viernes, julio 19, 2024
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La biblia como libro de estudio

Por FAUSTO PIÑA

La biblia es llamada de esa manera, por razones como la ciudad de Biblos, o por el prefijos biblios, que significa libros y por ser un conjunto de escritos de autores diferentes, convirtiéndose en una pequeña biblioteca, hoy una enciclopedia religiosa. Una situación entendible, es que ella es un libro de la religión cristiana, la cual acepta como buena y válida el Antiguo Testamento, el cual es la base literaria del judaísmo. En cambio, éste no acepta el Nuevo Testamento como palabra de Dios, a nivel del Antiguo Testamento.

La biblia fue el primer libro llevado a la imprenta, en el siglo XV, un poco antes del descubrimiento de América en 1492. El fervor religiosos de esa época fue muy valioso, pues, había una revolución dentro de la religión cristiana, que había pasado por la división en el siglo XI, con el surgimiento de dos corrientes antagónicas: el catolicismo romano y la ortodoxia griega. Estas, se reconocen como dos iglesias separadas, cuya razón del conflicto, lo fue la biblia.

La impresión de la biblia, hizo que fuera más fácil su obtención, y eso facilitó el estudio de ella. Sin duda, que unos años más tarde, para el 1517, el estudio de la palabra de Dios, engendraría nuevos comportamientos religiosos, que superarían el pensamiento esclavista que durante siglos había mantenido el oscurantismo sobre la religión cristiana. La luz de la palabra de Dios, produce un pensamiento más apegado a ella, y da al traste con la reforma del cristianismo.

En el siglo XVI, se confrontan por lo menos tres corrientes teológicas, las dos anteriores, y ahora el reformismo encabezado por Lutero. Hay una nueva apertura, donde la interpretación de la biblia, ya no está controlada por dos corrientes, sino que nace la libertad interpretativa de ella, de ahí que, Juan Calvino hizo un aporte con su interpretación de la palabra de Dios, siendo a la vez, una cuarta corriente del pensamiento cristiano.

El estudio de la biblia hace que se revolucione el pensamiento de los creyentes, pues es una palabra viva, que penetra hasta lo más profundo del ser, y a la vez, es capaz de traer nuevas esperanzas y cosmovisiones para la humanidad. La palabra de Dios, no es estática, sino que es como si Dios estuviera dando nuevas revelaciones, sin embargo, éstas estaban incluidas desde el principio, pero encontradas según el nivel espiritual del estudioso.

En tal sentido, el pensamiento teológico es reformador y restaurador de lo anterior, pero también ortodoxo. El estudiante de la biblia, no debe ser conformista, sino transformador conforme al mensaje que encuentra en ella; no es un mensaje humano, sino que procede de Dios. Es responsabilidad del sujeto estudio, convertir al receptor del mismo, en un fiel discípulo de Jesucristo, y nunca de él. El hombre es pasajero, Dios es eterno y su palabra permanece para siempre.

El estudio de la biblia ha parido muchos grupos religiosos (iglesias), que no han sabido ubicarse en la esfera espiritual, debido a la vanidad, o envanecimiento de los humanos. El hombre busca diferenciarse como forma de él perpetuarse en el tiempo. Un grave error, pues, como pasajeros debemos contribuir a que sea Dios el exaltado. De ahí que, las luchas intestinas del cristianismo, son un absurdas e infértiles. Debemos reproducir, establecer sólo lo que proviene de Dios, su Iglesia.

El estudioso y practicante de la Biblia debe ocuparse en buscar la comunión cristiana, antes que esas infames divisiones. El legado no debe ser el surgimiento de otro grupo religioso, sino el fortalecimiento de la verdad de Dios entre las iglesias. Los esfuerzos humanos, con objetivos separados de los de Dios, trajeron las asociaciones, confederaciones regionales y nacionales y por ende los emporios religiosos. El esclavismo y el oportunismo religioso son muy visibles, entre las iglesias.

La biblia como libro de estudio, requiere que le devolvamos su autoridad, a través de aprender de ella, pero así mismo, sujetarnos a ella; es decir, sujetarnos al dador del mensaje: Dios. El es quien debe ser glorificado, siendo el Creador y Sustentador del ser humano, y quien a la vez, por medio de su Hijo, Jesucristo, es Salvador del creyente, mientras que, el Cristo es edificador de su iglesia. Volvamos a Dios, regresando a la biblia. Estudiemos este libro, para entrar en comunión y unidad cristiana.

La biblia es un bien común, como lo son las iglesias, pero en realidad, ambas tienen su dueño: Dios. Es ahí, donde radica la sabiduría de ella y en aquellos que la estudian. Ella produce el respeto, reverencia y sujeción a Dios. El mensaje bíblico es la revelación de la voluntad de Dios para el hombre, como también, es la entrega del camino, la verdad y la vida que nos conduce al Padre de Jesucristo. Todo ser humano debe estudiar la biblia. La palabra de Dios es luz, para el mundo en tinieblas.

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