PERÚ: Rechazo a la violencia tras la muerte de Abimael Guzmán

PERÚ: Rechazo a la violencia tras la muerte de Abimael Guzmán

LIMA.- Alivio y ganas de pasar definitivamente esta durísima página de la historia de Perú.

La muerte este sábado de Abimael Guzmán, fundador y líder del grupo terrorista Sendero Luminoso, ha generado manifestaciones espontáneas de rechazo a la despiadada violencia que ejerció su banda entre 1980 y 2000.

Como esta ante la sede de la división antiterrorista de la policía en Lima.

«Dinamita, sangre y destrucción»

«Abimael Guzmán y Sendero Luminoso lo único que me traen es el olor a ANFO y dinamita, sangre, muerte y destrucción. Y nada más. Ese señor quiso destruir nuestro país», asegura una manifestante.

«Falleció el cabecilla terrorista Guzmán, responsable de la pérdida de incontables vidas de nuestros compatriotas», decía en un tuit el presidente Pedro Castillo, en el que destacaba su posición firme de condena al terrorismo.

El analista político Iván Gracias resume su legado.

«Su muerte abre para la historia del Perú lo que yo llamo una condena perpetua para quien fue un ideólogo de la muerte, un asesino serial que sembró desolación, dolor, horror y espanto en Perú».

Qué hacer con sus restos

Su abogado ha anunciado que su viuda, la también terrorista condenada Elena Iparraguirre, ha solicitado que le entreguen los restos.

«La ley dice que los restos se entregan a su esposa. Quien decide si se exhuma, si se entierra, si se le da cristiana sepultura o no es su esposa», puntualizaba Sebastián Chávez.

Detenido en 1992

Abimael Guzmán murió a los 86 años en el hospital de la cárcel de máxima seguridad de una base naval donde cumplía cadena perpetua por terrorismo.

Exprofesor de Filosofía capturado en 1992, se atribuyen a su grupo de ideología marxista leninista la mayor parte de los 69.000 muertos de la espiral de violencia que provocó, a la que respondieron paramilitares y fuerzas de seguridad, además de millonarios daños a infraestructuras.

Desde distintos sectores políticos se propone su cremación para que su tumba no atraiga la peregrinación de sus seguidores.

El Gobierno peruano ha advertido que toda manifestación pública que le rinda homenaje será considerada apología del terrorismo, penada con hasta quince años de cárcel.