Por: José Manuel Antigua Cabrera
SANTO DOMINGO.– Caminando por las páginas de los libros de nuestra historia y revisando datos disponibles en fuentes como Wikipedia, resulta evidente identificar los acontecimientos cargados de espíritu patriótico que marcaron la naciente República Dominicana desde 1844 en adelante.
Es notorio comprender ese sentimiento nacionalista para el año 1882, durante el primer período de gobierno de Ulises Heureaux (Lilí). En ese contexto histórico aparece José Reyes, fundador de la melodía que con el tiempo se convertiría en el Himno Nacional Dominicano. Con su instrumento, el violonchelo, y las letras de Emilio Prud’Homme, realizaron un aporte significativo al ambiente patriótico de la época.
Lilí asumió ese espíritu desde el primer momento, permitiendo que el himno fuera interpretado durante la inauguración del primer sistema energético del país. Posteriormente, en la inauguración del ferrocarril, el himno estaba incluido en el protocolo oficial, pero fue retirado por decisión de Lilí para evitar conflictos, ya que aún no había sido declarado oficial y existían sectores que se oponían.
Durante el gobierno de Ulises Heureaux coexistieron importantes intelectuales como César Nicolás Penson, Federico Henríquez y Carvajal, José Joaquín Pérez y José Dubeau, entre otros. En medio de esa efervescencia patriótica y con un himno en gestación, se consolidó la exaltación de los tres Padres de la Patria. Lilí conocía bien el aporte de Juan Pablo Duarte en la creación de la bandera nacional.
Son evidentes los aportes patrióticos y el nivel de organización alcanzado durante los gobiernos de Ulises Heureaux para consolidar tanto las figuras históricas como la melodía del himno nacional que hoy identifica al país. Sin embargo, ese proceso no se completó de inmediato, sino que alcanzó su solemnización durante el gobierno de Rafael Leónidas Trujillo.
Nadie puede negar el patriotismo de Trujillo. Antes de asumir la Presidencia, mientras ocupaba cargos durante el gobierno de Horacio Vásquez, delimitó la frontera con Haití junto a Antonio Peña Batlle. Ya en su mandato, mantuvo control sobre la migración haitiana ilegal, aunque sostuvo vínculos de cooperación laboral con ciudadanos haitianos.
Trujillo poseía un fuerte espíritu vinculado a la patria dominicana y no toleraba faltas de respeto a los símbolos nacionales. Impulsó el turismo y las industrias, posicionando a la República Dominicana como un país atractivo para extranjeros, muchos de los cuales deseaban residir en el territorio al considerarlo un paraíso.
Desde los primeros años de su gobierno, Trujillo apoyó todo lo que consideraba beneficioso para la patria. En 1934, apenas cuatro años después de asumir el poder, decretó oficialmente el himno nacional de José Reyes y Emilio Prud’Homme como solemne, estableciendo su interpretación obligatoria en todas las instituciones públicas y privadas, poniendo fin al prolongado debate existente.
De ahí que, si desapareciera el síndrome de mezquindad en algunos historiadores, prevalecería la razón y se lograría una coherencia más justa con los propios escritos históricos.





