjunto, eso apenas aparece un momento, casi como si fuera sospechoso.
El tiempo es ahora. Porque cuando hay intención, incluso quien antes se molestaba ya te mira sonriente mientras tú trabajas.
Aspirar a eso es mejor que aspirar a llegar a la Luna, a Marte o a conquistas de no se sabe qué.
Gritar el sonido y la sintonía de crear un hombre y una mujer nuevos: ese es el verdadero objetivo del género humano.





