Cuba: de Isla Prisión a Cementerio por Inanición

Por Milton Olivo

Es deber divino de todo humano sensible poner su grano de arena para evitar tan trágico destino, a un pueblo digno y valiente.

“Nada humano me es ajeno”; sentenció Terencio. Pero da la impresión que el mundo ha aceptado con olímpica indiferencia que Cuba es una sociedad secuestrada y condenada a transcurrir su vida entre el hambre, la basura y la represión.

Cuba es hoy una sociedad víctima de víctimas. Un pueblo secuestrado por un régimen que, a su vez, es víctima de su propia miopía ideológica.

Un sistema cuyo dogma lo ha vuelto incapaz de hacer autocrítica, víctima del autoengaño, del miedo a su propio pueblo, del resentimiento revolucionario, y también —sí, sin duda— del embargo estadounidense que a quien castiga es al pueblo, no a los responsables del mal, por lo que debe ser levantado.

La miseria que vive el pueblo cubano no es accidental, ni producto natural de su geografía: es el resultado de decisiones políticas erradas, sostenidas con violencia por un régimen que ha sacrificado generaciones enteras en nombre de una utopía.

Mientras los niños padecen desnutrición, las familias sobreviven en condiciones de pobreza extrema, y los ancianos mueren sin asistencia, las élites del Partido Comunista siguen defendiendo un modelo económico estéril, que ni produce, ni permite producir.

Se aferran a un sistema centralizado que ahoga la iniciativa privada, obstaculiza la inversión extranjera y criminaliza el trabajo. La represión es su último recurso, y la pobreza, su único y constante resultado.

Incluso las Fuerzas Armadas Revolucionarias —creadas originalmente para defender la sociedad y la soberanía nacional— han sido degradadas moralmente hasta convertirse en una estructura paralítica, en herramienta feroz cuya misión es esclavizar y asfixiar a su propio pueblo.

«La práctica es el criterio de la verdad», dijo Mao Tse-Tung. Apliquemos esa máxima al caso cubano: si después de más de seis décadas el país se hunde en la pobreza estructural, la emigración masiva y el estancamiento político, ¿Qué más evidencia se necesita para aceptar que el modelo ha fracasado?

No se trata aquí de ideologías, sino de resultados. Y los resultados en Cuba son catastróficos. Ante Dios, ante la historia y ante la conciencia del mundo, el deber moral de su dirigencia es reformar, rectificar, liberar las fuerzas productivas del pueblo y reconectar con la dignidad nacional.

¿Dónde está la voluntad de transformación? ¿Dónde está el espíritu de Martí, que soñaba con una Cuba «con todos y para el bien de todos»? ¿Dónde está el coraje de reconocer que el camino tomado no conduce al bienestar, sino a un abismo?

Convertir a Cuba en un cementerio por inanición, ante la mirada cómplice e indiferente del mundo, sería un crimen histórico. Es hora de alzar la voz, no para intervenir, sino para denunciar.

No para invadir, sino para iluminar. No para imponer, sino para solidarizar. Porque Cuba no necesita caridad: necesita libertad. Y libertad sin pan es utopía, pero pan sin libertad es esclavitud.

El pueblo cubano merece vivir. Y vivir con dignidad. Volver a ser la «Perla de las Antillas», no una prisión sin barrotes ni esperanza.
El autor es escritor de la Republica Dominicana.

spot_img
ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_img
- Advertisment -spot_img
- Advertisment -spot_img
0SeguidoresSeguir
54SeguidoresSeguir
0SeguidoresSeguir
2,120SuscriptoresSuscribirte
- Advertisment -spot_img

Más popular

Comentarios Recientes

Gregorio Cisneros peralta en Asesinan a la influencer Chantal Jiménez
Chemo Jimenez en El pique del presidente