Por: Jhonny González
No he de negar mi asombro ante la negativa de cuatro países miembros del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) puesta de manifiesto a través de un documento en el que expresan su rechazo a la candidatura presentada por Nicaragua, a quien corresponde, por mandato expreso del Protocolo de Tegucigalpa y, en base a la alternabilidad entre los países miembros, asumir la Secretaría General de dicho organismo. Para ello, Nicaragua había presentado una terna encabezada por el ex Canciller Dennis Moncada Colindres, junto a otras destacadas figuras de la vida nacional del hermano país. 
Desconozco las razones de Guatemala, Costa Rica, Panamá y República Dominicana para rechazar, de plano, la candidatura de quien, a mi juicio, sería, sin dudas, un Secretario General de lujo para el esquema de integración, por excelencia, de Centroamérica.
Conocí de cerca su labor al frente de la Cancillería de su país durante mis funciones diplomáticas como Consejero de la embajada de la República Dominicana en Nicaragua y quedé admirado del nivel profesional de Moncada Colindres, su ecuanimidad y naturalidad al abordar los temas, por complejos que fuesen, y su habilidad, en el buen sentido de la palabra, para lograr el consenso en medio de la turbulencia que pudiera provocar el debate.
Fui testigo de escenarios caldeados, precisamente en el marco de las reuniones del SICA cuando correspondía la Presidencia Pro Tempore a Nicaragua, y era sencillamente magistral la forma en que Dennis Moncada Colindres dirigía las reuniones del pleno del organismo.
Recuerdo una vez me tocó, por instrucciones del jefe de misión, solicitar a la Cancillería de Nicaragua información sobre la agenda y programa relativos a una de las reuniones del organismo de integración ya referido. Fui invitado a la sede de la Casa Amarilla para obtener dicha información de primera mano. Me impactó ser recibido por el propio Canciller Dennis Moncada, con la humildad que le caracteriza, pese a mi condición de funcionario de rango inferior.
Atiné a hacerle entrega de dos presentes: la película «El Teniente Amado» y un libro sobre nuestra historia política contemporánea. Desde ahí, lo tuve siempre como un referente del buen diplomático, de tacto fino, combinado con sapiencia, trato afable y humilde y la profundidad del juicio conclusivo.
Estas dotes adornan la personalidad de Moncada Colindres, miembro de esa escuela clásica de diplomacia que no caduca, que sigue vigente para bien de la paz de la humanidad. Es una pena que el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) prescinda de la experiencia y profesionalismo del ex Canciller de Nicaragua, Dennis Moncada Colindres.
En lo que a mi país respecta, estoy convencido de que ese rechazo no emana del pueblo dominicano, el indómito pueblo de la gesta de abril de 1965. Este rechazo sale de las entrañas de una neo oligarquía empresarial, encabezada por Luis Abinader, que responde a intereses foráneos, muchas veces contrarios al interés nacional.
Abinader y su flamante Canciller, Roberto Álvarez, pretenden dar lecciones de democracia al mundo, olvidando que ambos pertenecen a una clase política que ha hecho de la política un negocio y del voto una mercancía, convirtiendo la democracia dominicana en una fachada, con su secuela de desigualdad y pobreza.
¿Acaso es democracia el desacato a más de 100 sentencias del Tribunal Constitucional? ¿Acaso es democracia el monopolio electoral que ejerce el Estado por medio de la Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos?
¿Acaso es democracia ganar unas elecciones a través de la compra de conciencias y votos e implementar un gasto oficial en publicidad de más de 8 mil millones de dólares dirigida a convencer a los electores a favor del Gobierno?
¿Acaso es democrático conculcarles el derecho a la Carrera Diplomática a cientos de exfuncionarios del Servicio Exterior amparados en la Ley 314, por el capricho del Canciller Roberto Álvarez, que llega a negar un principio jurídico tan elemental como el de la no retroactividad de la ley?
En fin, en lugar de estar buscando la espiga en el ojo ajeno, el Gobierno de Abinader debe enfocarse en los grandes problemas internos que pesan sobre la República y aprender de los mexicanos, que aplican sabiamente la Doctrina Estrada para el diseño de su política exterior.
El autor es licenciado en Estudios Internacionales, periodista y ex diplomático.





