Día Internacional contra la Esclavitud Infantil

Día Internacional contra la Esclavitud Infantil

Por Dr. Amín Cruz

 

“No hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana.” Plan de Acción de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia, 30 de septiembre de 1990.

Tres son los convenios que rigen el tema del trabajo infantil: el Convenio nº 138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la edad mínima de admisión al empleo y la Recomendación nº 146 (1973), el Convenio nº 182 de la OIT sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación y la Recomendación nº 190 (1999), y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

Según la OIT, se entiende por trabajo infantil aquel que priva a los niños (cualquier persona menor de 18 años) de su infancia, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y/o mental.

Ese trabajo, además de ser en ocasiones peligroso e inadecuado, interfiere con su escolarización privándoles de la oportunidad de asistir a la escuela, obligándoles a abandonarla antes de tiempo o a intentar combinar la asistencia a la escuela con un trabajo excesivamente largo y pesado.

Este año 2021 ha sido declarado por la Asamblea de las Naciones Unidas como el Año Internacional para la erradicación del Trabajo Infantil. Para ello, se invita a los Estados Miembros a “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

Los niños que viven en zonas más rurales pueden empezar a trabajar desde los cinco años, calculándose que dos tercios de todo el trabajo infantil se realiza en el sector agrícola.

Solo uno de cada cinco niños trabajadores recibe una remuneración por su trabajo, ya que la mayoría de los niños trabajadores son trabajadores familiares no remunerados.

En todas las regiones, los niños y las niñas tienen la misma probabilidad de participar en el trabajo infantil. Sin embargo, a menudo se observan disparidades de género en los tipos de actividades realizadas, siendo las niñas mucho más propensas a participar en servicios domésticos no remunerados.

Afortunadamente, en los últimos años se ha logrado una evolución sustancial, en buena parte debida a la intensidad de las campañas de promoción y a la movilización nacional respaldada por medidas legislativas y prácticas, lográndose entre 2000 y 2016, una reducción mundial del trabajo infantil en el mundo del 38%.

Mientras tanto, el cierre de escuelas y el empobrecimiento debidos al COVID-19 obligan a más niños a emplearse para ayudar a la subsistencia de sus familias.

Aunque se han hecho grandes avances en la lucha contra el trabajo infantil, en los últimos años los progresos se han ralentizado y han sido desiguales entre regiones, grupos de edad y sectores.

Además, la pandemia del coronavirus amenaza con empujar a más niños al trabajo infantil, ya que es probable que se agraven sus causas profundas como la pobreza, el acceso limitado a oportunidades de trabajo decente para las personas en edad legal de trabajar, la marginación social, la discriminación, la falta de educación universal de calidad, la prevalencia de la economía informal y la debilidad del diálogo social.

En esta complicada situación, Unicef ha instado a la comunidad mundial a coordinarse con el objetivo de impedir que la crisis sanitaria se convierta en una crisis de los derechos del niño, actuando concretamente en ámbitos como el mantenimiento de la alimentación y la salud de los niños, el aseguramiento de los servicios de agua, saneamiento e higiene a los niños vulnerables, la continuación en el aprendizaje de los niños, la ayuda a sus familias para que cubran sus necesidades básicas, o la protección de los niños frente a la violencia, la explotación y el abuso.

Los derechos de los niños y su protección frente a la explotación están íntimamente relacionados con otros principios y derechos laborales fundamentales que deben ser asegurados también en tiempos como el que estamos viviendo.

Entre esos derechos se encuentran la libertad de asociación y de negociación colectiva, la no discriminación en el empleo y la ocupación, y la ausencia de trabajo forzoso. Los esfuerzos para eliminar todas las formas de trabajo infantil y alcanzar otros derechos laborales fundamentales deben ir de la mano.

El 16 de abril se celebra el Día Mundial contra la Esclavitud infantil, el origen de esta fecha proviene del asesinato de Iqbal Masih de 12 años, ocurrido en el año 1995, quien con tan solo 4 años de edad fue vendido por su padre a una fábrica de alfombras de Punjab pues a su familia le faltaba dinero para la boda del hijo mayor.

Iqbal fue esclavizado y obligado a trabajar más de doce horas diarias. El pequeño recibió un constante maltrato y fue rebelde y castigado reiteradamente por ello, hasta que, con la edad de 10 años, Iqbal logró escapar, convirtiéndose a su corta edad en un activista que luchó por los derechos de la infancia víctima de la esclavitud.

Consiguió la libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado y se convirtió en un activo luchador contra la esclavitud infantil, y consiguió cerrar empresas en la que se explotaban a menores. Su ejemplo trascendió y recibió premios internacionales en Estocolmo y en Boston, con los que decidió abrir una escuela. Su activismo mejoró las condiciones de vida de muchos niños como él, sin embargo, fue Una lucha que le costaría la vida, pues a la edad de 12 años, mientras manejaba su bicicleta de vuelta a casa, fue asesinado.

En 1993, Iqbal conoció a Ehsan Khan, un luchador contra el trabajo esclavo, creador del Frente de los Trabajadores de Ladrillos. Gracias a su influencia, Iqbal se convirtió en un líder infantil que visibilizaba las condiciones laborales, los horarios y el régimen de esclavitud en el que viven aún los niños trabajadores en algunos telares de alfombras. Iqbal se hizo mundialmente popular y numerosas asociaciones humanitarias comenzaron a prestar oídos a una situación que contravenía los derechos infantiles y que el gobierno de Pakistán había preferido ignorar, a pesar de los acuerdos internacionales suscritos.

En 1994 Iqbal ganó el «Premio Reebok a la juventud en acción», instituido para reconocer las actividades en pro de la infancia.

Un premio otorgado por Reebok, una multinacional que paradójicamente empleaba mano de obra infantil en sus fábricas de Pakistán. Iqbal en alguna ocasión había dicho que quería llegar a ser abogado, para poder defender con más eficacia su causa. Pero un año más tarde, en 1995, fue asesinado a balazos mientras iba en bicicleta.

En el año 2000 se otorgó el «Premio de los Niños del Mundo» por primera vez. A título póstumo se concedió a Iqbal Masih, cuya historia de lucha es sin duda excepcional, pero desafortunadamente no lo es su historia de esclavitud, ya que en Pakistán y en muchos otros países del mundo México incluido la esclavitud infantil para la trata sexual, para las labores domésticas o para el trabajo en fábricas, es una devastadora realidad a la que los dueños del dinero están muy lejos de querer renunciar.

Con este Día Internacional se coloca el tema en agendas de gobierno y ciudadanía. Pero el verdadero combate a la esclavización de niñas y niños está en la decisión de compra de las y los consumidores respecto de productos basados en la esclavitud infantil.

Se calcula que, en el mundo, aproximadamente 400 millones de niños y niñas como Iqbal están sometidos a las peores formas de explotación laboral infantil, siendo esclavizados en trabajos denigrantes y peligrosos para su salud y desarrollo.

Estos niños y niñas se encuentran en todas partes, pero son invisibles; trabajan como sirvientes domésticos en casas, están ocultos tras las paredes de talleres o se encuentran fuera de la vista del público en plantaciones. La gran mayoría de los niños y niñas que trabajan lo hacen en el sector agrícola.

De acuerdo a estadísticas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), se calcula que:

La región de Asia y el Pacífico alberga el mayor número de niños y niñas trabajadores en el grupo de edad de 5 a 14 años, 127,3 millones en total (19% de los niños y niñas que trabajan en la región);
en África subsahariana hay alrededor de 48 millones de niños que trabajan. Casi uno de cada tres menores de 15 años (29%) es activo económicamente;
en América Latina y el Caribe hay aproximadamente 17,4 niños y niñas trabajadores (un 16% de los niños y niñas de la región trabajan);
un 15% de los niños y niñas de Oriente Medio y África del Norte trabajan;
aproximadamente entre 2,5 millones y 2,4 millones de niños y niñas trabajan en las economías desarrolladas y en transición respectivamente
Todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y la trata de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados.

La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o las actuaciones pornográficas.

La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes.

El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños. Este tipo de trabajo debe ser determinado por las autoridades nacionales.

Entonces nos preguntamos, ¿por qué no reaccionamos ante la injusticia de la esclavitud de los niños? y ¿Por qué no se erradica de una vez este grave problema que padecen millones de niños? La respuesta no es fácil de entender, ya que en ocasiones no existe voluntad política, pero podemos hacer que la haya, si queremos.

De esta manera consideramos oportuno mencionar que es necesario otorgar a todas las niñas, niños y adolescentes las mismas oportunidades para que tengan un desarrollo adecuado, que las políticas públicas enfocadas a la niñez y la adolescencia tomen en cuenta las realidades heterogéneas que enfrentan estos grupos poblacionales y observar la equidad para eliminar las barreras que privan a los más pequeños de un futuro mejor.

Por consiguiente, debemos hacer verdadera conciencia del camino tan largo que aún queda por recorrer para lograr terminar con este lastre de la sociedad infantil y asumir que la infancia de cualquier país es, sin duda, su futuro.

Aún con todo lo comentado con anterioridad, parte de la reducción paulatina del trabajo infantil en los últimos años es atribuible al trabajo realizado en pos de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El ODS con metas más vinculadas con el trabajo infantil es el nº 8 sobre trabajo decente y crecimiento económico. Concretamente, la meta 8.7 persigue adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas.

En el último informe de progreso de los ODS referente a 2020, se hacía hincapié, de nuevo, en que la actual crisis plantea una grave amenaza para la seguridad y la salud ocupacional de los trabajadores, y puede aumentar el riesgo al trabajo infantil. Mientras, se subrayaba la necesidad de normativas urgentes para apoyar a las empresas, impulsar la demanda de mano de obra y preservar los puestos de trabajo existentes, especialmente para los más vulnerables, para así lograr el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos.

De manera menos directa, el trabajo infantil también se relaciona con la meta 16.2 de los ODS que persigue poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños.

En este último ámbito, el informe de evolución de los ODS señala que los conflictos, la inseguridad, las instituciones débiles y el acceso limitado a la justicia continúan siendo amenazas lograr esas metas.

Es de resaltar que uno de cada cuatro niños sigue privado de identidad legal por la falta de registros de nacimiento, lo que muchas veces limita su capacidad de ejercer sus derechos en otras áreas, y que todavía se desconocen en gran medida las repercusiones de la covid-19 en el riesgo de exposición de los niños a la violencia y
la explotación debido al confinamiento y las clausuras de escuelas vinculadas, que han afectado a la mayoría de los niños en todo el mundo.

Por tanto, queda claro que todavía queda mucho trabajo por hacer para erradicar la esclavitud y el abuso infantil en nuestro planeta.

No podemos ni debemos mirar para otro lado cuando es la seguridad y el bienestar de las nuevas generaciones lo que está en juego, sino que debemos trabajar para que el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil deje de ser una fecha en el calendario que nos recuerde cada año que todavía ese problema está por solucionar que la esclavitud infantil es un flagelo.

“Todos necesitamos renovar nuestro compromiso, especialmente las familias, para proteger la dignidad de todos los niños y niñas y ofrecerles la oportunidad de crecer en un ambiente sano.
Una infancia con esperanza permite a los niños mirar la vida y el futuro con confianza.” Jorge Mario Bergoglio

Dr. Amín Cruz, PhD, diplomático, historiador, educador, periodista, escritor, presidente del Congreso Mundial de Prensa y presidente del Congreso Mundial de Universidades, residente en New York.